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jueves, 5 de mayo de 2016

Curso de Biblia 2016. 42- Los reinos de Israel y Judá (y 5)



Curso de introducción a la lectura de la Biblia 2016
P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d.
42. Historia crítica de Israel: 
Los reinos de Israel y Judá (1030-722 a. C.) 
Quinta parte

La historia deuteronomista comenzó a escribirse en Jerusalén, en tiempos del rey Josías (siglo VII a. C.), cuando el reino del norte era solo un recuerdo de algo que había acabado mal cien años atrás y el reino del sur había florecido.

Los escritores de la época querían advertir a los habitantes de Judea que podían terminar igual si imitaban a sus hermanos, por lo que no se interesaron en contar sus éxitos, sino solo sus pecados y las consecuencias de los mismos.

Estos autores hablan mal incluso del único rey del norte que fue yahvista convencido y que hizo más por la pureza de la fe que todos los reyes del sur juntos (a excepción de Ezequías y Josías, de cuyas reformas hablaremos más adelante, ya que son muy posteriores). 

Se trata de Jehú, ungido rey de Israel por el profeta Eliseo siguiendo las órdenes del profeta Elías, el cual reinó desde el 842 hasta el 814 a. C. 

Este prohibió los cultos extranjeros en Samaría y masacró a todos los profetas, sacerdotes y adoradores de Baal, convirtiendo su templo en una letrina pública (2Re 10,11-28). 

Pero los autores deuteronomistas añaden que él «no se apartó de los pecados que Jeroboán, hijo de Nabat, hizo cometer a Israel: los becerros de oro de Betel y de Dan» (2Re 10,29). 

Es decir, que eliminó el culto a Baal, pero no abolió los santuarios en honor de Yahvé que ponían en entredicho la supremacía de Jerusalén. 

Y no podía hacerlo porque por entonces el templo de Jerusalén no tenía ninguna supremacía ni sobre los santuarios del norte ni sobre los del sur. 

Y los becerros de oro tenían la misma función que el arca de la alianza: servir de escabel al trono de Yahvé. 

De hecho, el arca de la alianza también estaba cubierta por dos querubines de oro, que casi seguramente eran unos toros alados, como los que se han encontrado en varios templos del Medio Oriente. 

Durante siglos, el templo de Jerusalén fue el santuario real, pero no el que concentraba la devoción del pueblo. 

Solo adquirió el rango de santuario nacional con el paso de los siglos, especialmente a partir de la reforma de Josías (622 a. C.) y los redactores deuteronomistas juzgan toda la historia anterior a la luz de esa reforma.

Las informaciones sobre los sucesivos monarcas que recogen los libros de los Reyes siguen siempre un esquema estereotipado:

1- Nombre del rey y fecha de su acceso al trono.
2- Edad del rey cuando comenzó su reinado (solo para los de Judá) y años que se mantuvo en el poder.
3- Nombre de la madre (solo para los de Judá).
4- Juicio religioso.
5- Acontecimientos significativos (si es que alguno les parece importante).
6- Mención de su muerte y entierro.
7- Nombre del sucesor.

Lo más importante es el juicio religioso, que siempre se refiere a si permitió el culto a Yahvé en santuarios fuera de Jerusalén y si consintió el culto a otros dioses en cualquier lugar. 

En este sentido, la sentencia sobre los reyes del norte es siempre negativa y sobre los del sur, casi siempre. Solo se salvan los reyes reformadores Ezequías (716-687) y Josías (640-609). 

Es verdad que estos libros también ofrecen muchos datos históricos, menos de los que nos gustaría conocer hoy pero más de los que nos han llegado de los pueblos vecinos, como Amón, Edom y Moab.

Esta es la lista de los reyes de los dos reinos, después de Saúl (1030-1010 a. C.), David (1010-970) y Salomón (972-932).

Reyes de Israel: Jeroboán (932-911), Nadab (911-910), Basá (910-887), Elá (887-886), Zimrí (que reinó solo 7 días), Omrí (886-875), Ajab (875-853), Ococías (853-852), Jorán (852-841), Jehú (841-814), Joacaz (814-803), Joás (803-787), Jeroboán II (787-747), Zacarías (747), Salún (reinó solo un mes en 747), Menajén (746-737), Pecajías (736-735), Pécaj (735-732), Oseas (732-724). Este último fue llevado preso a Asiria, que destruyó la ciudad de Samaría dos años después, con lo que concluyó para siempre el reino de Israel.

Reyes de Judá: Roboán (932-916), Abías (915-913), Asá (912-871), Josafat (870-848), Jorán de Judá (848-841), Ococías de Judá (841), Atalía (hija de Ajad de Israel y madre de Ococías de Judá, la única mujer y la única no descendiente de David de toda la lista, 841-835), Joás (835-796), Amasías (796-782) Ozías (llamado también Acacías, 781-740), Jotán (740-736), Acaz (también llamado Ajaz, 736-716).

Después de la caída de Samaría desapareció el reino de Israel, pero permaneció el de Judá. Veremos su evolución a partir del siguiente apartado. 

Estos son los reyes que se sucedieron: Ezequías (716-687), Manasés (687-642), Amón (642-640), Josías (640-609), Joacaz (reinó tres meses en 609 y fue deportado a Egipto), Joaquín (también llamado Yoyaquim, que se convierte en vasallo de Babilonia después de la derrota de Egipto, 609-597), Jeconías (también llamado Joaquín, reinó tres meses y fue deportado a babilonia), Sedecías (llamado Matanías antes de comenzar su reinado, 597-587), que presenció el asesinato de sus hijos y fue llevado al exilio después de sacarle los ojos. Con él acaba la «casa de David» y el reino de Judá.

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