Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

martes, 26 de abril de 2016

Curso de Biblia 2016. 38- Los reinos de Israel y Judá (1)


Curso de introducción a la lectura de la Biblia 2016
P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d.
38. Historia crítica de Israel: 
Los reinos de Israel y Judá (1030-722 a. C.). 
Primera parte: el rey Saúl.

Las pequeñas tribus de parientes dedicados al pastoreo y a la agricultura a pequeña escala, situadas al margen de las grandes ciudades cananeas de la época, no podían escapar a la presión que aquellas hacían para controlarlas.

Además, los grupos rivales no paraban de atacarse unos a otros, por lo que antes o después tenían que buscar acuerdos entre ellos si querían sobrevivir. 

Pero lo que les obligó a buscar otro tipo de organización social fue la presión expansiva de los filisteos, que se habían establecido junto a la costa, en la actual franja de Gaza, después de haber sido rechazados por los egipcios. 

En este contexto, algunas tribus se unieron y eligieron a Saúl como «rey», al estilo de los pueblos vecinos (1Sam 8,5). 

Saúl era de la tribu de Benjamín (la tribu del norte situada más al sur) y no parece que su influencia fuera más allá de su tribu de origen, Efraín y Galaad. 

La Biblia lo presenta como vencedor en varias guerras contra los moabitas, edomitas, filisteos, amonitas y amalecitas. 

Es difícil que un grupo de pastores y campesinos sin armas ni experiencia en la guerra pudiera vencer contra ejércitos bien pertrechados y conquistar ciudades fuertemente amuralladas. 

Más bien parece que se proyectaron en los orígenes acontecimientos muy posteriores.

De todas formas, Saúl murió en un enfrentamiento contra los filisteos (posiblemente era la primera guerra seria en la que participó). 

Los textos intentan explicar su fracaso como un rechazo de Yahvé por varias causas: se arrogó funciones sacerdotales, consultó a una adivina y desobedeció las órdenes del profeta Samuel. 

David hizo las mismas cosas y no fue rechazado por ello. Lo mismo podemos decir de los reyes posteriores, por lo que la interpretación de estos acontecimientos no es sencilla, tal como veremos al estudiar los libros que los recogen.

Hemos de tener cuidado para no identificar la figura del «rey» con los gobernantes de los siglos posteriores. 

De hecho, Saúl nunca tuvo una capital, ni una corte de consejeros, ni un ejército regular, sino que convocaba al pueblo para defenderse de los enemigos cuando hacía falta. Se parece más a los «jueces» anteriores que a los «reyes» posteriores.

A su muerte, pareció que la monarquía iba a desaparecer, sin embargo, David la consolidó e institucionalizó.

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