Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

martes, 26 de enero de 2016

Curso de Biblia 2016. 9- Claves de lectura de la Biblia


Curso de introducción a la lectura de la Biblia 2016
P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d.
9. Claves de lectura de la Biblia

En la entrada anterior hablamos de las dificultades que surgen al leer la Biblia, principalmente por dos motivos:
- Sus libros fueron escritos hace mucho tiempo, en un contexto socio-cultural muy distinto del nuestro.
- Hablan de la experiencia de Dios que han tenido unas personas y de un pueblo a lo largo de los siglos.

Estas dificultades hicieron reflexionar a la Iglesia primitiva sobre cómo leer e interpretar correctamente las Sagradas Escrituras.

Varios Santos Padres de los primeros siglos reconocieron con sencillez que no siempre eran capaces de comprender el verdadero sentido de algunos textos. 

San Agustín, por ejemplo, afirma: «Confieso que ofrezco reverencia y acatamiento a aquellos libros de las Escrituras que llaman “canónicos”, hasta el punto de creer con absoluta certidumbre que ninguno de sus autores se equivocó al escribir. Si algo me ofende en tales escritos, porque me parece contrario a la verdad, no dudo en afirmar que el códice tiene erratas, o que el traductor no ha comprendido bien lo que estaba escrito en el texto original, o que soy yo el que no lo entiende». 

Esta debería ser también nuestra actitud. Reconocer que no comprendemos el sentido de algunos textos no es una falta, sino un estímulo para buscar ayuda y para estudiar mejor el argumento. 

Así lo entendieron –entre otros– Orígenes, san Juan Crisóstomo, san Jerónimo y san Agustín que, buscando una respuesta al problema, ofrecieron claves que siguen siendo actuales.

En primer lugar, afirmaron que todos los textos no deben ser leídos de la misma manera, y distinguieron entre el sentido «literal» y el sentido «espiritual» de los mismos, invitando a los lectores a buscar el significado y a no quedarse solo con el lenguaje utilizado. 

De esta manera dieron un significado nuevo a la enseñanza de san Pablo que afirma: «La letra mata, pero el Espíritu da vida» (2Cor 3,6).

Por ejemplo, san Juan Crisóstomo en sus Homilías sobre el Génesis, comentando la creación de Adán con barro (Gén 2,7), afirma: «No tomes las palabras humanamente, sino atribuye a la debilidad humana el estilo material. Pues si no emplease tales palabras, ¿cómo podríamos aprender los misterios inefables? No nos quedemos en las puras palabras, sino entendamos todo dignamente de Dios». 

En la misma obra, comentando el texto que dice que Dios se paseaba al atardecer por el jardín del Paraíso (Gén 3,8), añade: «No pasemos de largo lo dicho por la Sagrada Escritura, ni nos detengamos en la letra; sino consideremos que por nuestra debilidad usa este lenguaje humilde, para obrar nuestra salvación de un modo digno de Dios; pues si quisiéramos tomar todas las palabras a la letra, ¿no se seguirían absurdos?».

En segundo lugar, establecieron que un escrito bíblico no debe ser interpretado aisladamente, sino a la luz de toda la Biblia, ya que unos textos iluminan a otros. 

Este criterio es fundamental para una correcta comprensión de la revelación. 

Más tarde, san Buenaventura escribió al respecto: «La Biblia puede compararse con una cítara. Una cuerda suya, por sí sola, no crea ninguna armonía, sino junto con las otras. Así ocurre con la Escritura: un texto depende de otro; más aún: cada pasaje se relaciona con otros mil». 

En este sentido es bueno recordar que «un texto sin su contexto se puede convertir en un pretexto». Una palabra solo adquiere sentido pleno dentro de una frase, y una frase solo adquiere sentido pleno dentro de un párrafo, y un párrafo solo adquiere sentido pleno dentro de un libro. Por último, un libro de la Biblia solo adquiere su sentido pleno a la luz de los otros libros de la Biblia.

Finalmente, los Padres de la Iglesia nos recuerdan que hay una progresión en la revelación, por lo que los escritos más recientes ayudan a interpretar correctamente los más antiguos. 

Por eso, al leer un texto bíblico, lo primero que hemos de hacer es situarlo en su contexto histórico concreto. 

