Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

viernes, 22 de julio de 2016

Curso de Biblia 2016. 74- Las mujeres en la sociedad judía


Curso de introducción a la lectura de la Biblia 2016
P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d.
74. Características de la sociedad sedentaria 
2) Las mujeres

Fuera del ámbito doméstico, como señora de su casa y madre, la mujer no merecía consideración en la sociedad judía antigua.
 
Dejando de lado idealizaciones poéticas, la mujer era tratada como una posesión de los varones: primero del padre, después del esposo y, por último, cuando quedaba viuda, del hijo mayor. 

De hecho, la esposa llamaba a su marido «baal» y «adôn» (ambas palabras pueden traducirse por ‘señor’ y ‘dueño’). 

El decálogo enumera a la mujer entre las propiedades del marido que hay que respetar, junto a su casa, su campo, sus esclavos, su asno, su buey «y sus otras cosas» (Éx 20,17; Dt 5,21). 

Los trabajos más duros caían sobre ella: trabajaba en el campo, cuidaba los ganados, hilaba y tejía, cocinaba, limpiaba la casa, cuidaba de sus hijas hasta que se casaban y de sus hijos mientras eran pequeños, ya que después pasaban al cuidado de su padre. 

Incluso en los textos más tardíos se hace la alabanza de la mujer que es discreta, obediente y trabajadora, ya que con su obrar «trae ganancias y no pérdidas» para su marido (Prov 31,12). 

No podía ser de otra manera, ya que estaban convencidos que Dios creó a la mujer «para ayudar al hombre» (Gén 2,18).

Su puesto en la sociedad y su prestigio dependían exclusivamente del número de hijos varones que tenía, considerándose una vergüenza la esterilidad. 

Además, la mujer no heredaba de su esposo ni las hijas de su padre. Solo en el libro de Job, que es una ficción literaria, para indicar las inmensas riquezas del personaje se dice que incluso dejó herencias a sus hijas (Job 42,15). 

Si no había descendientes varones en la familia, se casaba a la hija con algún pariente para que las propiedades no pasaran a extraños. 

En estas cosas los israelitas se encontraban más cercanos a los grupos nómadas, de los que descendían, que a los imperios egipcio y babilonio, en los que las mujeres tenían un mayor reconocimiento social y mejor protección jurídica.

Esta era su situación, aunque también es verdad que en el Antiguo Testamento hay algunas heroínas, como Débora y Yael (Jue 4), que Atalía reinó algunos años (2Re 11), que la profetisa Julda gozó de respeto (2Re 22,14s), que los libros de Judit y de Ester cuentan que estas mujeres salvaron al pueblo del exterminio y que algunos otros textos tratan positivamente a las mujeres, especialmente el capítulo primero del Génesis, que presenta un proyecto igualitario de Dios sobre el hombre y la mujer, y el Cantar de los cantares, en el que la mujer toma iniciativas, decide por sí misma, expresa sus sentimientos, etc.

Como hoy es la fiesta de santa María Magdalena, les invito a leer esta entrada que publiqué el año pasado tal día como hoy: "Las mujeres en la Biblia y en la Iglesia". En ella enlazo con otras en las que profundizo en el tema de hoy: Jesús y las mujeres, Marta, María y otras discípulas de Jesús, las mujeres en la Pascua, santa María Magdalena, santa Marta de Betania, razones para la esperanza, María Magdalena en el arte contemporáneo, las mujeres y la Escritura, María Magdalena, de apóstol a prostituta, encuentro de Jesús con la mujer siro-fenicia, el espacio de las mujeres como tiempo de Dios, Teresa de Jesús, mujer consciente y reivindicativa, Teresa de Jesús, mujer "barbada", Jornada reivindicativa de la igualdad de derechos y oportunidades de la mujer, etc.

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