Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

martes, 12 de abril de 2016

Curso de Biblia 2016. 31- Los patriarcas (1)


Curso de introducción a la lectura de la Biblia 2016
P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d.
31. Historia crítica de Israel: Los patriarcas (primera parte)

La Escritura afirma: «Mi padre era un arameo errante» (Dt 26,5). De hecho, algunos antepasados de Israel vivieron como nómadas en Mesopotamia (cf. Gén 11,10-16).

Al igual que sus contemporáneos, eran politeístas, adoradores de las divinidades locales. Más adelante hablaremos de las características de la sociedad nómada, especialmente del ejercicio de la autoridad en la familia, de la solidaridad entre los clanes y del castigo de los crímenes.

Aunque el período de los patriarcas bíblicos transcurre entre el 2000 y el 1400 a. C., sin que se pueda concretar más con certeza, se suele situar hacia el 1800 a. C. la llamada de Abrahán, quien sintió que un Dios personal le invitaba a salir de su patria y a dirigirse hacia la tierra de Canaán. 

Él se fió de Dios y salió de su tierra «sin saber a dónde iba» (Heb 11,8) convirtiéndose en «padre» de todos los que creen y se ponen en camino confiando en Dios. 

Este movimiento se encuadra en el de varios grupos de semitas nómadas que se desplazaron por entonces (y continuaron haciéndolo en tiempos posteriores) desde los desiertos de Arabia. 

Buscando tierras más fértiles se establecieron en Babilonia (los «amorreos»), en Egipto (los «hicsos») y en Canaán (varios grupos menores).

Antes de afirmar que Abrahán «se puso en camino, obedeciendo a la palabra del Señor» (Gén 12,4), el texto informa de que su padre «salió de Ur de los Caldeos en dirección a Canaán» (Gén 11,31). 

Así, el camino de Abrahán se enmarca en el contexto de las emigraciones que en esa época realizan los semitas. 

Sin embargo, la Biblia interpreta el acontecimiento y dice que su historia, aunque se parece a la de otros contemporáneos de su misma raza, es distinta, ya que Abrahán lo hizo respondiendo a una llamada de Dios. 

Y con su obediencia comenzó una historia nueva, una «historia de salvación» en la que se enlazan lo humano y lo divino.

Él y sus descendientes vivieron como pastores seminómadas en la zona. 

De hecho, la separación entre Abrahán y Lot tiene lugar a causa de los pastos para sus ganados (Gén 13). 

También el conflicto entre Labán y Jacob es a causa de los ganados (Gén 30). 

Cuando los hijos de Jacob emigran a Egipto (estado agricultor en torno al Nilo) lo hacen en cuanto pastores, y por eso reciben el permiso de establecerse en la región de Gosén para cuidar los ganados del faraón (Gén 47). 

La aversión hacia los cerdos se explica precisamente por el rechazo de los pastores seminómadas hacia los agricultores sedentarios, que encontraban en el cerdo su principal fuente de carne.

Tal como lo cuenta la Biblia, Abrahán fue padre de Isaac; Isaac lo fue de Jacob; y Jacob de doce hijos (José y sus hermanos) que dieron lugar a las doce tribus de Israel. Esta es una presentación idealizada y simplificada de los orígenes del pueblo.

La historia real es mucho más compleja, tal como veremos al tratar de los libros de los Jueces y de Samuel: cada tribu tenía tradiciones particulares sobre sus antepasados, los territorios que habitaban y los santuarios locales en los que se reunían para dar culto a su Dios (o a sus dioses en épocas remotas). 

Entre ellas se establecieron relaciones motivadas por factores de orden geográfico o por intereses económicos. 

Algunas se unieron entre sí, otras fueron absorbidas y otras aniquiladas. 

A partir del siglo VIII a. C. se comenzó a crear una historia común que justificara las relaciones entre ellas. 

En la redacción definitiva (cuando la mayoría de las tribus ya no existían) se recogieron los recuerdos y documentos que se conservaban de los varios grupos, para que no se perdieran, y se les dio una interpretación religiosa a la luz de la fe en Yahvé y de los acontecimientos posteriores.

Es fácil comprobar que la redacción de las tradiciones sobre los patriarcas es de los siglos VIII-VII a. C., ya que las estructuras familiares que presentan (formadas por el matrimonio y los hijos en habitaciones propias del núcleo familiar) no se corresponden con las de la época nómada (en la que convivían varias generaciones bajo una autoridad única). 

Además, se hacen numerosas referencias a los camellos (que en la época de Abrahán aún no estaban domesticados), al comercio de «goma, bálsamo y resina» (típico de los pueblos árabes en la época del imperio asirio), a los filisteos (que se establecieron en la franja de Gaza al inicio de la época monárquica), a algunas ciudades que fueron edificadas más tarde, etc. 

Incluso en cierta ocasión a los redactores finales se les escapa decir que algo sucedió «cuando los cananeos y los pericitas habitaban en el país» (Gén 13,7), lo que indica que ya no era así cuando se escribió.

Especial significado tiene la insistencia de los relatos patriarcales en que los matrimonios de los israelitas sean con gente de su raza para evitar mezclarse con los habitantes del país, algo que sabemos que no se comenzó a dar hasta los últimos años de la época monárquica y especialmente al regreso del exilio. 

De hecho, tanto Moisés como varios jueces y casi todos los reyes de Israel y de Judá se casaron con mujeres cananeas y fenicias.

Continuará mañana, si Dios quiere.

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