Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

martes, 8 de marzo de 2016

La Pascua judía


La Semana Santa de Jesús
P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d.
2- El contexto: La Pascua judía

La Semana Santa de Jesús tuvo lugar en el contexto de una Pascua judía. Por eso, para entender los sucesos de aquellos días, hemos de hablar antes de la historia de la Pascua y de sus contenidos.

La Pascua prejudía

En su origen, la Pascua era una celebración de pastores seminómadas que tenía lugar en muchos territorios en torno al Mediterráneo al inicio de la primavera, en el momento en que se preparaban para trasladarse desde los pastos de invierno (situados en los valles, lugares más resguardados del frío) a los de verano (en las montañas, donde sigue brotando la hierba y las fuentes se mantienen con agua durante el tiempo del calor). 

De hecho, el nombre de la fiesta significa precisamente «paso» de un lugar a otro. Es la famosa trashumancia de los ganados, que tanta importancia ha tenido hasta no hace mucho tiempo.

En nuestros días, las ovejas paren durante todo el año, pero su tendencia natural es la de cubrirse en otoño y parir al inicio de la primavera. Por eso, antiguamente coincidía el nacimiento de los corderillos con el traslado de Pascua. 

Para que las crías no murieran durante la marcha a causa del calor, los rebaños se desplazaban de noche, aprovechando el fresco. Esta es la causa por la que esperaban a la luna llena, para tener una buena visión. Por eso la Pascua se sigue celebrando al llegar la primera luna llena después del equinoccio de primavera.

En Canaán, al atravesar los territorios de otras tribus beduinas, normalmente tenían que pagar un tributo para poder acampar en sus tierras y usar sus pozos de agua. 

Algo parecido sucedía al atravesar los desiertos: los antiguos pensaban que eran la morada de los demonios, por lo que antes de atravesarlos sacrificaban un cordero, ofreciéndoselo como tributo, y mojaban sus tiendas con la sangre del animal para que se viera que ellos habían cumplido su parte. 

En la cena, acompañaban la carne con verduras amargas silvestres, que dan sabor en ausencia de sal, y con panes sin fermentar, típicos de los beduinos y de otros grupos seminómadas.

El estudio de los detalles del rito (la fecha, el tipo de víctima, la manera de cocinarla, los ingredientes que la acompañan y las disposiciones de los comensales), muestra que la Pascua era una fiesta prejudía, de carácter propiciatorio, muy cercana a la fiesta árabe de «Radjab» (también centrada en el sacrificio de un cordero y también originalmente preislámica) y a otras similares que se desarrollaron entre los pastores seminómadas del arco Mediterráneo hace varios milenios. 

Esa cena, en la que se encontraban todos los miembros del clan antes de la separación anual con motivo de la trashumancia, servía para renovar la unidad entre el grupo y las divinidades familiares, a las que se pedía protección para el camino.

Por su parte, la fiesta de los panes ázimos era también una celebración de inicio de la primavera, propia de los pueblos sedentarios de Canaán, que ofrecían a sus divinidades las primicias de sus cosechas. 

Los israelitas la asumieron y la fusionaron con la Pascua, hasta el punto que los dos nombres (Pascua y Ázimos) terminaron usándose indistintamente.


La Pascua de Moisés

El libro del Éxodo comenta que los descendientes de los patriarcas, sometidos a esclavitud en Egipto, querían celebrar la Pascua al inicio de primavera, como habían hecho sus antepasados cuando vivían en el desierto. 

Por eso, Moisés y Aarón piden al faraón: «Deja partir a mi pueblo, para que celebre una fiesta en mi honor en el desierto […]; déjanos ir tres días al desierto, a realizar el sacrificio a Yahvé, nuestro Dios» (Éx 5,1.3). 

La narración de las plagas va unida a la negativa del faraón, permisos parciales y sucesivas rectificaciones, que concluyen con la orden final: «Id a dar culto a Yahvé, según vuestra petición» (Éx 12,31). 

Al llegar a este punto, la Escritura recoge las instrucciones que Dios dio a Moisés para la celebración de la Pascua «en tierra de Egipto» (Éx 12,1), inmediatamente antes de la liberación. 

En ese texto, la Pascua es interpretada como «paso» del Señor y la cena consiste en un animal de ganado menor, propio de pastores, que debe sacrificar cada uno en su casa, allí donde haya una familia judía: 

«Cada uno procurará un animal para su familia […]. Tomaréis la sangre y rociaréis las dos jambas y el dintel de la casa donde lo hayáis comido. Esa noche comeréis la carne, asada a fuego, comeréis panes sin fermentar y verduras amargas […]. Es la Pascua, el paso del Señor. Esta noche pasaré por todo el país de Egipto, dando muerte a todos sus primogénitos […]. Al ver la sangre, pasaré de largo y, cuando castigue a Egipto, la plaga no os alcanzará. Este día será para vosotros memorable, en él celebraréis la fiesta del Señor, ley perpetua para todas las generaciones» (Éx 12,1-14).

La salida de Egipto tuvo lugar en la primavera de un año hacia el 1250 a. C. De esta manera, la Pascua se convirtió en una celebración vinculada a esa intervención de Dios, que salvó a los israelitas de la esclavitud y los generó como pueblo. 

De rito ligado al ciclo anual de la naturaleza, pasó a convertirse en un acontecimiento histórico, en el que Dios actúa la salvación.


La Pascua de Israel

Durante una fiesta de Pascua, Israel hizo experiencia de la bondad de Dios, que lo liberó de la esclavitud. 

