Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

lunes, 18 de abril de 2016

Curso de Biblia 2016. 33- El éxodo (1)


Curso de introducción a la lectura de la Biblia 2016
P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d.
33. Historia crítica de Israel: El éxodo (siglo XIII a. C.) (primera parte)

En momentos de hambre, provocada por una gran sequía, algunas grupos de semitas se instalaron en Egipto porque allí era más fácil encontrar comida (cf. Gén 42,1s).


Este tipo de desplazamientos desde las zonas semidesérticas de Canaán hacia el delta del Nilo está atestiguado durante siglos, e incluso durante milenios. 

En Canaán, la agricultura y el pasto para los ganados dependen de las lluvias del invierno, por lo que no siempre están asegurados, mientras que en Egipto el agua del Nilo permite sobrevivir incluso en años de sequía. 

La Biblia cuenta que los descendientes de Abrahán terminaron convirtiéndose en esclavos de los egipcios durante cuatrocientos treinta años, hasta que fueron liberados por Moisés hacia el 1250 a. C. (cf. Éx 12,40). 

Es el acontecimiento llamado «éxodo», que significa ‘salida’ (y lo escribimos con minúscula). Está recogido en el libro del Éxodo (con mayúscula) y en los otros libros del Pentateuco.

Posiblemente fueron varios las oleadas de semitas que entraron y salieron de Egipto en circunstancias distintas, tal como testimonian las fuentes extrabíblicas, aunque ninguna apoya la muerte de un faraón persiguiendo fugitivos ni una expulsión tan numerosa como la que narra el libro del Éxodo, que habla de «unos seiscientos mil hombres de a pie, sin contar los niños» (Éx 12,37). El libro de los Números da una cifra aún mayor (Núm 26,51). 

Si pensamos que por cada varón «en edad de ir a la guerra» debería haber también una mujer y algunos niños y ancianos, estamos hablando de varios millones de personas. Una población que no tuvo la tierra de Canaán en toda la antigüedad (y que solo ha alcanzado ese número desde finales del siglo XX). 

Por lo tanto, los números no tienen un valor matemático, sino simbólico (tal como sucede en muchos otros textos de la Biblia y estudiaremos en su momento).

La Escritura recoge dos tradiciones distintas sobre la salida de Egipto: unas veces se habla de «expulsión» de los hebreos, a los que se consideró responsables de algunas desgracias (las «plagas»), y otras veces se habla de «huida» nocturna, que provocó la persecución de los egipcios, que no querían perder sus esclavos.

La narración final armoniza varias tradiciones tanto sobre la salida de Egipto como sobre la permanencia en el desierto y el camino que recorrió el pueblo hasta llegar a la Tierra Prometida. 

Nos encontramos ante una hermosa profesión de fe en el Dios que libera a los oprimidos y se pone de parte de los débiles, usando muchas veces de un profundo sentido del humor que seguramente haría reír a los oyentes originales. 

Después de abandonar la tierra de la esclavitud y de cruzar el mar, el pueblo anduvo cuarenta años caminando por el desierto, el tiempo que duraba una generación, para indicar que los que entraron en la Tierra Prometida no fueron los que adoraron a los falsos dioses en Egipto, sino sus descendientes. 

En los textos aparece continuamente la tensión entre la esperanza por llegar a la tierra de la libertad y la añoranza por las seguridades que tenían en la tierra de la esclavitud.

Especial importancia adquiere la alianza que Dios hizo con su pueblo en la «montaña de Dios», llamada unas veces «Sinaí» y otras «Horeb», según las distintas tradiciones. 

Allí les entregó las tablas de la ley, «los diez mandamientos», para que los que habían sido liberados de la esclavitud pudieran vivir de verdad como hombres libres. 

El resto de la legislación judía se pone en relación con esta experiencia (aunque en muchos casos sea muy posterior). 

La localización concreta de ese monte no preocupó a los judíos del pasado. San Pablo, por ejemplo, lo sitúa en Arabia (Gál 4,25). Si coincide con el lugar donde Dios reveló su nombre a Moisés, la Escritura lo coloca en tierras de Madián (Éx 3,1), en Jordania. 

La identificación con el lugar actual es del s. IV d. C. cuando, para evocar los acontecimientos bíblicos, se construyó una capilla cristiana que se convirtió en monasterio en el s. VI (el cual subsiste hasta el presente).

Lo mismo sucede con el mar Rojo, que en los textos bíblicos no es llamado así, sino «yam suf» (que significa ‘mar de las cañas’). La Biblia supone que se encuentra en tierra de Egipto, antes de entrar en el desierto, mientras que el actual mar Rojo se encuentra a varias jornadas de camino, después de atravesar la península del Sinaí, por lo que no coincide con los relatos bíblicos. Además, en sus orillas no crecen cañaverales. 

De todas formas, desde varios siglos antes de Cristo hubo importantes comunidades judías en tierras de Egipto, especialmente en las ciudades de Alejandría y Elefantina, pero nunca se interesaron por identificar los lugares geográficos relacionados con el éxodo, ya que lo importante para ellos era su mensaje.

La Biblia ofrece una interpretación global de los acontecimientos del éxodo, presentándolos como un tiempo de prueba y capacitación, como una manifestación de la ternura paternal de Dios hacia su pueblo: 

«Acuérdate del camino que el Señor te ha hecho andar durante cuarenta años a través del desierto para afligirte y ponerte a prueba, con el fin de conocer las inclinaciones de tu corazón y ver si cumplías sus mandamientos. Te afligió y te hizo pasar hambre, y después te alimentó con el maná –comida que no conocíais ni tú ni tus padres–, para enseñarte que no solo de pan vive el hombre, sino de todo lo que sale de la boca del Señor. Durante esos cuarenta años no se desgastó la ropa que llevabas puesta ni se te hincharon los pies. Reconoce en tu corazón que el Señor tu Dios te corrige como un padre hace con su hijo. Cumple los mandamientos del Señor tu Dios, siguiendo sus caminos y respetándole» (Dt 8,2-6).

1 comentario:

  1. ¡¡¡ PRECIOSÍSIMO TODO EL LATIR ...!!!!!!!!!!!


    " ................................................................... ........................................................................................................................................................ ACUÉRDATE DEL CAMINO QUE EL SEÑOR TE HA HECHO ANDAR DURANTE 40 AÑOS A TRAVÉS DEL DESIERTO ....................................................................................................................................................................."


    ¡¡¡ AMÉN ... ! ¡ AMÉN ...! ¡ AMÉN ... !!!!!!!! ¡¡¡ OH DIOS MISERICORDIOSÍSIMO ...! ¡ OH HERMOSO PADRE ETERNO ENGENDRÁNDONOS ... AMÁNDONOS ... EN LOS ESPACIOS SIN TIEMPOS DE MI AMOR ... ¡ TU AMOR ...! ¡ AMÉN ... !!!!!!!!!!

    ¡ GRACIAS DE TODO CORAZÓN PADRE EDUARDO

    SANZ DE MIGUEL... !!!!!!!!!!!

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