Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

viernes, 5 de febrero de 2016

Curso de Biblia 2016. 13- La «inspiración»


Curso de introducción a la lectura de la Biblia 2016
P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d.
13. La «inspiración»

A pesar de que los escritos bíblicos han tenido una larga historia en su formación y recopilación, podemos encontrar una profunda unidad en todos ellos, ya que todos son «inspirados» por Dios. 

Esto no quiere decir que Dios haya dictado cada palabra a los escritores, sino que ha movido sus voluntades para que nos transmitieran el mensaje que él quería hacernos llegar: «Ninguna profecía de la Escritura procede de la voluntad humana, sino que, impulsados por el Espíritu Santo, algunos hombres hablaron de parte de Dios» (2Pe 1,21).

Que la Biblia está «inspirada» significa que Dios ha concedido a los redactores finales un carisma especial, una iluminación para que escribieran lo que él quería comunicarnos en orden a la salvación del género humano. 

Ese don no elimina la libertad de los escritores, que se han servido de fuentes anteriores que han completado y transformado usando su propio lenguaje, las imágenes de su cultura, las concepciones científicas de su época, etc. 

Así pues, la revelación de Dios fue puesta por escrito por autores humanos, que utilizaron los medios de expresión propios de su contexto histórico. 

Para comprender los textos, hemos de estudiar el contexto en el que surgieron, la manera de hablar, la evolución de las ideas y de las instituciones. 

Toda la Escritura está inspirada, pero hay que aprender a descubrir los contenidos de la revelación, sin quedarnos en las imágenes, que son solo el envoltorio.

Si nos esforzamos por comprender el contexto de la época y los géneros literarios que usan los escritores, descubriremos un mensaje actual y siempre necesario: el misterio escondido de Dios y su proyecto amoroso sobre los seres humanos, imposible de ser conocido solo con nuestras fuerzas, pero que él, en su misericordia, ha querido manifestarnos: «Dios me ha confiado la misión de anunciaros su Palabra, es decir, el plan eterno que Dios ha tenido escondido durante siglos y generaciones y que ahora nos ha revelado» (Col 1,25-26).

Este proyecto salvador de Dios comienza a realizarse en el primer momento de la creación (Gén 1-3), se desarrolla a lo largo de los siglos con numerosas intervenciones de Dios a favor de los hombres, especialmente en Cristo, que lleva la historia a su plenitud (cfr. Gál 4,4), y tendrá su plena realización al final de los tiempos, cuando Dios renueve los cielos y la tierra (cfr. Ap 21-22). 

Cada intervención de Dios tiene que ser interpretada a la luz de este proyecto general, que da unidad a todos los pasajes y libros de la Biblia.

Así pues, toda la Biblia está «inspirada», pero eso no significa que cada una de sus líneas transmita un mensaje de Dios. 

Por ejemplo, en cierta ocasión san Pablo pide a Timoteo que le lleve el abrigo y los libros que se olvidó en Tróade (2Tim 4,13). 

En otro pasaje, los Hechos de los apóstoles nos informan de que Eutiquio se quedó dormido durante la predicación de Pablo (Hch 20,9). 

Estos y otros textos similares forman parte de la Biblia, por lo que son «inspirados», pero no añaden ni quitan nada a la «revelación» bíblica.

San Pablo distingue claramente entre lo que es una opinión suya personal, que él justifica y propone como algo bueno, y lo que viene del Señor, que tiene una autoridad distinta. 

Por ejemplo, hablando del celibato, afirma: «Respecto a los que no piensan casarse no ha dispuesto el Señor nada que yo sepa; les doy mi parecer como creyente que soy por la misericordia del Señor» (1Cor 7,25). 

Su opinión sobre el argumento forma parte de un texto inspirado, pero él no la considera como revelación, como enseñanza que viene de Dios para nuestra salvación.

Si tenemos clara esta distinción entre inspiración y revelación, podemos leer los textos bíblicos sin problemas. 

Si hay confusión, nos escandalizaremos cuando encontremos un mensaje de la Biblia expresado con categorías científicas primitivas o tendremos que inventar todo tipo de argumentos para «demostrar» que la Biblia tiene razón y que las ciencias se equivocan. 

Entre los que caen en este error encontramos todo tipo de opiniones extravagantes: unos afirman que Dios ha colocado los fósiles en la tierra para probar si de verdad nos fiamos de él y otros pretenden identificar en la forma de una montaña los restos del arca de Noé.

4 comentarios:

  1. Este estudio es un verdadero Tesoro. Gracias !


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  2. Padre hay q hacer alguna inscripcion, es con examenes y reconocido con alguna abalacion...desde ya gracias a la espera de informacion

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    1. Es un curso on line en el que voy ofreciendo entradas para quienes quieran leerlas. Nada más (y nada menos).

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  3. Padre agradezco su tiempo este curso es muy interesanta . magnifico

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