Desde entonces, la Pascua adquirió un significado nuevo: ya no era la fiesta del «paso» de los pastos de invierno a los de verano, sino el recuerdo del «paso» del Señor, que estuvo grande e hizo «pasar» a los israelitas de la servidumbre a la libertad (cf. Éx 12). 

Por eso, el sacrificio del animal, la sangre, las verduras amargas y los panes ázimos se empezaron a interpretar de una forma nueva. 

La Pascua se convirtió en un «memorial» («zikkarôn» en hebreo) que debe celebrarse en cada generación: «Este día será para vosotros un memorial, en él celebraréis la fiesta del Señor, ley perpetua para todas las generaciones» (Éx 12,14). 

El libro del Deuteronomio recoge las normas para su celebración en la Tierra Prometida: 

«Respeta el mes de Abib celebrando en él la Pascua en honor del Señor, tu Dios, porque una noche del mes de Abib él te hizo salir de Egipto. Inmola al Señor, tu Dios, como víctima pascual, un animal del ganado mayor o menor, en el lugar que él elija para constituirlo morada de su Nombre […]. No inmoles la víctima pascual en cualquiera de las ciudades que el Señor, tu Dios, te dará. La inmolarás únicamente en el lugar que él elija para constituirlo morada de su Nombre […]. Durante seis días comerás pan sin levadura, y el séptimo día harás una asamblea litúrgica en honor del Señor» (Dt 16,1-14).

El discurso se sitúa a las puertas de Canaán, antes de la conquista de la tierra, pero refleja una situación muy posterior. 

Mientras que el relato del Éxodo describía la Pascua de un pueblo seminómada, que no poseía un culto centralizado y anunciaba un acontecimiento futuro, aquí encontramos algo distinto. 

En primer lugar, se habla de la liberación de la esclavitud como de algo ya sucedido, cuyo recuerdo se debe perpetuar. 

En segundo lugar, la víctima ya no se toma únicamente del ganado menor que poseían los pastores, sino que se amplía también a los bovinos, lo que indica que se refiere a un grupo sedentario. 

Por último, ya no se sacrificará en cualquier sitio donde se encuentre una familia hebrea, sino únicamente en donde esté «la morada de su Nombre»; es decir, en Jerusalén. 

Como vemos, este texto es el testimonio de cómo Israel celebraba la Pascua cuando ya se había establecido en Palestina, varios siglos después de la salida de Egipto.

La Pascua ritual de los judíos sirve para recordar una grandiosa intervención de Dios, que dio origen a Israel como pueblo. 

El libro del Éxodo recoge la obligación de mantener vivo el recuerdo: «Cuando os pregunten vuestros hijos: “¿Qué significa para vosotros este rito?”, responderéis: “Este es el sacrificio de la Pascua de Yahvé, que pasó de largo por las casas de los israelitas en Egipto cuando hirió a los egipcios y salvó nuestras casas”» (Éx 12,26-27). 

Es natural que, generación tras generación, se profundizara su significado y se enriqueciera su celebración. 

La Pascua no era un acontecimiento cualquiera, sino la celebración de los orígenes del pueblo, la ocasión anual para renovar la alianza con Dios y para confesar la fe en su providencia: Por caminos maravillosos, Dios llevó a su pueblo de la tristeza al gozo, de la oscuridad a la luz, de la esclavitud a la libertad. 

En cada cena pascual, Israel reafirma su propia identidad como pueblo de la alianza, creado por Dios para ser testigo de su poder y de su misericordia ante el mundo. El Dios que lo sacó de la esclavitud y lo constituyó como pueblo, estará a su lado para siempre.

Desde el principio, la Escritura y la tradición de Israel dieron a la Pascua un doble significado: Por un lado, Dios «pasó» en Egipto, salvando a los israelitas y castigando a los egipcios; por otro, Dios hizo «pasar» al pueblo de la esclavitud a la libertad.

3 comentarios:

  1. ¡¡¡ GRACIAS DE TODO CORAZÓN ¡ PADRE EDUARDO SANZ DE MIGUER POR SEGUIR NUTRIÉNDONOS ... DELEITÁNDONOS EN ESTE MISTERIOSO CAMINO HACIA LA MONTAÑA SANTA DÁNDONOS AL DIOS UNO Y TRINO ... ¡ DIOS AMOR MISERICORDIOSÍSIMO ...EMBRIAGÁNDONOS EN ESTA SED Y HAMBRE ENTERECEDORA ... LA SED DE DIOS ... EL HAMBRE DE DIOS ...EN ESTE CAMINO DE ETERNIDADES MÁGICAS ...!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

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  2. Y ahora los judíos trasladan esa esclavitud de la que fueron víctimas en épocas pasadas sobre los palestinos, a quienes prácticamente ayer echaron de sus casas a patadas. Y todo en connivencia con el mundo cristiano, que hace caso omiso ante semejante atrocidad.
    La “tierra prometida” se la han birlado a sus legítimos pobladores, no haciendo honor a la misericordia del Dios que los sacó de la esclavitud y los constituyó como pueblo.
    Esa es mi opinión, padre, basada en un diagnóstico certero y no en una simple intuición.
    Saludos y enhorabuena por el blog.

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    1. No es exactamente como usted lo cuenta. Es verdad que hay violencia judía y también la hay palestina. Sin embargo, también hay palestinos que viven a gusto en territorios de Israel y palestinos que viven mal en territorios bajo la autoridad palestina, ya que sufren opresión de grupos islamistas. La situación es mucho más compleja de lo que parece.

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