Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

viernes, 20 de mayo de 2016

Curso de Biblia 2016. 49- La reforma de Josías (2)


Curso de introducción a la lectura de la Biblia 2016
P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d.
49. Historia crítica de Israel: 
La reforma del rey Josías (640-609 a. C.)
Segunda parte

Ayer nos preguntábamos si la gran obra literaria que comenzó a escribirse durante el reinado de Josías y que dio lugar a la llamada «historia deuteronomista» (porque interpreta la historia de Israel hasta el destierro a la luz de la teología del libro del Deuteronomio) se reduce a un esfuerzo para legitimar a los descendientes de David y sus derechos dinásticos.

Una lectura atenta de la Sagrada Escritura nos permite responder negativamente a esta pregunta. 

Efectivamente, a la luz de la predicación de los profetas, los libros de la Biblia también recogen tradiciones antimonárquicas, duras advertencias y amenazas a los reyes, denuncias por sus pecados (que no esconden), condenas a su actuación y numerosas leyes éticas que buscan el bienestar de todos los miembros del pueblo y la protección de los más débiles, también de los extranjeros, frente a las clases dominantes. Algo que no tiene parangón en ninguna otra civilización antigua. 

El Deuteronomio invita a proteger a los individuos, dedicando muchas de sus normas a defender los derechos de los más débiles: los pobres, los huérfanos, las viudas y los emigrantes. 

Sus leyes muestran una preocupación por los desvalidos de sorprendente actualidad, que son el legado más valioso de estos escritores. Veamos algunos ejemplos:

«Cada tres años apartarás el diezmo de la cosecha del año y lo depositarás a las puertas de la ciudad. Así, vendrá el levita, que no se benefició en el reparto de vuestra heredad, el inmigrante, el huérfano y la viuda que viven en tu vecindad, y comerán hasta hartarse. Así, te bendecirá el Señor tu Dios en todas las tareas que emprendas» (Dt 14,28-29). 

«Si hay entre los tuyos un pobre, un hermano tuyo, en una ciudad tuya, en esa tierra tuya que va a darte el Señor, tu Dios, no endurezcas el corazón ni cierres la mano a tu hermano pobre. Ábrele la mano y préstale a la medida de su necesidad» (Dt 15,7-8).

«No violarás el derecho, no serás parcial ni aceptarás sobornos, que el soborno ciega los ojos de los sabios y falsea la causa del inocente» (Dt 16,19).

«No defraudarás el derecho del inmigrante y del huérfano ni tomarás en prenda las ropas de la viuda; recuerda que fuiste esclavo en Egipto, y que allí te redimió el Señor, tu Dios; por eso yo te mando hoy cumplir esta ley. Cuando siegues la mies de tu campo y olvides en el suelo una gavilla, no vuelvas a recogerla; déjasela al inmigrante, al huérfano y a la viuda, y así bendecirá el Señor todas tus tareas. Cuando varees tu olivar, no repases las ramas; déjaselas al inmigrante, al huérfano y a la viuda. Cuando vendimies tu viña, no rebusques los racimos; déjaselos al inmigrante, al huérfano y a la viuda. Recuerda que fuiste esclavo en Egipto; por eso yo te mando hoy cumplir esta ley» (Dt 24,17-22).

En estas normas hay una profunda dimensión ética y una insistencia continua en que todos son iguales ante la ley, hasta el punto de que los nobles, los jueces y el mismo rey están sometidos a la ley como los demás, ya que su misión es la de servir al pueblo: 

«[El rey] no aumentará su caballería […] No tendrá muchas mujeres, para que no se extravíe su corazón, ni acumulará plata y oro. Cuando suba al trono se hará escribir en un libro una copia de esta ley, según original de los sacerdotes levitas. La llevará siempre consigo y la leerá todos los días de su vida, para que aprenda a respetar al Señor, su Dios, poniendo por obra las palabras de esta ley y estos mandatos. Que no se alce orgulloso sobre sus hermanos ni se aparte de este precepto a derecha ni a izquierda» (Dt 17,16-20).

En la próxima entrada del curso concluiremos este apartado y después propondremos el índice de las primeras 50 entradas con enlaces a cada una de ellas.

3 comentarios:

  1. QUE PADRE MAS MISERICORDIOSO CONQUE SENCILLEZ NOS ENSEÑA ACOMPARTIR LA COMIDA ANA MARIA

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  2. ¡¡¡ PADRE EDUARDO SANZ DE MIGUEL... BENDITÍSIMOS DÍAS ... !!!!!!!!!


    ¡¡¡ DIOS AMOR SIGUE REGALÁNDOSE Y USTED TAMBIÉN...!

    AMÉN...!!!!!


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  3. este capitulo me puso a pensar en lo mazquimo soy al ofrendar, dar ayuda limosna. Si mi pPadre del cielo me ha dado todo debo ser mas generoso.

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