Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

miércoles, 27 de enero de 2016

Curso de Biblia 2016. 10- Los géneros literarios



Curso de introducción a la lectura de la Biblia 2016
P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d.
10. Los géneros literarios

Además de situar cada texto bíblico en el contexto histórico en el que surgió, siguiendo y actualizando las recomendaciones de los Santos Padres de los primeros siglos, hemos de poner atención al género literario en el que ha sido escrito para poder captar lo que los autores querían transmitir cuando escribieron.

Ninguna persona sensata habla de la misma manera en una entrevista de trabajo y al contar un chiste, ni usa el mismo lenguaje en un e-mail dirigido a un familiar, en un contrato de alquiler de un local, en una esquela funeraria o en un currículum laboral. En cada circunstancia nos expresamos de distinta forma.

Tampoco cuenta de la misma manera una enfermedad el paciente a sus amigos o el doctor en el historial del hospital.

Lo mismo sucede en la Biblia: hay distintas formas literarias, varias maneras de expresarse, y tenemos que aprender a distinguirlas y a interpretarlas correctamente.

Cada narración bíblica quiere transmitirnos un mensaje concreto y lo hace con un lenguaje determinado.

A veces nos hemos detenido en el lenguaje que usa y no hemos sido capaces de descubrir lo que nos quiere decir.

Es importante tomar conciencia de que en la Biblia hay textos en prosa y en verso, narraciones históricas y colecciones de leyes, canciones populares y documentos diplomáticos, textos épicos (que cantan con entusiasmo las hazañas de un personaje) y elegías (lamentaciones fúnebres), reflexiones de los sabios para educar a los jóvenes, oráculos de los profetas, cartas, e incluso relatos humorísticos e irónicos.

Por eso tenemos que aprender a leer correctamente las exageraciones, el significado concreto de los números, el simbolismo de algunas palabras… sin rasgarnos las vestiduras cuando escuchamos que algo no sucedió literalmente como cuentan los textos.

Lo importante es el mensaje que nos quieren transmitir, no la precisión del lenguaje.

Tampoco nos escandalizamos cuando oímos decir a una mujer que unos niños son tan guapos que «están para comérselos» o expresiones similares con las que manifiesta su afecto. Sabemos que no hay que tomarlas al pie de la letra y comprendemos lo que quiere decir con ellas.

Una señal de que los antiguos no entendían literalmente muchos escritos es que en numerosas ocasiones colocaron juntas varias narraciones del mismo acontecimiento en las que se usa un lenguaje distinto y son aparentemente incompatibles entre sí.

Tenemos un buen ejemplo en las primeras páginas de la Biblia.

El primer capítulo del Génesis presenta la creación en siete días: Dios creó primero el cielo, la tierra, el mar, los ríos, las plantas y los animales. Solo en un segundo momento hizo al ser humano, «varón y hembra» creados a la vez y con la misma dignidad.

El segundo capítulo presenta un orden distinto: Dios modeló en primer lugar al hombre-varón y después plantó los árboles y creó los animales. Finalmente modeló a la mujer del costado del varón.

Ni los escritores iniciales ni los recopiladores finales eran tontos. Si pusieron juntos ambos relatos sin armonizarlos, sin eliminar las contradicciones que aparecen a primera vista, es porque eran conscientes de que la realidad contada supera esas narraciones y cada una de ellas nos puede enseñar algo sobre el argumento aunque, obviamente, ni la una ni la otra cuentan todo ni se deben interpretar literalmente.

Además, el primer relato (s. VI a. C.) es más moderno que el segundo (posiblemente s. VIII a. C., aunque algunos estudiosos lo retrasan hasta el s. X a. C.). Da la impresión de que se hubieran colocado juntos a propósito para que el lector no se conforme con un solo punto de vista.

Una cosa está clara: estos textos no son una versión antigua o infantil de los contenidos que hoy se estudian en las ciencias de la naturaleza.

De hecho, cuando se leen con atención se descubre una agudeza de pensamiento que sigue sorprendiendo hasta el presente. Teólogos, filósofos y psicoanalistas (y también charlatanes de todo tipo) encuentran cada día nuevas posibles interpretaciones.

Aunque profundizaremos en cada relato al hablar de la teología del Génesis, veamos brevemente las características principales de cada uno.

El capítulo primero del Génesis es un gran himno litúrgico, un poema que celebra la obra de la creación, o mejor al Creador en sus obras. El texto esconde agudas polémicas con las religiones mesopotámicas de la época y un mensaje de esperanza para los israelitas exiliados.

El capítulo segundo del Génesis es un relato centrado en el pequeño mundo de los campesinos judíos de la época monárquica, a los que ayuda a situarse en su contexto y a relacionarse correctamente con Dios, con los otros seres humanos y con la creación en general.

Obviamente, no hay que leerlos ni interpretarlos de la misma manera, ya que son escritos distintos entre sí y sus autores son muy distantes en el tiempo (varios siglos).

Lo que está claro es que no basta con una lectura superficial para comprender su mensaje.

Veamos otro ejemplo: Un tratado asirio de vasallaje (una «alianza»), concluye con las siguientes amenazas si el pueblo que ha sido sometido no cumple las cláusulas estipuladas: «Que los dioses nombrados en esta tablilla del tratado hagan que tu suelo sea tan estrecho como un ladrillo. […] Lo mismo que la lluvia no cae de un cielo de bronce […] en lugar del rocío, que lluevan carbones ardientes sobre tu país […]. Que Ninurta, el primero entre los dioses, te abata con su flecha feroz; que llene la llanura con tu sangre, que dé de comer tu carne al águila y al buitre» (Tratado de Asaradón).

Por su parte, el libro del Deuteronomio presenta la alianza entre Yahvé e Israel con el mismo esquema y con palabras similares, concluyendo con amenazas parecidas si el pueblo no cumple las cláusulas de la Ley: «Los cielos de encima de tu cabeza serán de bronce y la tierra de debajo de ti será de hierro. Y Yahvé hará que la lluvia de tu tierra sea polvo y ceniza; descenderá del cielo sobre ti hasta que seas destruido. […] Tu cadáver será pasto de las aves del cielo y de las bestias de la tierra» (Dt 28, 23ss).

¿Qué significa esto?, ¿que los israelitas tienen que obedecer a los asirios sin rechistar?, ¿que hay que tener miedo de Yahvé porque es fuerte y cruel como los soberanos asirios? Todo lo contrario.

Este texto se escribe cuando los judíos están sometidos a los asirios y los redactores toman el modelo de un tratado de vasallaje asirio para decir que ellos no tienen que tenerles miedo, ya que su único soberano es Yahvé, con el que han hecho una alianza de amor. Si son fieles a las cláusulas del tratado, él los protegerá y no permitirá que sus enemigos triunfen sobre ellos.

Para expresarlo, usa unas fórmulas literarias que hoy nos pueden parecer extrañas, pero que en su época todos conocían.

Por lo tanto, al leer este documento hemos de ser conscientes de que usa un género literario muy concreto y hemos de interpretarlo en su contexto original.

3 comentarios:

  1. gracias padre eduardo por enseñarnos mas, soy aspirante de las carmelitas descalzas y me dejaron un tarea sobre el lectio divina del evagenlio de san marcos como lo puedo realizar gracias????

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    1. En este enlace tiene la lectio de laa conclusión del evangelio de Marcos y puede servirle de ejemplo para cualquier otro texto. http://ocarm.org/es/content/lectio/lectio-divina-san-marcos-evangelista

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