Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

viernes, 22 de enero de 2016

Curso de Biblia 2016. 8- Unos libros difíciles de entender


Curso de introducción a la lectura de la Biblia 2016
P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d.
8. Unos libros difíciles de entender

Ayer nos planteamos la pregunta ¿cómo leer la Biblia? Hoy tenemos que reconocer que no es una tarea sencilla, ya que se trata de unos libros difíciles de entender.

Comencemos aceptando con sencillez que estamos hablando de textos redactados hace mucho tiempo y escritos con mentalidad oriental, amiga de los relatos y de los símbolos, por lo que no podemos pretender entender su lenguaje y sus imágenes desde la primera lectura. 

Por eso es necesaria una introducción que nos explique el contexto en el que se escribieron los libros bíblicos y la manera peculiar de expresarse que tienen sus autores. 

Además, las dificultades no provienen solo de la distancia del tiempo. 

La Biblia es difícil también por sus mismos contenidos, ya que es un libro que recoge la experiencia de Dios que han tenido los miembros del pueblo de Israel a lo largo de muchos siglos. 

San Juan de la Cruz nos recuerda que el lenguaje conceptual que usamos ordinariamente es insuficiente para explicar las experiencias más profundas del ser humano: «Para las cosas interiores y espirituales comúnmente falta el lenguaje» (Llama, prólogo).

De hecho, la madre transmite su cariño al hijo recién nacido por medio de caricias, cantos y palabras que no tienen sentido en otro contexto. 

Lo mismo les pasa a los enamorados, que muchas veces encuentran en la poesía y en la música los mejores cauces para expresar sus sentimientos. 

Por eso, el mismo san Juan de la Cruz también afirma que Dios, cuando quiere revelarse a los hombres, usa un lenguaje cargado de imágenes y comparaciones: «En los divinos Cantares de Salomón y en otros libros de la divina Escritura, no pudiéndose dar a entender la abundancia de su sentido por términos vulgares y usados, el Espíritu Santo habla misterios en extrañas figuras y semejanzas» (Cántico, prólogo).

Por estos motivos, la interpretación correcta de la Biblia nunca ha sido fácil. 

Las dificultades que encontramos los lectores contemporáneos ya las tuvieron las generaciones precedentes. 

El profeta Daniel, por ejemplo, se interrogaba por el significado de algunos oráculos del profeta Jeremías (Dan 9,2); los Hechos de los apóstoles hablan de un etíope que leía los escritos del profeta Isaías sin entenderlos (Hch 8,30-35); Jesús acusó a los fariseos de su tiempo de leer la Biblia sin interpretarla correctamente, diciéndoles: «Estáis en un error, por no entender las Escrituras ni el poder de Dios» (Mt 22,29); y san Pedro afirma que las cartas de san Pablo contienen «puntos difíciles de comprender, que algunas personas ignorantes e inestables interpretan erróneamente, como hacen con el resto de las Escrituras, acarreándose así su propia perdición» (2Pe 3,16).

Las dificultades continuaron en los tiempos posteriores a los apóstoles. Por ese motivo, a principios del s. II algunos autores llegaron a rechazar el Antiguo Testamento y se quedaron solo con el Nuevo. La secta de los «marcionitas» solo aceptaba como inspirados el evangelio de Lucas y diez cartas de Pablo.

En la próxima entrada daremos tres claves de lectura.

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