Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

miércoles, 18 de mayo de 2016

Curso de Biblia 2016. 47- La reforma de Ezequías (y 2)


Curso de introducción a la lectura de la Biblia 2016
P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d.
47. Historia crítica de Israel: 
La reforma del rey Ezequías (716-687 a. C.) 
Segunda parte

Hablamos ayer de la destrucción provocada por Senaquerib en las ciudades que se rebelaron contra él y cómo, al regreso de Egipto asedió Jerusalén.

Por motivos que no están del todo claros, los asirios abandonaron el asedio y regresaron a su patria para enfrentarse a una sublevación en Babilonia. 

La Biblia lo interpreta como una intervención personal de Yahvé, que salvó Jerusalén de la destrucción: «El Señor salvó a Ezequías y a los habitantes de Jerusalén de la mano de Senaquerib rey de Asiria, y de la mano de todos, poniendo paz en sus fronteras» (2Cró 32,22). 

Algunos textos lo cuentan en tonos triunfales. Entre ellos destaca el salmo 48 [47]: «Grande es el Señor y muy digno de alabanza en la ciudad de nuestro Dios, su monte santo, altura hermosa, alegría de toda la tierra: el monte Sión, vértice del cielo, ciudad del gran rey; entre sus palacios, Dios descuella como un alcázar. Mirad: los reyes se aliaron para atacarla juntos; pero, al verla, quedaron aterrados y huyeron despavoridos; allí los agarró un temblor y dolores como de parto […].  Dios la ha fundado para siempre».

Parece que es en este momento cuando se generaliza la convicción de que el reinado de David perduraría por los siglos y que siempre habría un sucesor suyo gobernando sobre Israel en la ciudad de Jerusalén.

A diferencia de las otras ciudades de su entorno, Jerusalén sobrevivió a la destrucción e incluso creció acogiendo a los refugiados que huyeron de las zonas devastadas. 

Para evitar males mayores, Manasés, el hijo de Ezequías, volvió a aceptar someterse a Asiria como reino vasallo. Humanamente, no le fue mal, visto que reinó cincuenta y cinco años (687-642), lo que supone el reinado más largo en la historia de Israel y de Judá.

La frustración de la población se refleja en la valoración que la Biblia hace de él: «Hizo el mal a los ojos del Señor, según la costumbre abominable de las naciones que había expulsado el Señor ante los hijos de Israel. De este modo, reconstruyó los santuarios que su padre Ezequías había destruido, erigió altares dedicados a Baal y fabricó un cipo sagrado como había hecho Ajab, rey de Israel. Se postró ante todo el ejército de los cielos, rindiéndole culto, y construyó altares en el templo del Señor […]. Además del pecado que Manasés hizo cometer a Judá haciendo lo que es malo a los ojos del Señor, derramó tanta sangre inocente que inundó Jerusalén de punta a punta» (2Re 21,2s). 

Le sucedió su hijo Amón, que «hizo lo que el Señor reprueba, igual que su padre, Manasés» (2Re 21,20).

2 comentarios:


  1. " .................................................................................................................................................
    DIOS DECUELLA COMO UN ALCÁZAR .............................................DIOS LA HA FUNDADO PARA SIEMPRE ." ¡ AMÉN ...!!!!!!!!!!!!!

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  2. que barbarous todavia estamos peleando y gobernando a nuestro antojo . Señor ten piedad de nosotros no hay mucha diferencia , seguimos siendo malos.

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