Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

lunes, 7 de marzo de 2016

Reflexiones sobre la Semana Santa


La Semana Santa de Jesús
P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d.
1- Introducción

La Semana Santa es el corazón del año litúrgico cristiano. Y el Triduo Pascual (que va desde el Jueves Santo por la tarde hasta el anochecer del Domingo de Pascua) es el corazón de la Semana Santa. En él celebramos la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo.

Sus celebraciones son tan importantes que las preparamos durante cuarenta días (la Cuaresma) y las prolongamos durante cincuenta días más (el Tiempo Pascual). Además, cada domingo es considerado «la Pascua de la semana» y en cada eucaristía se hace presente para nosotros la gracia que Cristo nos entregó con su pasión, muerte y resurrección. 

Como vemos, la Semana Santa tiene una importancia fundamental en la vida litúrgica de la Iglesia y lo mismo podemos decir de la reflexión bíblica y teológica.

Pero, ¿por qué estos días son tan importantes?, ¿por qué la Iglesia dedica tanto tiempo a prepararlos?, ¿por qué da tanta importancia a ese periodo del año? 

La respuesta es sencilla: en ella sucedieron los principales acontecimientos de nuestra fe: la pasión, muerte y resurrección de Jesús. 

Por eso, hablando de la Semana Santa, san Juan Crisóstomo dice que es «la Semana Grande o Semana Mayor, no porque sus días sean más largos que los demás –los hay que tienen más horas de luz–, sino porque en ellos el Señor ha hecho cosas admirables».

De hecho, la primera predicación de la Iglesia (el «Kerigma» primitivo) anunciaba que Jesús ha sido constituido salvador universal precisamente por su muerte y resurrección: «A Jesús el Nazareno […] lo matasteis […], pero Dios lo resucitó [... y] lo ha constituido Señor y mesías» (Hch 2,22-36). 

La pasión, muerte, resurrección y glorificación de Cristo constituyen el «misterio pascual», entendido siempre en relación con nosotros, según el conocido texto de San Pablo: «Entregado a la muerte por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificación» (Rom 4,25). 

Obviamente, no agota todo el misterio de Cristo, pero es su núcleo, que, por un lado, resume e interpreta toda la historia de Jesús y, por otro, fundamenta y anticipa la vida de gracia de la Iglesia y de cada cristiano.

Si leemos los evangelios con atención, nos daremos cuenta de que la narración de los últimos días terrenos de Jesús es especialmente larga y elaborada. 

San Mateo, por ejemplo, consagra a este argumento un tercio de su obra, que está organizada de la siguiente manera: 
- 2 capítulos dedicados a la infancia del Señor.
- 14 a su vida pública en Galilea.
- 4 a su camino hacia Jerusalén.
- 8 a los acontecimientos situados entre el Domingo de Ramos y la Pascua. 

San Marcos le dedica aún más espacio, hasta el punto que la Semana Santa ocupa casi la mitad del libro, ya que no habla de la infancia de Jesús y sus 16 capítulos se organizan de la siguiente manera:
- 8 capítulos dedicados su actividad en Galilea.
- 2 a su camino a Jerusalén.
- 6 a los contenidos de la Semana Santa. 

Como vemos, ya desde los tiempos apostólicos, la Iglesia centró su mirada en esos días que llamamos «santos». Por eso, los próximos días hablaremos de la Semana Santa de Jesús. 

Una cosa está clara: la muerte de Jesús desconcertó a sus discípulos, que en un primer momento huyeron de Jerusalén o se escondieron para no terminar como su maestro. 

Sin embargo, a los pocos días, comenzaron a predicar por todos los sitios que Jesús está vivo: «Sepa con certeza toda la casa de Israel que Dios ha constituido Señor y mesías a este Jesús a quien vosotros habéis crucificado» (Hch 2,36). 

Después de la resurrección de Jesús, los primeros cristianos releyeron y reinterpretaron su historia a la luz de las Sagradas Escrituras, encontrando que todo lo que hasta entonces les parecía confuso tenía un sentido, porque correspondía al eterno proyecto salvador de Dios: «Ya os dije que era necesario que se cumpliera todo lo escrito en la Ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí. Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras» (Lc 24,44-45). 

Los primeros cristianos se inspiraron en lo que hizo Jesús con los discípulos de Emaús: buscaron en el Antiguo Testamento las claves de interpretación de lo que habían vivido en Jerusalén. Nosotros haremos lo mismo.

Durante los últimos días (o semanas) de la vida mortal de Jesús tuvieron lugar varios acontecimientos de significado extraordinario que prepararon el desenlace definitivo: la resurrección de Lázaro, la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, la purificación del templo, la predicación sobre los últimos tiempos, la Última Cena, la traición de Judas... 

La Iglesia primitiva comprendió el profundo significado de esos acontecimientos, por lo que fue lo primero que puso por escrito en los evangelios. La narración de estos hechos adquirió tanta importancia que algunos autores afirman que los evangelios son relatos del misterio pascual de Cristo, precedidos por una gran introducción, que ayuda a interpretarlos correctamente.

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