Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

domingo, 26 de junio de 2016

sigamos a Jesucristo con decisión


San Lucas comienza su evangelio con una introducción en la que presenta algunos acontecimientos relativos a la concepción de Jesús y a su infancia (Lc 1-2).

Después desarrolla la primera parte de su evangelio, en la que habla de la predicación de Jesús y de su actividad en Galilea, en torno al lago de Genesaret y alrededores (Lc 3,1-9,50).

Esa primera sección concluye con las preguntas de Jesús: «¿Quién dice la gente que soy yo... Quién soy yo para vosotros?». A la respuesta de Pedro: «El mesías de Dios», Jesús responde con el primer anuncio de su pasión, explicando qué mesianismo es el suyo. Este fue el evangelio del domingo pasado.

A continuación encontramos la segunda parte del evangelio de Lucas, en la que se presenta el camino de Jesús hacia Jerusalén con todas las cosas que le suceden durante ese viaje (Lc 9,51-19,27).

El evangelio concluye con los relatos de la pasión, muerte y resurrección de Jesús (Lc 19,29-24,53).

Hoy leemos en la misa la narración del inicio del viaje de Jesús hacia Jerusalén (Lc 9,51-62). A lo largo de ese camino se manifiesta con claridad quién es Jesús y cuál es su propuesta de vida para quienes quieren seguirle.

De momento queda claro que los cristianos estamos «en camino hacia la Jerusalén celestial» y no tenemos morada permanente en esta tierra.

El lenguaje de Jesús es duro y desconcertante: «Sígueme... Las zorras tienen madriguera y los pájaros, nido, pero el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza... Deja que los muertos entierren a sus muertos». 

Está claro que los muertos no pueden enterrarse a sí mismos, por lo que hay que interpretar el texto en su contexto: se refiere a la necesidad de poner a Jesús por delante de todo lo demás, a tomar en serio su seguimiento, a no permitir que nada nos aparte de su amistad.

Igual que algunos no quisieron recibir a Jesús, otros nos rechazarán a nosotros. Nuestra tentación (como la de los apóstoles) es la de usar violencia contra los que «no son de los nuestros» o la de desanimarnos y abandonar el camino iniciado. 

Pero Jesús nos invita a seguir adelante, sin dejar que las dificultades o las contradicciones nos desvíen del camino iniciado.

San Juan de la Cruz lo dice así:
«Buscando mis amores
iré por esos montes y riveras,
ni cogeré las flores
ni temeré las fieras
y pasaré los fuertes y fronteras».

Sin detenernos en lo que nos gusta (las flores) ni ante lo que nos asusta (las fieras) caminemos con Cristo sin detenernos. Feliz domingo a todos.

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