Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

lunes, 8 de febrero de 2016

Curso de Biblia 2016. 15- La «revelación» (segunda parte)


Curso de introducción a la lectura de la Biblia 2016
P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d.
15. La «revelación» (segunda parte)

Los profetas tienen una conciencia clara de que su mensaje no proviene de ellos, sino que lo han recibido. Incluso se han resistido a la tarea de transmitirlo, pero han terminado cediendo: «La palabra del Señor se me volvió escarnio y burla constantes, y me dije: “No me acordaré de él, no hablaré más en su nombre”. Pero la sentía dentro como fuego ardiente encerrado en los huesos: hacía esfuerzos por contenerla y no podía» (Jer 20,8-9). 


Lo mismo le sucede a san Pablo: «La buena noticia que yo anuncio no es invento humano; porque tampoco a mí me la ha transmitido ni enseñado ningún hombre, sino una revelación de Jesús el Mesías» (Gál 1,11-12).

Otra cosa distinta es que, después, quienes han hecho experiencia del encuentro con el Dios vivo y han recibido la revelación, trasmitan estas cosas con sus palabras, con las imágenes que toman de su cultura, por lo que necesariamente hemos de conocer algo de su contexto y de su manera de hablar si queremos comprender su mensaje, tal como venimos afirmando desde el principio.

La Sagrada Escritura enseña que Dios ha tenido una paciencia infinita con los seres humanos, porque nos ama como un padre a sus hijos. 

Ya antiguamente se manifestó de formas muy variadas a aquellas personas de buena voluntad que buscaron sinceramente su rostro y, de manera progresiva, se fue revelando. Eso era una preparación para su manifestación definitiva. 

Finalmente, en Cristo se ha dado del todo, de manera directa, sin intermediarios: «Muchas veces y de muchas maneras habló Dios a nuestros padres en el pasado, por medio de los profetas. Ahora, en estos tiempos finales, nos ha hablado por medio del Hijo» (Heb 1,1-2).

La pretensión cristiana es que, «al llegar la plenitud de los tiempos, Dios envió a su propio Hijo, nacido de una mujer» (Gál 4,4). 

En su infinita misericordia, Dios ha venido a nuestro encuentro. Primero, por medio de mensajeros que preparaban y prometían una revelación más plena; finalmente, de una manera definitiva, en Cristo que «es la imagen visible de Dios, que es invisible» (Col 1,15). 

En la encarnación, el Hijo de Dios se ha hecho uno de nosotros y nos ha hablado usando nuestro propio lenguaje para que podamos entenderle.

1 comentario:

  1. Reciba muchaas bendiciones de nuestro Padre Celestial, su trabajo y dedicacion tienen gran peso para mi fe católica. Ahora puedo enteder mejor desde todos los puntos de vista q nos explica en esta clases para poder acatar la Palabra de Dios.

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