Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

lunes, 5 de septiembre de 2016

Curso de Biblia 2016. 89- Ángeles y demonios



Curso de introducción a la lectura de la Biblia 2016
P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d.
89. La religión de Israel
8) Ángeles y demonios

Como en todos los campos del pensamiento, en la historia de Israel hubo una evolución en la comprensión de estos argumentos, por lo que encontramos grandes diferencias de unos textos a otros. Intentaré presentar una síntesis.

Israel imaginaba a Dios como un gran rey rodeado de una corte de nobles que lo ayudaban en el gobierno del universo (los ángeles): «He visto al Señor sentado en su trono, con todo el ejército de los cielos en pie junto a él, a derecha e izquierda» (1Re 22,19). En esto no se distinguía de los otros pueblos de su entorno.

Estos seres son llamados «hijos de Dios» y «mensajeros» (que en hebreo se dice «malak» y en griego «angelos»). 


Para representarlos, los israelitas se sirven de las imágenes que usaban sus contemporáneos. Así, unas veces hablan de «serafines» (que eran serpientes aladas) y otras de «querubines» (que eran toros alados). 

Estos seres sostienen el trono de Dios (Sal 80 [79],2; 99 [98],1), le sirven de montura (Sal 18 [17],11) y tiran de su carro cuando debe desplazarse (Ez 10,1s). Son un «ejército» (1Re 22,19; Sal 148,2) siempre dispuesto a cumplir las órdenes de Dios (Sal 103 [102],20).

Cuando se aparecen a los hombres para transmitirles mensajes de Dios, toman forma humana y, de hecho, a veces no son reconocidos como mensajeros de Dios, sino que son confundidos con extranjeros que van de viaje (como cuando se aparecen a Abrahán, Lot, Tobías, etc.).

En los textos antiguos, hay ángeles encargados de misiones buenas (Éx 23,20) o malas (Sal 78 [77],49) para los hombres. Todos ellos son igualmente «miembros de la corte» de Dios (Job 1,6s). 

Con el pasar del tiempo se clarificará la doctrina y se distinguirán claramente los ángeles de los demonios. Los primeros son «espíritus servidores, enviados en ayuda de los que han de heredar la salvación» (Heb 1,14), mientras que el príncipe de los demonios es «el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche» (Ap 12,10).

Sobre los demonios se recogen muchas ideas mitológicas, presentes en la mentalidad popular de la época. Algunos son animales nocturnos que habitan en los desiertos y monstruos terribles que pueblan los mares: Lilit (Is 34,14), Azazel (Lev 16,10s), Behemot (Job 40,15), Leviatán (Sal 104 [103],26), Rahab y el dragón (Is 51,9), etc.

En principio, un «satán» en hebreo era un ‘adversario’ o un ‘acusador’ ante el tribunal, sea humano o divino (1Sam 29,4; Sal 109 [108],6.20). 

Con el tiempo, ese nombre común se convirtió en nombre propio para identificar a un ángel orgulloso que se rebeló contra su creador y arrastró en su caída a otros ángeles (los demonios).

Mientras que en los textos más antiguos se presentaba a Dios como origen de todo (lo bueno y lo malo, la prosperidad y la desgracia), la teología judía evolucionó en ese punto. Veamos dos ejemplos: 

En un texto del siglo VI a. C. se dice que Dios movió a David a hacer algo malo con la intención de castigarle después: «Se encendió, una vez más, la cólera del Señor contra Israel e indujo a David contra ellos: “Anda, haz el censo de Israel y Judá”» (2Sam 24,1). 

En un libro escrito doscientos años después, se dice que no fue Dios quien le sugirió esa idea, sino Satán: «Satán se alzó contra Israel e instigó a David a hacer un censo» (1Cró 21,1). 

En el libro de Tobías se afirma claramente que los demonios atormentan al hombre (Tob 6,8) y los ángeles tienen la misión de combatirlos (Tob 8,3).

El misterio del mal se fue clarificando progresivamente, especialmente a la luz de dos relatos: la tentación de los primeros padres (Gén 3) y cuando se afirma que la muerte entró en el mundo por la envidia del diablo (Sab 2,23-24). 

Su identidad y la seducción que ejerce sobre los hombres fue objeto de especial reflexión en los libros sapienciales, escritos en los últimos siglos anteriores al cristianismo. 

En el Nuevo Testamento se presenta a Jesús como vencedor sobre el demonio y el mal. Desde entonces, Satán ya está vencido y solo tiene un poder limitado.

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