Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

jueves, 23 de junio de 2016

Curso de Biblia 2016. 65- El período romano (y 2)


Curso de introducción a la lectura de la Biblia 2016
P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d.
65. Historia crítica de Israel: 
El período romano (63 a. C. - 330 d. C.)
Segunda parte

Herodes también se manifestó como el tutor de los judíos de la diáspora, defendiendo sus privilegios ante las autoridades y favoreciendo el envío de sus colectas anuales para el templo de Jerusalén. De hecho, ellos eran la mayor parte de su pueblo.

Se calcula que en todo el imperio había unos cincuenta millones de habitantes, de los que unos cinco eran de religión judía y casi todos ellos residían fuera de Judea. 

En una carta de Herodes a Calígula, se expresa así: «Jerusalén no solo es la capital de Judea, sino también de la mayoría de los demás territorios [del imperio], a causa de las colonias que ella ha enviado, según las épocas, a los países limítrofes. […] Todas las ciudades que poseen un territorio fértil alrededor de ellas tienen habitantes judíos. De manera que si mi patria goza de tu benevolencia, no será solo una ciudad la que sentirá los beneficios, sino miríadas de ciudades situadas en todas las regiones del universo: en Europa, en Asia, en Libia [= África], en los continentes y en las islas, en las costas o en el interior de las tierras».

En las ciudades del imperio, los judíos formaban comunidades que tenían un reconocimiento oficial y gozaban de algunos privilegios: sus miembros no estaban obligados al servicio militar (aunque muchos se alistaban voluntariamente en el ejército), un consejo de ancianos administraba los impuestos recogidos entre sus miembros, podían regirse por sus leyes propias en lo relativo al matrimonio y las herencias, sus templos y cementerios eran respetados (como los de las otras religiones legítimas), tenían el derecho de no ser llevados ante un tribunal en sábado, estaban dispensados de participar en las «liturgias» públicas, etc. 

A menudo, estos privilegios causaban conflictos con los otros habitantes de las ciudades, por lo que tenían que ser renovados y reafirmados periódicamente. 

En este campo, Herodes fue un buen negociador. Por eso, aunque en otras cosas estuvieran descontentos, los judíos (especialmente los que vivían fuera de Judea) le consideraban como el gobernante menos malo posible.

A la muerte de Herodes, el 4 a. C., su reino se dividió entre sus hijos y Judea pasó a estar gobernada directamente por un romano. Las relaciones se hicieron cada vez más difíciles y los conflictos, más frecuentes. 

Para aplastar las revueltas populares, los romanos destruyeron totalmente Jerusalén el 70 d. C. y expulsaron a los judíos supervivientes, primero de la ciudad y después de Judea. 

Jerusalén fue nuevamente reedificada entre el año 131 y el 135 como una «colonia» totalmente pagana con el nombre «Aelia capitolina». 

Los romanos permanecieron como dueños del territorio hasta que el imperio romano de Oriente se convirtió en el imperio bizantino el 330 d. C.

Toda la zona perteneció al imperio bizantino hasta que los árabes musulmanes se la arrebataron el año 638, permaneciendo en su poder hasta el 1099, los cruzados la poseyeron desde 1099 hasta 1260, los mamelucos musulmanes de 1260 a 1517, los turcos otomanos (también musulmanes) de 1517 a 1917 y los británicos establecieron un protectorado de 1917 a 1948. 

Israel no volvió a surgir como nación hasta después de la II Guerra Mundial, en 1948.

No hay comentarios:

Publicar un comentario