Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

viernes, 26 de agosto de 2016

Curso de Biblia 2016. 85- La justicia de Dios


Curso de introducción a la lectura de la Biblia 2016
P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d.
85. La religión de Israel
4) Características (o «atributos») de Dios: su justicia

Hemos hablado ya de la santidad (trascendencia) y de la cercanía de Dios. Una tercera característica del Dios bíblico es su justicia. Hoy puede parecernos algo lógico, pero los dioses de los pueblos primitivos eran todos impredecibles y caprichosos. Yahvé no es así.

La palabra hebrea para hablar de la justicia de Dios es «tzedek» (que en principio significa ‘recto’, ‘correcto’). La justicia de Dios se manifiesta en que es recto o coherente, en que hace lo que tiene que hacer, en que es fiel a la palabra dada, por lo que no puede mentir ni actuar con parcialidad.

Tradicionalmente se han proyectado en la justicia divina las características de la justicia distributiva humana, que pide que se dé a cada uno lo suyo. 

En ese caso, se hace coincidir la justicia de Dios con su obligación de premiar a los buenos y castigar a los malos. 

De ahí que el famoso «temor de Dios», al que invita la Biblia, se identifique con el miedo a ofenderle y a ser castigado. 

Pero la Biblia habla de otra justicia más radical, que consiste en la honestidad, en hacer lo que se tiene que hacer, en actuar en conformidad con la naturaleza de las cosas.

Si se pudiera aplicar el argumento de la justicia a las plantas, tendríamos que decir que un naranjo es justo cuando produce naranjas y que un rosal es justo cuando produce rosas. 

Igualmente, si se lo aplicamos a Dios, hemos de reconocer que, si Dios es amor, es justo cuando ama; si Dios es misericordioso, es justo cuando perdona y cuando tiene misericordia. En definitiva, que Dios es justo cuando actúa conforme a su verdad, cuando se manifiesta como él es. 

En este sentido, la justicia de Dios va íntimamente unida a su misericordia, ya que son dos aspectos de la misma realidad.

Citando el salmo 103 [102], santa Teresita de Lisieux afirma que la justicia de Dios se manifiesta en que «no nos trata como merecen nuestros pecados, ni nos paga conforme a nuestras culpas», porque «tiene en cuenta nuestras debilidades, conoce perfectamente la debilidad de nuestra naturaleza». 

Eso es lo que Dios hace con el hijo pródigo: no lo trata como si fuera plenamente responsable de sus actos, porque comprende su fragilidad. Por eso, en lugar de castigarlo, lo acoge con amor. Ahí se manifiesta el significado más profundo de la justicia de Dios.

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