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lunes, 18 de julio de 2016

Curso de Biblia 2016. 71- La solidaridad tribal y la venganza de sangre en la sociedad nómada


Curso de introducción a la lectura de la Biblia 2016
P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d.
71. Características de la sociedad nómada
3) La solidaridad tribal y la venganza de sangre

Entre los nómadas, el vínculo de sangre (sea real o supuesto) crea un sentimiento de solidaridad con el grupo al que se pertenece. El valor, la riqueza o los triunfos de un jefe de familia repercuten sobre todos sus miembros. Lo mismo sucede con su deshonor o con sus faltas.

La solidaridad de todos los miembros de una tribu se manifiesta especialmente a la hora de vengar una ofensa realizada contra uno de ellos. 

El segundo libro de Samuel cuenta que en tiempos de David se sucedieron tres años de sequía y hambre. Interpretaron que se debía a que Saúl se había portado mal con los gabaonitas (una tribu no hebrea, pero que había hecho alianza con ellos, por lo que se habían convertido en miembros de la misma familia), por lo que les preguntaron qué podían hacer para desagraviarlos. Ellos pidieron a siete varones de la «casa de Saúl» para vengarse asesinándolos a ellos.

De hecho, hay una ley fundamental entre los grupos nómadas: la sangre de un pariente se debe vengar mediante la muerte del que la ha derramado y de los suyos. 

Normalmente, en el interior del grupo no hay venganza de sangre, sino expulsión o algún castigo decidido por el jefe del clan. 

Para evitar muertes en cadena entre clanes o tribus cercanas, los jefes de las familias pueden elegir una compensación que la familia de la víctima tiene que aceptar, lo quiera o no (puede ser la muerte de uno del grupo que provocó el problema, aunque no sea exactamente la del culpable, o una compensación económica). 

El encargado de ejecutar esa venganza de sangre o de rescatar al miembro del grupo caído en desgracia es el «goel» entre los israelitas (el «târ» entre los árabes). 

La institución se mantuvo después que Israel se hizo sedentario (cf. 2Sam 3,22s; 2Sam 14,4s), pero lentamente el grupo de «los ancianos» (jefes de familia) o de «los notables» (jefes de clanes) fue tomando la autoridad para juzgar los crímenes y decidir el castigo.

Sin embargo, el «goel» no perdió nunca la función de rescatar a los miembros de la familia caídos en desgracia o esclavitud, haciéndose cargo de las viudas, de las mujeres repudiadas y de los huérfanos. 

En numerosas ocasiones, los profetas presentan a Dios como el «goel» de los débiles (Jer 50,34; Sal 19,14; 78,35; etc.). 

En griego se tradujo por «parakletos», que es la palabra que el Nuevo Testamento aplica al Espíritu Santo (y que se puede traducir por ‘defensor’, ‘protector’, consolador’, etc.).


Unida a la institución del «goel» está la del «levirato», que pide que si un hombre muere sin descendencia, uno de sus hermanos debe tomar a la viuda como esposa y el primogénito de la nueva unión es considerado como hijo del difunto (Dt 25,5-10). 

En algunos casos, el cuñado puede sustraerse a esa obligación con una declaración ante los ancianos de la tribu, pero esa persona queda deshonrada para siempre y el «goel» tiene que buscar otro miembro de la familia que cumpla con esa obligación. 

En la Biblia hay algunas narraciones que nos indican lo complicada que era esta práctica, como son la unión de Tamar con su suegro Judá porque se negó a darle a su cuñado (Gén 38) y el caso de Rut, que no tenía cuñados y Booz la acepta después de que otro pariente más cercano renuncie a su derecho, porque «eso perjudicaría a sus herederos» (Rut 4,6), ya que el hijo de Rut heredaría el nombre del difunto, pero también las propiedades que le pertenecieron.

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