Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

jueves, 14 de enero de 2016

Curso de Biblia 2016. 2- Metodología: estudio científico y creyente


Curso de introducción a la lectura de la Biblia 2016
P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d.
2. Metodología: estudio científico y creyente

Ayer introdujimos el curso de Biblia con un cuentecillo y terminamos la entrada con estas preguntas: ¿Qué son en concreto las Sagradas Escrituras?, ¿cuántos y qué libros las componen?, ¿dónde y cuándo se escribieron?, ¿cuáles son sus contenidos principales? y –sobre todo– ¿cómo interpretar correctamente su mensaje?

Hay dos ciencias que se ocupan específicamente de esas cosas: la «exégesis» (el esfuerzo por comprender la historia de los textos y lo que querían decir sus autores al escribirlos) y la «hermenéutica» (la interpretación del texto, sacando enseñanzas para el lector contemporáneo). 

En nuestro curso nos serviremos de las dos, aunque intentaremos usar un lenguaje sencillo y comprensible a la mayoría. Es verdad que de vez en cuando necesariamente aparecerán algunos tecnicismos, que explicaremos a medida que vayan saliendo.

Lo más importante es que no debemos olvidar que todos nuestros esfuerzos de interpretación nos deberían ayudar para emprender nuestro viaje personal al Amazonas –retomando la imagen que usábamos ayer– y no sustituirlo. 

Con la Biblia sucede como con la poesía y con las bellas artes: fue compuesta para transmitir emociones, para fortalecer la fe de los creyentes, para dar consuelo y esperanza. Pero se necesita una mínima sensibilidad y apertura de corazón para percibir su mensaje.

Lo que san Juan afirma al final de su evangelio, se puede aplicar a cada libro bíblico: «Jesús hizo muchos otros signos que no están recogidos en este libro. Estos se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre» (Jn 20,30-31). 

Él es consciente de que no cuenta todo e incluso de que algunas cosas no las presenta en orden y otras no sucedieron exactamente como él las recuerda. 

Eso no le importa, ya que no pretende hacer una crónica de los acontecimientos, sino interpretar los «signos» y dar un testimonio del encuentro con aquel que dio sentido a su vida y que puede dar sentido a la nuestra. 

Por eso, en la redacción final un discípulo suyo añadió un epílogo a su evangelio, en el que afirma: «Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas, y escribió estas cosas; y sabemos que su testimonio es verdadero. Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, las cuales si se escribieran una por una, pienso que ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir. Amén» (Jn 21,24-25). 

Eso son los evangelios y los demás libros de la Biblia: ante todo, un testimonio de fe y una presentación de signos que buscan transmitir un mensaje religioso. Si no lo tenemos en cuenta, nuestro acercamiento a los textos será estéril. 

Debemos estudiar su composición y analizarla con la ayuda de las ciencias humanas; esto nos ayuda a comprenderla mejor. Pero también es importante dejar que nos interpele, que nos hable al corazón. Un serio estudio histórico-crítico no elimina una lectura espiritual. Al contrario, ambas se complementan.

2 comentarios:

  1. Estoy encantada,es la segunda leccion y ansio llegue manana para continuar con la tercera,he tomado nota,es una manera de repasar lo leido y que el fruto al aprender sea mayor ! Gracias !!

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  2. muy llena de gozo espiritual para tener la sabiduria de Dios

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