Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

viernes, 5 de agosto de 2016

Curso de Biblia 2016. 79- Los sacerdotes en la sociedad judía


Curso de introducción a la lectura de la Biblia 2016
P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d.
79. Las instituciones judías 
3) Los sacerdotes y levitas

En Canaán, los sacerdotes aseguraban el culto a los dioses de la tribu en los santuarios locales, que normalmente estaban unidos al recuerdo de un acontecimiento importante o a elementos naturales considerados como manifestación de los dioses: un árbol o una fuente singulares, la cima de una montaña, etc.

La acción ritual más importante era el sacrificio de animales seguido por un banquete de comunión.

Los santuarios y los ritos de Israel no se diferenciaban de los de los pueblos vecinos, tal como testimonian los libros de los Jueces, de Samuel y de los Reyes. Pero, a medida que su religión se fue purificando por la predicación de los profetas, se les dio un significado nuevo, adaptado a la fe yahvista. 

Para justificar los santuarios tribales, se pusieron en relación con los personajes antiguos. 

Así, el de Dan y los sacerdotes que lo servían se hacían remontar a Moisés (Jue 18,30). El santuario y los sacerdotes de Betel, a Aarón (Jue 20,27s). El santuario de Siló tuvo gran importancia en los tiempos de Josué (Jos 18,1s) y en los orígenes de la monarquía, en tiempos de Elí y Samuel (1Sam 1-3). Por su parte, el de Siquén se puso en referencia a Abrahán (Gén 12,6s) y Jacob (Gén 33,18s). 

A pesar de todo, a partir de la reforma de Josías, que tuvo lugar el 622 a. C., se ve una desconfianza progresiva hacia los santuarios locales y hacia los sacerdotes que ejercían su ministerio en ellos. 

Los textos escritos a partir de entonces, como el Deuteronomio y los escritos deuteronomistas, piden la abolición de todos los santuarios fuera de Jerusalén y solo reconocen la validez de los sacerdotes de la tribu de Leví.

Al principio no había una jerarquía clara ni diferencia entre los sacerdotes y los levitas, que eran dos maneras de nombrar la misma realidad: «Los sacerdotes levitas, toda la tribu de Leví, no tendrán parte ni heredad con Israel. Comerán de la heredad del Señor, de sus oblaciones. […] Si un levita, que reside en cualquier ciudad de Israel, se traslada por su voluntad propia al lugar elegido por el Señor [Jerusalén], oficiará en el nombre del Señor, su Dios, como el resto de sus hermanos levitas que están allí ante el Señor, y comerá una parte lo mismo que los demás» (Dt 18,1s). De hecho, el texto comienza diciendo literalmente «los sacerdotes, los levitas», identificando a los unos con los otros.

En los siglos anteriores al destierro, los sacerdotes siempre aparecen ligados al rey (que sigue siendo el verdadero mediador entre Dios y los hombres, por lo que bendice al pueblo y ofrece sacrificios) y son sus delegados ordinarios para el culto. De hecho, él los nombra y los depone.

Después del destierro, los sacerdotes se convirtieron en la única institución de referencia para los israelitas, ya que no quedaban reyes davídicos y los profetas fueron desapareciendo. Ellos recogieron las tradiciones cultuales y revisaron los textos antiguos, haciendo numerosos añadidos y subrayando los temas de la elección, la bendición y la alianza. 

Su teología da especial importancia a la «ley de Moisés», en la que englobaron todo lo relativo a las relaciones sociales y a la justicia, al templo de Jerusalén y al culto, así como las costumbres que permitían diferenciar a Israel de los gentiles, especialmente la observancia del sábado, las normas alimentarias y la circuncisión.

A Moisés se le presentó como el primero y principal de los profetas, llegando a afirmar que «No surgió en Israel otro profeta como Moisés, con quien el Señor trataba cara a cara; ni semejante a él en los signos y prodigios […] ni en la mano poderosa, en los terribles portentos que obró Moisés en presencia de todo Israel» (Dt 34,10s). 

De esa manera relativizaban los escritos de los profetas, que criticaban el culto y el legalismo, quedando ellos como únicos intérpretes de la voluntad de Dios.

Entonces se acentuó la especialización y la graduación de los descendientes de Leví. 

Por un lado estaban los levitas (destinados al servicio del santuario y a entonar los cantos en las celebraciones).

Por otro lado estaban los sacerdotes (a los que correspondían los sacrificios rituales), que se consideraban descendientes de Aarón. 

Finalmente encontramos a los sumos sacerdotes sadoquitas, que se identificaban con los descendientes de Sadoc, al que David puso como responsable del templo de Jerusalén. 

Las relaciones entre los distintos grupos no fueron siempre sencillas, tal como se puede ver en los tardíos libros de las Crónicas, que denuncian las infidelidades de los sacerdotes (cf. 2Cró 36,16) y subrayan la importancia de los levitas, llegando a afirmar que «los levitas estaban más dispuestos a purificarse que los sacerdotes» (2Cró 29,34).

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