Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

jueves, 25 de febrero de 2016

Curso de Biblia 2016. 25- Libros «apócrifos» de la Biblia


Curso de introducción a la lectura de la Biblia 2016
P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d.
25. Libros «apócrifos» de la Biblia

La palabra «apócrifo» en griego tiene el sentido de ‘oculto’ (algo que es conocido solo por unos pocos, los «iniciados»), aunque también puede referirse a algo ‘falso’, que no merece confianza. 

Se consideran apócrifos todos los libros que usan un lenguaje parecido al de la Biblia, pero que no forman parte del canon. 

Se presentan como escritos por personajes bíblicos (por lo que los autores protestantes los llaman «seudoepígrafos»). 

Los libros apócrifos pueden ser de ayuda para conocer las costumbres sociales y las ideas religiosas del tiempo en que fueron escritos, pero ofrecen pocos datos realmente valiosos para el estudio bíblico.

Normalmente fueron redactados por personas que se separaron del judaísmo o de la Iglesia y recogen la mentalidad y la doctrina de los grupos a los que pertenecían (muchas veces gnósticos y maniqueos). 

Suelen presentarse como revelaciones de antiguos personajes bíblicos, que las habrían dictado antes de morir y habrían pedido que se transmitieran solo a algunos escogidos y que se mantuvieran escondidas para los demás, porque la mayoría no podría entenderlas. 

Algunos intentan completar los datos que tenemos sobre las vidas de personajes bíblicos, otros recogen reflexiones filosóficas y sapienciales. 

No siempre son heréticos, aunque suelen detenerse en cosas muy secundarias y, muchas veces, intentan hacer compatibles las verdades judeo-cristianas con otras filosofías.

Los principales apócrifos del Antiguo Testamento son: Libro de Henoc, Libro de los jubileos, Oráculos sibilinos, Testamentos de los doce patriarcas, Salmos de Salomón, Asunción de Moisés, Ascensión de Isaías, Vida de Adán y Eva, Apocalipsis de Abrahán, Testamento de Abrahán, Testamento de Job, Apocalipsis de Baruc, IV de Esdras y Libro de los secretos de Henoc. Además, se conservan fragmentos de muchos otros libros.

Los principales apócrifos del Nuevo Testamento son: el Evangelio según los hebreos o de los nazarenos, el Protoevangelio de Santiago, los evangelios de san Pedro, de Nicodemo, de san Bartolomé, de santo Tomás, de san Felipe, de María Magdalena, la Historia de san José carpintero, los Hechos de san Juan, de san Pablo, de san Andrés, de Pilato, los apocalipsis de san Pedro, de san Pablo, además de numerosas epístolas y de otros textos menores.

Hoy todos ellos están publicados y hay numerosos estudios sobre el origen y las ideas de cada uno, aunque periódicamente hay autores que presentan como nuevos y revolucionarios textos ya conocidos y normalmente poco fiables.

Ya hemos dicho que los protestantes suelen llamar «apócrifos» a los libros que los católicos llamamos «deuterocanónicos», tal como hicieron también Lutero y los otros reformadores protestantes del s. XVI (Tobías, Judit, Baruc, Eclesiástico, Sabiduría y Macabeos). Obviamente, no hemos tratado de ellos en este apartado.

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