Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

jueves, 11 de agosto de 2016

Curso de Biblia 2016. 80- Los profetas en la sociedad judía


Curso de introducción a la lectura de la Biblia 2016
P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d.
80. Las instituciones judías 
3) Los profetas

Los profetas son los personajes más característicos de la historia de Israel. Podemos afirmar sin temor a exagerar que ellos son los que formularon las ideas más originales y profundas de la Biblia.

En hebreo, profeta se dice «nabí», que significa ‘llamado’, porque es Dios quien los llama y envía para que trasmitan un mensaje de su parte. 

Aunque la cultura popular identifique la actividad de los profetas con el anuncio de lo que sucederá en el futuro, los profetas bíblicos son, ante todo, enviados por Dios para transmitir su mensaje, que puede ser una palabra que ayude a comprender lo que sucedió en el pasado, lo que sucede en el presente o lo que sucederá en el futuro. También puede ser una denuncia de los pecados del pueblo, una invitación a la conversión o una palabra de consuelo en momentos difíciles.

Los pueblos del Medio Oriente conocieron profetas, adivinos y videntes, que normalmente eran funcionarios de los gobernantes de turno, que los mantenían y a cuyo servicio estaban. 

En Israel también los encontramos con la misma función de consejeros del rey. Como en los pueblos vecinos, se cuidaban bien de contradecirle. 

Sin embargo, los grandes profetas bíblicos se caracterizan por todo lo contrario: se sienten siervos de Dios y no del rey, por lo que censuran sus actos, reprochándoles y amenazándoles con total libertad: Natán acusa a David del asesinato de Urías (2Sam 12,1s), Elías condena a Ajab por el asesinato de Nabot (1Re 21,18s). Oseas denuncia que el rey y sus funcionarios son un peso inútil para el país: «son adúlteros, un horno ardiente que el panadero descuida [...], se enferman por los vapores del vino» (Os 7,4-5). Isaías llama a los gobernantes «bandidos, cómplices de ladrones, amigos de sobornos» (Is 1,23).

Por eso, en varias ocasiones encontramos actitudes parecidas a las del rey Ajab, que dice de Miqueas: «Lo odio, pues no me profetiza el bien, sino el mal» (1Re 22,8).

Se comprende que los reyes se rodearan de profetas leales y rechazaran a los que Dios les enviaba que, además, acusaban a esos amigos de los reyes de ser falsos profetas: «No hagáis caso a vuestros profetas, adivinos, intérpretes de sueños, agoreros y hechiceros […], pues os están profetizando mentiras» (Jer 27,9-10); «Que no os engañen los profetas que viven entre vosotros ni vuestros adivinos; no hagáis caso de los sueños que os cuentan, porque os profetizan mentiras en mi nombre, sin que yo los haya enviado» (Jer 29,8-9); «Profetiza contra los profetas de Israel que andan profetizando, y di a los que profetizan por iniciativa propia […]. Alzaré mi mano contra los profetas, falsos visionarios y adivinos mentirosos» (Ez 13,1s). 

Los primeros relatos bíblicos que hablan de los profetas se encuentran en los libros de Samuel, que especifican claramente que «en aquellos días era rara la palabra del Señor y no eran frecuentes las visiones» (1Sam 3,1). 

Con los inicios de la monarquía surgen los primeros profetas de Israel, que también son llamados «hombres de Dios» y «videntes»: Samuel (1Sam 9), Gad (1Sam 22,5), Natán (2 Sam 7), Ajías de Siló (1Re 11,29), Semaías (1Re 12,22), Jehú (1Re 16,7), Miqueas (1Re 22), Elías (1Re 17-2Re 1) y Eliseo (2Re 2-13). 

Junto a ellos hay «grupos de profetas» (1Sam 10,10; 19,20; 1Re 20,35; 2Re 2,3; etc.) que llevaban vida en común, vivían con mucha pobreza y usaban de la música, la danza y el alcohol para entrar en trance, lo que a veces les procuraba burlas (1Sam 10,12; 19,24).

Estos son los profetas escritores (sea que ellos pusieron por escrito sus oráculos o que lo hicieran sus discípulos): 

En el siglo VIII: Amós, Oseas, Isaías y Miqueas. 

En el siglo VII: Nahum, Habacuc, Sofonías y Abdías.

En el siglo VI: Jeremías, Ezequiel, el segundo Isaías (40-55) y Ageo.

En el siglo V: Zacarías, el tercer Isaías (56-66) y Malaquías. 

Posteriores son el segundo Zacarías (9-14) y varios retoques y añadidos en casi todos los libros proféticos, así como algunos escritos sapienciales y apocalípticos que también terminaron formando parte de los libros proféticos: Jonás, Baruc y Daniel.

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