Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

miércoles, 20 de abril de 2016

Curso de Biblia 2016. 35- El asentamiento en Canaán (1)


Curso de introducción a la lectura de la Biblia 2016
P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d.
35. Historia crítica de Israel: El asentamiento en Canaán 
(siglos XIII-XI a. C.) (primera parte)

A finales del segundo milenio a. C. los hebreos iniciaron un largo proceso para instalarse en las tierras altas de Canaán (las llanuras estaban ya ocupadas por ciudades-estado fuertemente estructuradas).

Normalmente se establecieron en territorios despoblados o hicieron alianzas de buena vecindad con los moradores que se encontraron. En la Biblia se ha conservado el recuerdo de un tratado con los gabaonitas (Jos 9). 

En algunas ocasiones conquistaron o defendieron territorios con las armas; en otras, sus enemigos los expulsaron de espacios que ellos consideraban propios. 

Lo cierto es que se da una tensión entre la presentación que hacen de este periodo el libro de Josué y el de los Jueces

El primero cuenta la «conquista» como una campaña militar rápida y fácil, una epopeya en la que triunfa la astucia y la fe de los israelitas sobre la fuerza bruta de sus enemigos, que formaban «una tropa numerosa como la arena de la playa, con muchísimos caballos y carros» (Jos 11,4). 

Una tras otra, caen todas las ciudades cananeas, hasta que llegan a Jasor, la más importante, «capital de aquellos reinos» (Jos 11,10). 

Tras la conquista, viene el reparto de la tierra entre las tribus, de manera que el libro concluye de esta manera: 

«Así el Señor dio a Israel toda la tierra que había jurado dar a sus padres. Los israelitas la ocuparon y se instalaron en ella. El Señor les concedió paz en todas sus fronteras, tal como había jurado a sus padres, y ninguno de sus enemigos pudo hacerles frente. No falló ni una sola de todas las magníficas promesas que el Señor había hecho a la casa de Israel. Todo se cumplió» (Jos 21,43-45).

El segundo libro (que presenta a algunos de los personajes más pintorescos de la Biblia, como Sansón, Jefté, Débora y Gedeón) se detiene en las dificultades de un proceso que se prolongó durante varios siglos: 

«Manasés no se apoderó de Bet Seán y sus villas, ni de Tanaac y sus villas, ni de los habitantes de Dor y sus villas, ni de los habitantes de Yibleán y sus villas, ni de los habitantes de Meguido y sus villas; por eso los cananeos siguieron morando en aquel país. […] Efraín no expulsó al cananeo que moraba en Guézer, por ello los cananeos siguieron habitando en medio de aquel en Guézer. Zabulón no expulsó a los habitantes de Quitrón ni a los habitantes de Nahalol, por ello los cananeos siguieron habitando en medio de aquel […]. Aser no expulsó a los habitantes de Aco […]. Neftalí no expulsó a los habitantes de Bet Semes […]. Los amorreos rechazaron a los danitas hacia la montaña, sin permitirles bajar al llano» (Jue 1,27s).

Los libros de Josué y de los Jueces están seguidos en la Biblia y los redactores armonizaron algunas cosas pero conservaron las contradicciones, obligando a los lectores a preguntarse por el mensaje de los textos más allá de las apariencias. Hablaremos de ello al estudiar cada libro. (Continuará mañana).

1 comentario:

  1. ¡ PADRE...! ¡ SEGUIMOS EMBRIAGADOS CON LAS PÁGINAS

    LATIENDO ... ! ¡ DIOS A TRAVÉS SUYO ... !!!!!!!!!!!!!

    ResponderEliminar