Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

martes, 12 de julio de 2016

Curso de Biblia 2016. 70- Las leyes de hospitalidad y de asilo en la sociedad nómada


Curso de introducción a la lectura de la Biblia 2016
P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d.
70. Características de la sociedad nómada
2) Las leyes de hospitalidad y de asilo

En el desierto, un individuo separado de su grupo no puede sobrevivir. Además, todos pueden necesitar ayuda en algún momento y todos deben prestársela a los demás. Este es el origen de la ley de hospitalidad, considerada como la mayor virtud entre los nómadas.

El huésped es sagrado y goza durante algunos días de la hospitalidad del grupo. Cuando se marcha, recibe protección durante algunas jornadas de camino o hasta que salga del territorio que el grupo considera como propio. 

Los relatos de Lot en Sodoma (Gén 19,1-8) y del crimen de Guibeá (Ju 19,16-24) muestran hasta dónde podía llegar la ley de la hospitalidad. 

En ambos casos los protagonistas prefieren entregar sus propias hijas para que sean violadas a permitir que abusen de sus huéspedes. 

La segunda parte del salmo del buen pastor es significativa al respecto, ya que desarrolla la imagen de un beduino del desierto que acoge un huésped en su tienda y le ofrece su hospitalidad: 

«Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume y mi copa rebosa. Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término» (Sal 23 [22],5-6).

Podemos reconstruir la escena: un hombre huye de sus enemigos por el desierto. Salvarse es casi imposible. Cuando todo parece estar perdido, encuentra un beduino que lo acoge en su tienda. 

La ley de la hospitalidad era sagrada: Cuando alguien es acogido, invitado a comer, se convierte en intocable. Mientras el que lo ha acogido esté presente, los enemigos no se pueden acercar a él. 

Ungir a un huésped era la mayor manifestación de veneración que se podía tener con él. El aceite enriquecido de esencias perfuma, da frescor, suaviza la piel y cura las quemaduras del sol. 

La copa que rebosa es, igualmente, signo de la generosidad con que el huésped es acogido. 

Después añade: «Tu bondad y tu misericordia me acompañan». Es como si el beduino que me ha acogido en su tienda y me ha defendido de mis enemigos, me pusiera ahora dos guardaespaldas que me acompañen de regreso a mi casa. Aquí, los dos acompañantes son una personificación de la bondad y la misericordia de Dios.

Abrahán recibió la promesa definitiva cuando acogió en su tienda a unos peregrinos que después resultaron ser enviados de Dios (cf. Gén 18). 

El Nuevo Testamento, recordando a Abrahán, invita a los creyentes a imitarlo: «No olvidéis la hospitalidad, pues gracias a ella algunos hospedaron, sin saberlo, a ángeles» (Heb 13,2).

Si un hombre era excluido de su tribu a causa de un homicidio o de algún otro motivo grave, se veía en la necesidad de encontrar otra tribu que lo acogiera. En ese caso, se convertía en miembro del grupo que lo acogía y asumía su nombre y tradiciones. 

Tanto en el Antiguo Testamento como entre los árabes contemporáneos encontramos ejemplos. 

Es algo parecido a lo que sucede cuando una familia adopta un hijo, que tiene los mismos derechos legales que los hijos naturales.

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