Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

lunes, 9 de mayo de 2016

Curso de Biblia 2016. 43- Judá después de la caída de Samaría (1)


Curso de introducción a la lectura de la Biblia 2016
P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d.
43. Historia crítica de Israel: 
El reino de Judá después de la caída de Samaría (722 a. C.)
Primera parte

Como ya hemos dicho en entradas anteriores, desde sus orígenes el reino de Judá (al sur) fue un país pobre y aislado, dedicado a la agricultura y al pastoreo en las tierras altas y montañosas. Pero el reino de Israel (al norte) fue cada vez más rico y poderoso, dominando las rutas del comercio entre Mesopotamia y Egipto.

En este sentido, es significativa la actividad de los profetas Amós y Oseas, que denuncian con fuerza la opulencia de las clases aristocráticas, rodeadas de riquezas pero insensibles al sufrimiento de los pobres: 

«Se acuestan en lechos de marfil, se arrellanan en sus divanes, comen corderos del rebaño y terneros del establo; canturrean al son del arpa e inventan como David instrumentos musicales; beben el vino en elegantes copas, se ungen con el mejor de los aceites, pero no se conmueven […]. Escuchad esto los que pisoteáis al pobre y elimináis a los humildes del país…» (Am 6,4-6; 8,4s); 

«Multiplican la falsedad y el pillaje. Hacen alianza con Asiría y envían aceite a Egipto. […] Efraín dice: Me he enriquecido, he adquirido una fortuna…» (Os 12,2.9).

Su prosperidad provocó la codicia de los arameos de Damasco primero y después del imperio asirio, que se fortaleció por entonces y atacó a Israel en varias ocasiones. 

Finalmente, después de sucesivas campañas, la ciudad de Samaría cayó y fue arrasada el 722 a. C., su población fue deportada a Nínive y los territorios del reino del norte se convirtieron en una provincia de Asiria. 

Algunos documentos extrabíblicos cuentan lo que sucedió con detalle. Los Anales de Teglatfalasar III hablan de trece mil quinientos deportados y las Crónicas de Sargón II de veintisiete mil doscientas ochenta más. 

Los israelitas nunca regresaron y fueron asimilados por los pueblos extranjeros, terminando por desaparecer. 

Además, «el rey de Asiria hizo venir gentes de Babilonia, de Cutá, de Avá, de Jamat y de Sefarvaín para establecerlos en las poblaciones de Samaría, en lugar de los hijos de Israel, y ellos tomaron posesión de Samaría y habitaron sus ciudades» (2Re 17,24). 

Estos desplazados se mezclaron con las clases populares que habían quedado en su tierra, dando lugar a los samaritanos. 

Mientras tanto, los habitantes del reino del norte que consiguieron huir se establecieron en el sur, llevando consigo sus tradiciones locales que, con el tiempo, se fusionaron con las de sus hermanos de Judea.

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