Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

martes, 19 de julio de 2016

Curso de Biblia 2016. 72- Pervivencia del nomadismo entre los judíos


Curso de introducción a la lectura de la Biblia 2016
P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d.
72. Características de la sociedad nómada
4) Pervivencia del nomadismo

Las relaciones entre los grupos nómadas y los sedentarios nunca fueron fáciles. El libro del Génesis ofrece numerosos testimonios de sus enfrentamientos.

Los primeros estaban acostumbrados a acampar donde encontraban pasto y agua, cortaban los árboles para hacer fuego, acababan con los recursos del lugar y después se iban para otro sitio. 

Los aldeanos no siempre estaban dispuestos a compartir los pozos que habían escavado con esfuerzo ni a permitir que los ganados de otros se comieran el pasto que ellos habían sembrado o talaran los árboles que ellos habían plantado y cuidado.  

Como los israelitas eran descendientes de grupos nómadas, idealizaron a estos y en sus relatos los sedentarios son normalmente los malos y los pastores trashumantes los buenos. 

Se ve perfectamente en el relato de Caín y Abel. El primero era agricultor (por lo tanto, sedentario) y ofrecía a Dios los frutos de la tierra. El segundo era ganadero (por lo tanto, nómada o seminómada) y ofrecía a Dios sacrificios de animales. Por supuesto, el bueno del relato es Abel (el pastor), no Caín (el campesino).

De hecho, no solo los patriarcas vagaron con sus ganados por el desierto, todo el pueblo anduvo por él durante cuarenta años después de abandonar la esclavitud de Egipto, David también cuidaba sus rebaños desplazándose en el desierto y Dios mismo es presentado en numerosas ocasiones como el pastor de Israel. 

Las imágenes relacionadas con la vida nómada son muchas y se seguirán usando durante siglos en la literatura hebrea. Veamos algunos ejemplos:

La casa sigue siendo llamada «tienda» en muchas ocasiones (Jue 19,9; 1Sam 13,2; 1Re 8,66), los soldados regresan «cada uno a su tienda» (1Sam 4,10; 2Sam 18,17), el grito de rebelión es «¡A tus tiendas, Israel!» (2Sam 20,1; 1Re 12,16), se identifica la muerte con que «corten las cuerdas de tu tienda» (Job 4,21) o que «levanten y enrollen la tienda» (Is 38,12), la desolación se identifica con «la tienda deshecha y sus cuerdas cortadas» (Jer 10,20), etc.

Algunos grupos nunca llegaron a aceptar totalmente la vida sedentaria. Lo mismo que ha sucedido durante siglos en Europa con los gitanos, sucedió en Canaán: 

Los «quenitas» (el grupo del suegro de Moisés) llevaron una vida seminómada entre los israelitas (Jue 1,16; 4,11; 5,24; 1Sam 15,4-6; 27,10). 

También los «recabitas», fervorosos yahvistas que nunca aceptaron permanecer estables en un lugar. Jonadab, hijo de Recab participó en una incursión en Samaría para acabar con el culto de Baal (2Re 10,15-24). Doscientos cincuenta años más tarde, sus descendientes se refugiaron en Jerusalén huyendo de los caldeos. El profeta Jeremías les propone como modelo de fidelidad, porque siempre se han mantenido constantes en cumplir las leyes de sus mayores, entre las que destaca: «No construimos casas para habitarlas, ni tenemos viñas ni campos de sembradío, sino que vivimos en tiendas, y acatamos y cumplimos todo lo que nos mandó nuestro padre Jonadab» (Jer 35,9).

Los profetas identificaron muchas veces la civilización sedentaria en Canaán con la perversión moral y religiosa y manifestaron su nostalgia por los tiempos del desierto y por un nomadismo idealizado (que tiene poco que ver con el histórico), al que identificaron con la oportunidad de vivir una existencia en fidelidad a la alianza. 

Esta idealización se acentuaba en los momentos de crisis, en los que se buscaba volver a un pasado más sencillo y auténtico. 

Buen ejemplo de ello son los hermanos macabeos (siglo II a. C.) y los esenios (siglo I de nuestra era), así como Juan Bautista al llegar los tiempos del Nuevo Testamento.

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