Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

lunes, 30 de mayo de 2016

Curso de Biblia 2016. 53- El exilio y el nacimiento del «judaísmo» (1)


Curso de introducción a la lectura de la Biblia 2016
P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d.
53. Historia crítica de Israel: 
El exilio y el nacimiento del «judaísmo» (597-539 a. C.)
Primera parte

Estamos hablando de un pueblo que estuvo a punto de desaparecer, como muchos otros de la época, sin dejar rastros de su paso por la historia. Pero, al contrario de lo que cabría esperar, el exilio fue una oportunidad de renacimiento, que se acompañó de una sorprendente creatividad literaria (tanto de recuperación y reedición de textos anteriores como de redacción de otros nuevos) que dio origen al núcleo de lo que hoy llamamos «Biblia».

Al principio, la esperanza de Israel se desvaneció y su fe entró en una crisis radical, ya que los dioses de los paganos parecían más fuertes que el Dios de Israel, sus templos eran más grandes que el de Jerusalén y sus reyes, más poderosos. 

¿Dónde habían quedado las promesas de Yahvé que les aseguraban una tierra, un descendiente de David para gobernarlos y su presencia y protección en el templo de Jerusalén?

Algunos pensaron que los dioses extranjeros habían provocado la ruina de Jerusalén como venganza por la obra reformadora de Josías, que prohibió su culto. Por eso, se fueron detrás de ellos, esperando aplacarlos: 

«Llevaremos a cabo lo que ya hemos decidido: quemar ofrendas de incienso a la Reina del cielo y hacerle libaciones. Hasta ahora lo hemos venido haciendo nosotros, nuestros padres, nuestros reyes y nuestros dignatarios en las poblaciones de Judá y en las calles de Jerusalén, y bien que nos hartábamos de comer; todo iba bien y ningún mal nos sucedía. Ahora, en cambio, desde que hemos dejado de quemar ofrendas de incienso a la Reina del Cielo y de hacerle libaciones, carecemos de todo y vamos muriendo víctimas de la espada o del hambre» (Jer 44,17ss); «En la puerta del templo de Jerusalén había mujeres llorando por el dios Tamuz [...]. A la entrada del templo, veinticinco hombres adoraban al Sol» (Ez 8,14ss).

Por su parte, los profetas del Dios único afirmaban lo contrario: la catástrofe del exilio fue causada por los pecados de los hebreos y por sus infidelidades a la alianza. 

No fueron los dioses extranjeros, sino Yahvé mismo el que destruyó Jerusalén, sirviéndose de los babilonios para ello, tal como testimonia el libro de las Lamentaciones: «Así me ha herido Yahvé al encenderse su ira contra mí [...]. Ató con sus manos el fardo de mis pecados y lo puso sobre mi cuello, doblegando mi fuerza» (Lam 1,12ss).

Palabras similares podemos encontrar en los escritos de Jeremías: «Si preguntas por qué te sucede todo eso, por tus muchas culpas […]. Esta es tu suerte, mi paga por tu rebelión, porque me olvidaste confiando en la mentira» (Jer 13,22s).

El exilio duró unos sesenta años, desde la primera deportación el 597 a. C. hasta el regreso de los primeros exiliados el 538 a. C. (Jeremías lo cifra simbólicamente en setenta años: Jer 25,11-12). 

Ezequiel predicó al inicio y el segundo Isaías (Is 40-55) al final. 

Por entonces se escribió el salmo más melancólico de todo el salterio: «Junto a los canales de Babilonia nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión […]. ¡Cómo cantar un canto del Señor en tierra extranjera! Si me olvido de ti, Jerusalén, que se me paralice la mano derecha…» (Sal 137 [136]).

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