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viernes, 19 de febrero de 2016

Curso de Biblia 2016. 21- La formación del «canon» de la Biblia


La lista o «canon» de los libros que componen la Biblia varía entre los judíos (que no reconocen los textos del Nuevo Testamento) y los cristianos (que sí que los aceptan). Pero también entre los distintos grupos cristianos hay una pequeña variación en el número de libros. ¿A qué se debe esto? En primer lugar, a que en la antigüedad los textos bíblicos eran libros independientes y en pocos sitios se tenía copia de todos ellos. En segundo lugar, a cuestiones históricas que expondremos brevemente a continuación.

Como ya hemos dicho, la formación de los libros que recogen la literatura hebrea fue un proceso largo y laborioso. 

Con el pasar de los siglos, unos escritos gozaron de mayor autoridad que otros y recibieron una mayor veneración, especialmente los que hacían referencia a las leyes cultuales y de comportamiento, que se pusieron en referencia a la alianza del Sinaí, y los que recogían las enseñanzas de los profetas.

Hacia el s. V a. C. los cinco libros de la «Torá» (el Pentateuco: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio) ya tenían su forma definitiva (la que ha llegado a nosotros) y se consideraban un cuerpo cerrado.

El conjunto de los libros proféticos (los llamados «Nevi'im») tardó algunos siglos más en cerrarse, pero a principios del s. II a. C. ya tenía su forma definitiva, tanto los llamados «profetas anteriores» (Josué, Jueces, Samuel y Reyes) como los llamados «profetas posteriores» (Isaías, Jeremías, Ezequiel y el libro de Los doce profetas menores). Todas las comunidades judías los veneraban, aunque no coincidían totalmente las versiones que poseía cada uno de ellos.

Los otros libros religiosos del judaísmo fueron agrupados bajo el nombre general de «Ketubín» (los ‘escritos’) y solo desde finales del s. I. d. C. el judaismo oficial comenzó a pronunciarse sobre cuáles debían ser reconocidos como «canónicos» y cuáles no. Un acuerdo unánime no se alcanzó hasta finales del s. III d. C.

La primera lista que conocemos de libros reconocidos como inspirados es la Biblia de «los LXX», que es una traducción al griego de los textos del Antiguo Testamento, realizada entre los siglos III y II a. C. en el norte de Egipto. 

Se suele llamar a esta lista «canon alejandrino», en referencia a la ciudad en la que se realizó. 

Es el texto que usaban en tiempos de Jesús para el estudio todas las comunidades judías fuera de Judea e incluso algunas de Jerusalén. Muchas también lo usaban para el culto. 

Finalmente, es el texto que utilizaban los primeros cristianos y el que citan siempre los autores del Nuevo Testamento.

Después de la destrucción de Jerusalén en el año 70 d. C., un grupo de estudiosos hebreos se estableció en la ciudad de Jamnia, y hacia el año 95 d. C. acordaron la lista de libros que los judíos debían considerar como inspirados. 

Es el llamado «canon palestino», en referencia a la tierra en la que se hizo el acuerdo. En él se aceptaron solo los escritos que en aquel momento se conservaban en hebreo: en total, veinticuatro libros. En esa misma ocasión se rechazaron los que solo se conservaban traducidos al griego o que fueron escritos directamente en griego: en total, trece libros. 

También rechazaron la traducción griega de «los LXX», porque era la que usaban los cristianos. 

Esta decisión no fue inmediatamente aceptada por todos los judíos, pero terminó imponiéndose con el pasar del tiempo.

En la Iglesia primitiva se siguió usando la Biblia griega y no se hizo caso de estas disposiciones judías, pero algunos de sus libros encontraron dificultades para ser aceptados pacíficamente por todos. 

De hecho, cuando a finales del s. IV se tradujo la Biblia al latín en la versión llamada «Vulgata», sí que se introdujeron siete de los libros escritos originalmente en griego o que solo se conservaban en la traducción griega (Tobías, Judit, Baruc, Eclesiástico, Sabiduría y los dos libros de los Macabeos), pero se excluyeron otros cinco (los libros Primero de Esdras, Tercero de los Macabeos, Cuarto de los Macabeos, el de las Odas de Salomón y el de los Salmos de Salomón). 