Es verdad que en la Biblia hay libros que aceptan la poligamia, la esclavitud, la venganza, el exterminio de los enemigos e incluso los sacrificios humanos. Otros se detienen en unas normativas muy detalladas sobre costumbres alimenticias o sobre la manera de vestir o sobre cómo sacrificar animales para dar culto a Dios. 

Esos textos no tienen valor normativo perenne, sino que corresponden a una etapa determinada de la historia de la revelación y deben ser interpretados a la luz de la mentalidad de su época. 

Hay otros textos posteriores que los corrigen y perfeccionan, por lo que aquella mentalidad quedó superada y esas normas dejaron de tener validez. 

Esos escritos permanecen en la Biblia como testimonio de la evolución del pensamiento y de las costumbres, que fueron purificándose con la predicación de los profetas.

Los cristianos afirmamos que los libros del Antiguo Testamento tienen sentido y valor en sí mismos, como testimonio de la revelación de Dios a Israel. 

Al mismo tiempo creemos que, si queremos captar su significado pleno, los textos del Antiguo Testamento deben ser interpretados a la luz de las enseñanzas de Cristo, ya que él es la plenitud de la revelación. 

Desde la cima de una montaña se pueden ver mejor las vueltas del camino. Igualmente, a la luz de Cristo se comprenden mejor las etapas anteriores de la historia de la salvación.

Tanto los judíos como los cristianos de la antigüedad y de la Edad Media nunca dudaron de la «veracidad» de la Biblia. Pero no entendían la ciencia ni la historia en el sentido que comenzó a desarrollarse a partir del Renacimiento, por lo que buscaban en la Biblia una enseñanza para sus vidas por medio de una lectura espiritual y alegórica, adaptando los textos a su situación concreta. Veamos dos ejemplos:

Los judíos recitan hasta el presente en la cena pascual: «Esclavos fuimos del faraón de Egipto, y el Eterno, nuestro Dios, nos sacó de allí. Es obligación de cada uno, en cada generación, considerar como si él mismo hubiese salido de Egipto. El Santo –¡bendito sea!– no liberó solamente a nuestros antepasados, sino también a nosotros junto con ellos».

Por su parte, san Gregorio de Nisa exhortaba a los que iban a ser bautizados con estas palabras: «Vosotros estáis fuera del Paraíso, compañeros de destierra de Adán, nuestro primer padre. Ahora la puerta se abre para ti por el bautismo, para que puedas volver a entrar al lugar de donde saliste».

En uno y otro caso se interpretan los textos antiguos como enseñanzas para el presente, como historia de salvación que se actualiza para los creyentes. 

Para los lectores antiguos, la pregunta no era «¿Esto sucedió realmente así?», sino «¿Qué me enseña ese texto para mi vida presente?».

Respecto a las leyes de comportamiento, los Hechos de los apóstoles y las cartas de san Pablo testimonian que la Iglesia tuvo que aprender a superar las prescripciones judías sobre alimentos impuros, comer con los paganos y cosas similares que no son necesarias para la salvación. Si tenemos esto en cuenta, evitaremos situaciones absurdas, como las siguientes:

- Hay quienes prohíben las transfusiones de sangre, basándose en este texto: «Si alguno come sangre yo lo exterminaré, porque la vida de la carne está en la sangre» (Lev 17,10-11). Aparte de que los autores bíblicos no podían ni imaginar que se pudiera hacer una transfusión de sangre, las normativas alimenticias solo testimonian las costumbres de una época, pero no sirven para hoy, a pesar de que se presenten como órdenes de Dios.

- Otros no toman café ni tabaco, porque Jesús rechazó el vino con mirra que le ofrecieron cuando estaba en la cruz (Mc 15,23) y consideran que todos los estimulantes deben ser rechazados.

- Algunos grupos evangélicos no comen carne de cerdo o no beben vino o piden a sus mujeres que vayan siempre con un velo en la cabeza por motivos similares.

Estos comportamientos y otros similares son el fruto de una lectura incorrecta de los textos de la Biblia. De ahí la importancia de aprender a interpretar su mensaje.

3 comentarios:

  1. Que esta guía de estudio de la Biblia en el blog, nos estimule para que juntos podamos ir creciendo en el conocimiento de la gracia de nuestro Señor, y sepamos poner en práctica las inagotables riquezas de su palabra.
    Conchita

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  2. Es maravilloso,nos ensena como estudisr y aclara muchas cosas ! gracias.

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  3. Gracias. Es una guía que me ayudarà mucho.

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