Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

miércoles, 11 de mayo de 2016

Curso de Biblia 2016. 45- Judá después de la caída de Samaría (y 3)


Curso de introducción a la lectura de la Biblia 2016
P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d.
45. Historia crítica de Israel: 
El reino de Judá después de la caída de Samaría (722 a. C.)
Tercera parte

La historia deuteronomista da mucha importancia a la caída de Samaría y del reino del norte, dando una explicación teológica: «Esto sucedió porque los hijos de Israel habían pecado contra el Señor, su Dios, que los había sacado de la tierra de Egipto, sustrayéndolos a la mano del faraón, rey de Egipto; porque dieron culto a otros dioses y siguieron las costumbres de aquellas naciones que el Seños había expulsado ante ellos. Los hijos de Israel cometieron acciones torcidas contra el Señor, su Dios, edificándose santuarios en todas sus poblaciones, desde las atalayas de vigía hasta las ciudades amuralladas. Se erigieron también estelas y cipos sagrados sobre toda colina elevada y bajo todo árbol frondoso. Allí quemaban incienso, en todo lugar de culto, al modo de los pueblos paganos, a los que el Señor había expulsado ante ellos. Obraron mal, irritando al Señor, dando culto a los ídolos, cuando el Señor les había dicho: “No hagáis tal cosa”. Pues el Señor había advertido a Israel y a Judá por medio de todos los profetas» (2Re 17,7ss).

Con estas explicaciones preparan el posterior anuncio de la caída de Jerusalén y del reino del sur, al que se le acusa de los mismos delitos: los matrimonios mixtos, la utilización de santuarios en lugares altos, la adivinación, el sacrificio de niños, etc.

Las historias de los patriarcas, del éxodo, de la conquista de la Tierra Prometida, de David y Salomón, de los dos reinos hermanos (que nunca se habían entendido y habían estado siempre en guerra) y de la caída de Samaría desembocaban en el minúsculo reino de Judá, en aquel pequeño «resto» de creyentes en Yahvé, que se consideraba heredero de un pasado glorioso, llamado a perpetuarlo y a construir un nuevo capítulo más grandioso que la pobre realidad que estaban viviendo en ese momento. 

La literatura que se forma a partir de entonces habla de un nuevo David que dará origen a una nueva alianza y un nuevo pueblo en una Jerusalén también renovada, abriendo los corazones de sus lectores a la esperanza en un futuro mejor. Es el inicio de la teología «mesiánica».

El proceso de fusión e identificación entre los «israelitas» y los «judíos» fue muy lento. De hecho, el libro de Daniel (que es del siglo II a. C.) aún los distingue: «Así tratabais a las hijas de Israel, y ellas, por miedo, se entregaban a vosotros. Pero una hija de Judá no ha podido soportar vuestra iniquidad» (Dan 13,57).

Sin embargo, con el pasar del tiempo, se dejó de identificar a los «israelitas» con los habitantes de reino del norte (Israel) y a los «judíos» con los habitantes del reino del sur (Judá); y todos los que vivían en los territorios del antiguo reino del sur empezaron a ser llamados indistintamente «israelitas», «judíos» o «hebreos», lo que se sigue haciendo hasta el presente. 

También se terminó llamando Israel a todo el pueblo (no solo al reino del norte, que ya no existía).

1 comentario:

  1. muy interesante pero un poco complicado paara mi. Pero sogo

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