Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

jueves, 21 de abril de 2016

Curso de Biblia 2016. 36- El asentamiento en Canaán (2)



Curso de introducción a la lectura de la Biblia 2016
P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d.
32. Historia crítica de Israel: El asentamiento en Canaán 
(siglos XIII-XI a. C.) (segunda parte)

Lo que más llama la atención de este periodo es que continuamente se hace referencia a la «guerra santa» e incluso se habla de las «guerras del Señor» (1Sam 18,17; 25,28), llegando a nombrarse un «libro de las batallas de Yahvé» (Núm 21,14) donde estaban recogidas.

Como hacían los otros pueblos de su entorno, cuando los israelitas iban a la guerra usaban armas que normalmente se guardaban en los santuarios, se abstenían de relaciones sexuales y de vino, la acompañaban de oráculos y consideraban que el botín, el ganado y los prisioneros tenían que ser «entregados al anatema» (es decir: exterminados y quemados como ofrenda a Dios, que es presentado como el capitán de las tropas). 

Hoy esos textos nos resultan difíciles de entender e incluso escandalosos: ¿Cómo puede ordenar Dios que las ciudades sean totalmente destruidas y aniquilados todos sus habitantes, incluidos los ancianos las mujeres y los niños?

Por un lado, hemos de recordar que usan un género literario muy extendido en el Medio Oriente para contar las batallas, que siempre se consideran guiadas por los dioses locales. Ellos son los que pelean en favor de sus fieles y todo el botín, en principio, les pertenece, aunque a veces lo pueden compartir con los soldados que han participado en la guerra. 

Veamos algunos ejemplos extrabíblicos:

En primer lugar, una inscripción asiria del año 853 a. C. afirma que su rey venció a sus enemigos gracias a la intervención de sus dioses y se detiene en describir cómo los exterminó: 

«Yo marché del Éufrates y llegué a Halman. […] Destruí, demolí e incendié Qarqara, su ciudad real. […] Con la poderosa ayuda que Asur (un dios local), mi Señor, me ha dado y con las poderosas armas que Nergal (otro dios local), que va delante de mí, me ha concedido, combatí contra ellos. […] Esparcí sus cadáveres, hice correr su sangre […], les arrebaté sus carros y su caballería» (monolito de Kurk).

Otra inscripción del 850 a. C. cuenta la victoria de un rey moabita contra los israelitas y atribuye la victoria a sus dioses, por lo que sacrificó a todos los vencidos en su honor. Además, es el testimonio más antiguo que se conserva de que el Dios de Israel se llama Yahvé: 

«Yo soy Mesá, hijo de Kemoshyat, rey de Moab […]. Hice este “alto lugar” para Camós (nombre de un dios) […] pues me hizo triunfar de todos mis enemigos. […] Triunfé sobre el rey de Israel y su casa quedó arruinada. […] Camós lo abatió […]. Tomé Nebo y maté a todos, siete mil hombres con extranjeros, mujeres, extranjeras y concubinas, ya que la había destinado al “anatema” por Astar-Camós. De allí tomé los vasos de Yahvé y los llevé ante Camós» (estela de Mesá en Moab).

Como vemos, estas inscripciones se parecen mucho a los relatos de las «guerras santas» de Israel, que usan las mismas expresiones. 

Hoy nos puede parecer un lenguaje inapropiado para la Biblia, pero era el que tenían sus compositores y no podían usar otro. 

Es como si pretendiéramos que un copista medieval hubiera escrito su texto con una computadora porque hoy nos resulta difícil leer el manuscrito. Es imposible, porque solo podía usar los medios que tenía a su alcance. Esto sirve para los medios técnicos, pero también para las formas de expresión.

Además, tampoco debemos olvidar que la redacción final de los textos bíblicos que recogen estas guerras es de la época del exilio en Babilonia (s. VI a. C.), mucho tiempo después de cuando sucedieron los acontecimientos. 

Los judíos se encontraban lejos de su patria y los escritores estaban convencidos de que la culpa había sido de Israel, que se mezcló con los pueblos paganos e imitó sus costumbres. 

Por eso afirman que Dios les mandó destruirlos y no mezclarse con ellos, pero todos eran plenamente conscientes de que no había sucedido así.

Sin embargo, los que con el tiempo serían llamados «israelitas» en origen no debieron ser muy distintos de los «cananeos», visto que continuamente se casaron entre ellos, aunque a partir de la reforma de Esdras y Nehemías (al regreso del exilio en el siglo V a. C.) se interpolen en los textos continuas prohibiciones de hacerlo, presentándolos como grupos distintos e incompatibles, especialmente los madianitas y los moabitas, con los que habían compartido tantos encuentros y desencuentros hasta entonces. 

Obviamente, nadie había respetado esta ley hasta entonces porque no existía. 

De hecho, se afirma que esa norma venía de Moisés (cf. Neh 10,30-31), pero él mismo se casó con Séfora, una madianita, y su suegro Jetró, que era sacerdote de Madián, le ayudó a organizar la vida del pueblo (Éx 3,1; 18,1-10), por lo que difícilmente podía haber ordenado a los demás algo que él no hizo. 

Igualmente, una de las heroínas de Israel era moabita: Rut, abuela del rey David (Rut 1,3). 

Además de Moisés, el legislador, se casaron con extranjeras numerosos personajes de la Biblia, como el patriarca José, el juez Sansón, el rey David y todos sus sucesores.

Los judíos que regresaron del exilio sí que formaban un grupo totalmente distinto de los otros grupos humanos que entonces compartían su tierra. 

Esas narraciones adquieren pleno sentido en ese contexto. 

Además, ayudaban a despertar la esperanza de los que volvieron desde Babilonia a Judea: Dios entregó la tierra a los antepasados y volverá a hacerlo si el pueblo confía en él. 

De hecho, a pesar de que en su época ya no existían, Ezequiel concluye su libro describiendo la repartición futura de la tierra entre las doce tribus (Ez 47,13-48,35) tal como se hizo en tiempos de Josué; aunque en realidad, reflejaba la distribución administrativa de Judá en doce distritos, que los escritores deuteronomistas retrotraen hasta Salomón (1Re 4,7).

1 comentario:

  1. ¡¡¡ BENDITÍSIMOS DÍAS ...! ¡ PADRE EDUARDO SANZ DE

    MIGUEL ... !!!!!!!!!!


    ¡ A TRAVÉS DE LOS ESPACIOS SIN TIEMPOS

    DIOS CONSTRUYE Y EL HOMBRE DESTRUYE ... PERO LA CREACIÓN

    Y LA PACIENCIA DE DIOS SON ETERNAS ... ! ¡ EL AMOR

    DE DIOS PADRE ES INFINITO ETERNO ... Y NOS ABRAZA Y ABRASA

    CON SUS MISTERIOS D E PASIONES VÍRGENES ...!!!!!!!!!!

    ¿ CUÁL ES LA REALIDAD Y CUÁL EL SUEÑO ...? ¡ OH REALIDADES

    DIVINAS QUE SE SUCEDEN INCESANTEMENTE EN ESTE AMAR ... AMAR...

    AMAR...! ¡ OH MÁGICOS CREPÚSCULOS Y AMANECERES DEL ALMA ENAMORADA

    ... DEL ALMA APASIONADA CON SED Y HAMBRE DE DIOS AYER ...

    HOY ... MAÑANA ... ! ¡ HAMBRE Y SED DE DIOS ...! ¡ SÍ ...! ¡ DIOS

    NOS CREÓ PARA ÉL ... Y SOMOS ETERNOS CON DIOS ... !

    AMÉN ...!!!!!!!!!!!

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