Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

sábado, 10 de septiembre de 2016

Curso de Biblia 2016. 92- El sábado y las tres grandes fiestas de peregrinación


Curso de introducción a la lectura de la Biblia 2016
P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d.
92. La religión de Israel
11) El sábado y las tres grandes fiestas de peregrinación

La fiesta principal de Israel, que lo distinguía de los otros pueblos vecinos y llegó a ser el signo externo de su identidad, es el «Sabbat», el «día de reposo y de santidad» semanal.

En la Biblia, el sábado tiene una importancia fundamental, ya que permite al hombre recordar que Dios es el único creador y salvador. 

Dios ha dado al hombre la tierra y él la transforma con su trabajo. Pero tiene que dejar de trabajar un día a la semana para reconocer el don, para no creerse el origen de las cosas. El hombre solo puede trabajar la tierra porque Dios se la ha dado. 

Además, Dios liberó al hombre de la esclavitud de Egipto. El descanso sabático le recuerda que es un ser libre, que no debe caer en nuevas esclavitudes; que el trabajo es para conseguir los medios necesarios para vivir, pero no es un fin en sí mismo. 

Cada sábado, el hombre confiesa que Dios es el único creador y salvador; cada sábado anticipa el descanso definitivo, cuando vivirá en compañía de Dios para siempre. 

Por eso, para conservar su sacralidad, los judíos rodearon el sábado de muchos preceptos sobre lo que se podía hacer y lo que no, estableciendo una lista de treinta y nueve tipos de actividades prohibidas en Sabbat: plantar, arar, cosechar, tejer, coser, hacer la colada, escribir dos o más letras, borrar dos o más letras, encender o apagar fuego, cocinar, tocar un instrumento musical, transportar un objeto de áreas públicas a áreas privadas y viceversa, etc. 

En muchas ocasiones, la fidelidad al descanso sabático costó a los hebreos desprecios e incluso la muerte: 

«Nicanor supo que los hombres de Judas se hallaban en la región de Samaría y resolvió atacarlos sin riesgo en el día de descanso. Los judíos que contra su voluntad lo acompañaban le decían: “No los mates así de modo tan salvaje y bárbaro; respeta y honra más bien el día que con preferencia ha sido santificado por aquel que todo lo ve”. Aquel hombre tres veces criminal preguntó si en el cielo había un soberano que hubiera prescrito celebrar el día del sábado. Ellos le replicaron: “Es el mismo Señor que vive como soberano en el cielo el que mandó observar el día séptimo”» (2Mac 15,1-4).

Las demás fiestas, originariamente eran agrícolas (al inicio y al final de la siembra y de la cosecha) y ganaderas (ligadas a los desplazamientos en busca de pastos), pero con el tiempo fueron «historizadas»: es decir, se usaron para recordar acontecimientos de la historia de la salvación. Las principales son:

- «Pesaj» (la ‘Pascua’), que en su origen era la fiesta que celebraba la llegada de la primavera y suponía el momento de la trashumancia de los pastores seminómadas para pasar con sus ganados desde los pastos de invierno a los de verano, sirvió para recordar la salida de Egipto, el «paso» de la esclavitud a la libertad. Lo mismo podemos decir de la fiesta de «los ázimos», que era la celebración de la llegada de la primavera entre los agricultores sedentarios y se terminó fusionando con la Pascua. Celebrando anualmente la liberación de la esclavitud, se renueva la esperanza de que Dios seguirá librando a su pueblo de los enemigos y guiándolo hacia la victoria final y definitiva.

- «Shavuot» (‘Pentecostés’ en griego) suponía el final de la siega de cereales al llegar el verano. Con el tiempo se convirtió en un recuerdo de la alianza del Sinaí y del don de la Torá. Por eso también es llamada «Zman Matán Torateinu» (‘el tiempo en que se nos otorgó la Torá’). Es decir, cuando Dios entregó a Moisés los diez mandamientos y el pueblo, al recibirlos, respondió: «Naasé Venishmá» (‘así lo haremos y obedeceremos’). Israel recuerda que la fidelidad de Dios es eterna y el pueblo siempre puede arrepentirse de sus infidelidades a la alianza del Sinaí y renovarla.

- «Sucot» (‘las tiendas’, ‘las cabañas’ o ‘los tabernáculos’) era la fiesta de otoño, que servía para dar gracias a Dios por las cosechas al final del año agrícola (especialmente la vendimia), y se transformó en el recuerdo de los cuarenta años que los israelitas anduvieron por el desierto morando en tiendas de campaña en su camino hacia la Tierra prometida. Los israelitas siguen construyendo cabañas en sus calles y plazas, así como en las terrazas y azoteas de los edificios y reuniéndose en ellas para recordar que no tenemos morada permanente en la tierra y que siempre estamos en camino.

«Pesaj», «Shavuot» y «Sucot» se convirtieron en las tres fiestas de peregrinación a Jerusalén, en las que los israelitas se reunían en el templo, recordaban los acontecimientos del éxodo, reafirmaban su identidad y renovaban la alianza. Las tres forman los llamados «Shalosh Regalim» (que literalmente significa ‘las tres peregrinaciones’).

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