De modo que estos últimos no fueron aceptados en las Iglesias de tradición latina, pero sí en las de tradición griega, permaneciendo algunos de ellos hasta el presente en el canon de algunas Iglesias ortodoxas, que tampoco concuerdan totalmente entre sí, ya que otras no los aceptaron y los ortodoxos rusos incluso rechazan los deuterocanónicos desde el s. XVIII.

Más difícil aún fue la aceptación universal de una lista de los libros del Nuevo Testamento, ya que, mientras todos aceptaban los cuatro evangelios y la mayoría de las cartas de san Pablo, algunos no admitían el Apocalipsis o la Carta a los Hebreos

Al mismo tiempo, algunas comunidades también consideraban inspirados textos de época apostólica que en otras Iglesias locales no recibían la misma consideración (como el Pastor de Hermas, la Didajé, la Traditio Apostólica, las Cartas de san Ignacio de Antioquía o la Carta de san Clemente).

A lo largo del s. IV, con el final de las persecuciones, creció la comunicación entre las comunidades cristianas y se unificaron los criterios, aceptándose casi universalmente el canon que conservamos hasta el presente, que consta de 73 libros (o 74 si consideramos la Carta de Jeremías como un escrito autónomo y no como un apéndice del Libro de Baruc). 

El Antiguo Testamento está formado por 46 libros y el Nuevo Testamento por 27 libros.

En el s. XVI Lutero rechazó los escritos del Antiguo Testamento que no se encontraban en el «canon palestino», que es el que seguían los judíos. 

A esos libros los llamó «deuterocanónicos» y no los consideró inspirados, aunque los consideró útiles y los colocó en apéndice en su Biblia. Lo mismo sucedió con la «Biblia de Zurich», publicada por Zwinglio, y con la «Biblia Olivetana», publicada con un prólogo de Calvino. 

Sin embargo, en nuestros días los protestantes suelen llamarlos «apócrifos» y normalmente los excluyen de las suyas. 

Hay otros siete libros del Nuevo Testamento que Lutero no excluyó pero que consideró de menor importancia que los demás (carta a los Hebreos, carta de Santiago, segunda carta de Pedro, segunda y tercera cartas de Juan, carta de Judas y Apocalipsis). 

En respuesta a esta elección, el Concilio de Trento confirmó como válida la lista que se seguía en la Iglesia católica desde el s. IV.

Quitando esas pequeñas variaciones, católicos, ortodoxos y protestantes tenemos la misma Biblia, compuesta por los textos del Antiguo y del Nuevo Testamento.

7 comentarios:

  1. Todo este trajín de versiones, validaciones, correcciones, aceptaciones, descartes y mareo de perdiz respecto a los textos sagrados me huele a chamusquina. No me gusta y me hace dudar.

    En mi pobre entender me agarro a lo que para mí son los referentes que me inducen respeto, temor y devoción:

    - Las Tablas de la Ley
    - Los Evangelios de los 4 evangelistas
    - El catecismo de la iglesia católica

    Lo demás me provoca aversión por parecerme poco serio. Perdone, padre.

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    1. La historia da muchas vueltas y las cosas son más complejas de lo que parecen. Conocerlas nos ayuda a tener una actitud correcta a la hora de interpretarlas. Un abrazo.

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    2. Que traducción de la Biblia se usa en las misas en la Iglesia catolica.

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    3. Cambia en cada país. En España se hizo una nueva edición en 2010, publicada en la BAC, en la que han estado trabajando 24 especialistas desde 1997. Ha empezado a usarse en las misas este año 2016, supliendo a la anterior.

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    4. ¿Entonces padre los primeros escritos del antiguo testamento eran 70 (LXX)? Y eran los que se usaban en el tiempo de Jesús.

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    5. Se llama la biblia "de los 70" porque la tradición antigua decía que la habían traducido 70 personas, ya que se pensaba que 70 eran todas las naciones de la tierra, pero no por el número de libros que tiene.

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  2. interesaaante pero no es fácil entender

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