Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

lunes, 1 de agosto de 2016

Curso de Biblia 2016. 76- Los extranjeros en la sociedad judía


Curso de introducción a la lectura de la Biblia 2016
P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d.
76. Características de la sociedad sedentaria 
4) Los extranjeros

Normalmente los extranjeros eran considerados enemigos. Pero se distinguía entre los extranjeros que habitaban en otros territorios (los «goyim» o ‘gentiles’), los extranjeros de paso («nokri»), y los que residían de manera más o menos estable entre los hebreos y que habían sido asimilados por ellos («gerîm»).

Estos últimos gozaban de ciertos derechos, pero nunca eran equiparados a los habitantes del país y no podían adquirir terrenos ni edificios en propiedad. De hecho, siempre se los menciona junto a los pobres, los huérfanos y las viudas.

Abrahán fue «ger» en Hebrón (Gén 23,4), Moisés lo fue en Madián (Éx 2,22), los israelitas fueron «gerîm» en Egipto (Dt 10,19), pero también lo eran los miembros de una tribu que residían en el territorio de otra (cf. Jue 19,16). 

Por eso, la legislación pide que los israelitas no los maltraten y –como al resto de los pobres de Israel– les deben permitir recoger los frutos caídos, las olivas olvidadas en los árboles o espigar lo que ha quedado después de la cosecha (Lev 19,10; 23,22; Dt 24,19s; etc.). También tienen parte en el diezmo trienal (Dt 14,29) y en los productos del año sabático (Lev 25,6).

Después del exilio, los extranjeros que vivían en territorio israelita eran cada vez más numerosos, por lo que las relaciones se hicieron difíciles.

Los «gerîm» que quisieron seguir viviendo entre los judíos tuvieron que convertirse al judaísmo (Neh 10,31 Esd 9-10). 

De hecho, la Biblia griega traduce «ger» por «prosélito», que significa ‘converso’, ‘extranjero que se ha adherido al judaísmo’. 

Los judíos establecidos en Jerusalén y sus alrededores se encerraron cada vez más en sí mismos, afirmando su identidad frente a los paganos y produjeron una literatura muy nacionalista. 

Los que vivían en la diáspora, dispersos entre los gentiles, se abrieron a nuevos contactos y produjeron una literatura más universalista.

Antes de tratar de las instituciones judías, hemos hablado de los individuos, centrándonos en las mujeres, los esclavos y los extranjeros.

Es verdad que la Biblia habla de la sumisión de las mujeres y de los esclavos, así como de la desconfianza hacia los extranjeros, pero nunca deberíamos ver en ella una justificación de esas prácticas (como, por desgracia, se ha hecho muchas veces en el pasado), sino un simple testimonio de las costumbres sociales de la época. 

De hecho, si se analiza la Biblia en su conjunto, especialmente a la luz del Nuevo Testamento, hay que reconocer una igualdad radical de todos los seres humanos (cf. Gál 3,28; 1Cor 12,13).

No hay comentarios:

Publicar un comentario