Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

lunes, 7 de septiembre de 2015

crónica de la consagración de una carmelita descalza


«Alégrate, ánima mía, que su Majestad se deleita contigo. Que todas las cosas de la tierra no sean bastante para apartarte de deleitarte tú y alegrarte en la grandeza de tu Dios y en cómo merece ser amado y alabado y que te ayude para que tú seas alguna partecita para que sea bendecido su nombre, y que puedas decir con verdad: Engrandece y loa mi ánima al Señor» (Santa Teresa de Jesús Exclamaciones 7,2-3).

Mis queridas hermanas y hermanos en Cristo, He vivido un gran día, lleno de gozo y alegría, un día único en mi vida, día de la transverberación de nuestra santa Madre Teresa en el V centenario de su nacimiento.

El Señor, como si quisiese hacerme gustar ya desde la tierra cuán dulce y suave es el cielo, la alegría celestial, el amor de este Corazón de Jesús traspasado por nosotros y que nos traspasa, quiero compartir mi experiencia con vosotros... 

El Señor lo ha querido desde su eterno amor; desde la eternidad ha preparado este palomarcito de Daimiel, el Carmelo de Nuestra Señora de la Paz y de San José, donde pronunciamos nuestro SI: Él a mí y yo a Él. 

Os invito a acompañarme para darle gracias; os invito a gozar de Él y contentarlo a Él; os invito a vivir conmigo esta vida eucarística: 

Padre, te bendigo por haberme dado a la Madre de tu Hijo, la Virgen, que ha querido ser siempre mi Mamá. Ella, la Virgen de las Cruces, quiso venir por primera vez en la historia de este pueblo a mi Carmelo el 5 de Agosto de 2012, coincidiendo con mi Profesión simple. El Sí de Jesús, su Hijo, aquel día en tu presencia, Padre, y en presencia de María, para mí supuso una gracia muy grande no teniendo presente los míos, estabais, los Suyos. 

Padre, por si no fuera poco, has querido que Ella viniera también este año hasta nuestro Monasterio, para preparar la Boda de su Hijo, la Boda de su hija. Nunca había venido la patrona a nuestra casa, y ahora se ha dado el hecho de que en tres años nos ha visitado dos veces. De nuevo ha querido ser testigo de mi entrega total a tu Hijo, mi Señor.

Gracias, Padre, por la brevedad del tiempo que has convertido en eterno: por concedernos la vigilia de preparación, tiempo de gracia, orando por tantas necesidades con la presencia de familiares, amigos, religiosos y otras personas, hijos tuyos que hemos podido estar contigo, en coloquio amoroso. Tus palabras, los momentos de silencio, el intercambio de miradas entre tu Hijo en el Santísimo Sacramento y la nuestra, junto a la Fuente que mana y corre...

Gracias, Padre, por las personas que no han podido venir y las que nos han acompañado con su presencia, por sus innumerables oraciones, con detalles, regalos, llamadas, cercanías, escritos entrañables…

Gracias por todas las hermanas de la federación, por mis hermanas de mi comunidad y mi familia, quienes me han entregado y quienes me han acogido, todos con el amor gratuito de quererme tal como soy. 

Gracias por mis hermanos y hermanas de la Orden, por acogerme en esta gran Familia y, sobre todo, por seguir confiando en mí el espíritu Teresiano.

Gracias por la presencia de mucha gente del pueblo (más de 500 personas) que me ha acogido con mucho cariño; gracias por la Iglesia, gente de varios continentes, donde, ya en la tierra, nos has permitido deleitarnos con una partecita del cielo; donde se produce no solamente la comunión de los santos celestes, sino también la comunión de los justos, desde las fundaciones de Santa Teresa hasta las Misiones remotas; y donde el cielo y la tierra han sido testigos de tu inmenso amor para conmigo en el patio de mi monasterio, aquella tarde donde nos has ofrecido tu Cena que recrea y enamora, imagen ya de la Boda eterna del Cordero. 

Hasta las aves del cielo se hicieron presentes: mis hermanas me contaban que vieron aves acuáticas que volaban sobre mí mientras yo estaba postraba durante las letanías de los Santos, como si tus Santos me invitasen a volar con ellos, el vuelo del Espíritu hacia Ti desde mi pequeñez, desde mi pobreza, desde el suelo...

Gracias por las personas que me han acompañado este largo camino hasta llegar a este lugarcito, han sido guías, luces, apoyos, consuelos… Algunas me han hecho crecer y madurar, han colaborado en mi crecimiento espiritual y han sido cauces en mi encuentro con Jesús.

Pido por todos, los pongo en tus manos. Recompénsales por todos sus amores derramados en mí. Reparte, oh Padre, tus dones a cada uno de ellos, que sean dóciles a tu querer, andando con alegría humilde y agradecida.

Gracias, Padre, que siempre vas por delante, gracias por tu don en mí, por mí y para mí. Por atraerme a Ti, por darme a tu Hijo, por darme todo en Él. 

Desde la ceremonia gozosa de mi profesión, mi Amado es para mí y yo soy para mi Amado; mire Él por mis cosas y yo por las Suyas. Soy feliz de ser Esposa de Cristo, madre, hermana, amiga, carmelita descalza para tu Iglesia, para tus hijos, para tus sacerdotes; ser tal para que un alma pueda alabarte, ser tu humilde esclava, marcada con tu hierro que es el de la cruz.

Ahora es tiempo de caminar, comenzamos de bien en mejor. Aquí tienes mi corazón. Juntos andemos, Señor. Por donde vayas tengo que ir, por donde pases tengo que pasar, porque ya has cogido mi libertad. ¡Bendito seas Señor por siempre!

Vuestra hermanita Fari de la Transfiguración, ocd.

3 comentarios:

  1. ¡Que boniti y emocionante!. ¡ Enhorabuena, hermanita Fari!, que Dios la bendiga.
    Rosa

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  2. Boniti, no, bonito.
    Rosa

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  3. ¡Cuánto amor y belleza desprenden estas palabras!
    Un fuerte abrazo, hermanita Fari de la Transfiguración.

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