Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

miércoles, 1 de junio de 2016

Curso de Biblia 2016. 55- El exilio y el nacimiento del «judaísmo» (y 3)


Curso de introducción a la lectura de la Biblia 2016
P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d.
55. Historia crítica de Israel: 
El exilio y el nacimiento del «judaísmo» (597-539 a. C.)
Tercera parte


El profeta Ezequiel será el encargado de hacer comprender a los desterrados que no todo está perdido, que Dios puede sacar bien incluso del mal y hacer que florezca la vida donde solo parece haber muerte, que la historia de la salvación no es cosa del pasado, sino que continúa realizándose:

«El Señor me llevó en espíritu, dejándome en un valle todo lleno de huesos. Me hizo pasarles revista: eran muchísimos los que había en la cuenca del valle; estaban resecos. […] Entonces me dijo: “Hijo de Adán, esos huesos son toda la Casa de Israel. Ahí los tienes diciendo: Nuestros huesos están calcinados, nuestra esperanza se ha desvanecido; estamos perdidos”. Por eso profetiza diciéndoles: “Esto dice el Señor: Yo voy a abrir vuestros sepulcros, os voy a sacar de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os voy a llevar a la tierra de Israel. Sabréis que yo soy el Señor cuando abra vuestros sepulcros, cuando os saque de vuestros sepulcros, pueblo mío. Infundiré mi espíritu en vosotros para que reviváis, os estableceré en vuestra tierra y sabréis que yo, el Señor, lo digo y lo hago […]. Yo voy a recoger a los israelitas de las naciones adonde marcharon, voy a congregarlos de todas partes y los voy a repatriar. Los haré un solo pueblo en su país, en los montes de Israel, y un solo rey reinará sobre todos ellos. No volverán a ser dos naciones ni a desmembrarse en dos monarquías. No volverán a contaminarse con sus ídolos y fetiches y con todos sus crímenes. Los libraré de sus pecados y prevaricaciones, los purificaré: ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios. […] Haré con ellos una alianza de paz, alianza eterna pactaré con ellos. Los estableceré, los acrecentaré y pondré entre ellos mi santuario para siempre» (Ez 37).

Este famoso texto de Ezequiel describe bien la situación en que se encontraba Israel: como un montón de huesos secos y dispersos por el campo. Pero Dios no lo ha abandonado; por medio de la palabra profética, que «es viva y eficaz», se dispone a recrearlo. 

Poco después, el segundo Isaías insistirá en los mismos argumentos que Ezequiel, fortaleciendo la esperanza entre los desterrados: 

«Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios: hablad al corazón de Jerusalén, gritadle que se ha cumplido su servicio y está pagado su crimen […]. El Señor Dios llega con poder, y su brazo manda. Mirad, viene con él su salario, y su recompensa lo precede. Como un pastor que apacienta el rebaño, su brazo lo reúne, toma en brazos los corderos y hace recostar a las madres. […] ¿Por qué andas hablando, Jacob, y diciendo, Israel: Mi suerte está oculta al Señor, mi Dios ignora mi causa? ¿Acaso no lo sabes, es que no lo has oído? El Señor es un Dios eterno y creó los confines del mundo. […] Los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas, echan alas como las águilas, corren sin cansarse, marchan sin fatigarse» (Is 40).

El recuerdo de las antiguas obras de Dios a favor de su pueblo sirvió para despertar la esperanza. Si Israel se arrepiente, Dios hará en su favor obras mayores: 

«Escucha, pueblo mío, doy testimonio contra ti, ¡ojalá me escuchases Israel! No tendrás un dios extraño, no adorarás un dios extranjero; yo soy Yahvé, tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto; abre la boca que te la llene. Pero mi pueblo no escuchó mi voz, Israel no quiso obedecer; los entregué a su corazón obstinado, para que anduviesen según sus antojos. ¡Ojalá me escuchase mi pueblo y caminase Israel por mi camino!: en un momento humillaría a sus enemigos y volvería mi mano contra sus adversarios» (Sal 81 [80],9s).

Como había hecho antes Ezequiel, el segundo Isaías insiste en el poder creador de la Palabra de Dios: 

«Esto dice el Señor: Como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra, que sale de mi boca: no volverá a mi vacía, sino que cumplirá mi deseo y llevará a cabo mi encargo» (Is 55,10-11). 

Por eso, la colección de los antiguos oráculos proféticos adquiere cada vez más importancia: son palabras de vida siempre actuales, independientemente del contexto en el que fueron proclamadas, y por eso no deben perderse.

Como estamos viendo, el exilio es fundamental en la formación de lo que después se llamará la Biblia, ya que se reelaboran definitivamente las tradiciones sobre los patriarcas y sobre el éxodo, y se incorporan en la gran obra que desarrolla la historia de Israel desde sus orígenes hasta el destierro, ofreciendo una interpretación coherente de todos los acontecimientos. 

Se trata de la historia deuteronomista recogida en «los profetas anteriores», que, en principio, era un único libro, aunque después se dividió en varios volúmenes por comodidad. También se recopiló una colección de oráculos proféticos, así como otra de salmos.

Por otro lado, en el exilio se dejó de usar el idioma hebreo y se comenzó a usar el arameo, que era la lengua internacional de la época. Los estudiosos conservaron el uso del hebreo, pero el resto del pueblo dejó de hablarlo hasta que se resucitó como lengua viva ya en el siglo XX.

2 comentarios:

  1. ¡¡¡ BENDITÍSIMO DÍAS ¡ PADRE... ! EL MES

    DE ¡ EL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS ... DE CADA DÍA... !!!!!!


    " CONMOVENTE " TODO ... CADA LATIDO... !

    ¡ INTENSO...! ¡ GRACIAS DE TODO CORAZÓN ...!!!!!!!


    ALBA UNA CON BERNABÉ

    ResponderEliminar
  2. Gloria a Dios y gracias a usted padreEduardo por tanto conocimiento.

    ResponderEliminar