Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

domingo, 17 de mayo de 2015

Yo estoy con vosotros todos los días (tercera parte)


Hemos visto el tiempo y el contenido de la promesa «Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo». Hablemos ahora de los destinatarios de la promesa: «Yo estoy con vosotros».

Ese «vosotros» no es algo genérico e indeterminado, sino un grupo de personas muy específico, que acaba de recibir de Jesús una misión muy concreta: «Id y haced discípulos míos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y enseñándolos a guardar todo lo que yo os he dicho» (28,19). 

Jesús está en y con la Iglesia confesante y evangelizadora, que escucha su palabra, que continúa su obra, que cumple su misión entre los hombres. Jesús se hace presente especialmente cuando anunciamos el evangelio y celebramos los sacramentos, dando sentido y valor a lo que hacemos.

Notemos la expresión de Jesús: «enseñándoles a guardar»; es decir, a cumplir. No basta con que aprendamos y transmitamos ideas, teorías (por muy ortodoxas que sean). El Señor nos manda guardar, cumplir, vivir su palabra. 

Podemos recordar la parábola de la casa construida sobre la roca, que hace referencia a las personas que cumplen las palabras de Jesús. Sin embargo, la casa construida sobre la arena representa a los que escuchan sus palabras, pero no las ponen en práctica (7,21-27). 

Por tanto, no basta con escuchar; hay que hacer todo lo posible para vivir cumpliendo las enseñanzas de Jesús. 

Se nos pide algo superior a nuestras fuerzas: que cumplamos las palabras del Señor, expuestas en el Sermón de la Montaña y resumidas en su «Sed perfectos como vuestro Padre del cielo es perfecto» (5,48). 

Si comprendemos que estas exigencias superan nuestras capacidades, aceptaremos que todo esto no depende principalmente de nosotros, sino de aquel que dijo: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra» (28,19). 

Con su presencia entre nosotros, con su poder (que es su Espíritu), podemos «guardar» sus enseñanzas. Esto «es imposible para los hombres, pero, para Dios, todo es posible» (19,26).

Los años pasados ya he dedicado varias entradas a la celebración de la Ascensión, que pueden consultar aquí.

3 comentarios:

  1. Buenos días a todos ayer no vi que era nuestro tercer aniversario en el blog, blog que por que el Padre nos guía y enseña nos ayuda a ser mejores, FELICIDADES Padre Eduardo y muchas gracias que el Señor le acompañe y le siga ayudando para bien de todos. Doy gracias por haber tenido la suerte de conocerle y aprender, en mi pequeña medida. Una vez más gracias y que Dios le acompañe. Isabel

    ResponderEliminar
  2. .............................................................................................................................................................................................................................................................................. Y ESTE TU CORAZÓN ¡ OH BROTADO ROSAS ...

    EN VAIVÉN SACRO ... Y YA NO SOY YO QUE EN PEDAZOS ...

    ¡ OH DE TUS ESPEJOS INFINITOS ...SIN OCASOS SANGRO

    TU SANGRE ... MARES DE SOLES EN ABRASOS ...SAGRADOS ...!

    ¡ ERES TÚ ¡ DIOS MÍO ! ¡ ERES TU AMANDO ... AMANDO ...!

    ¿ QUIÉN ? ¿ QUIÉN SINÓ TÚ ...? ¡ SANGRANDO SOLES ...

    EN ESTOS ALBORES ETERNOS ...? ....................................................................................................................................................BUENOS AIRES 8 DE ABRIL DE 1985 .



    ¡¡¡ AYER ... HOY ... MAÑANA ...!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

    ResponderEliminar
  3. ¡ Y ESTE CORAZÓN ¡ OH BROTANDO ROSAS ...!!!!!!!!!!!!!



    ResponderEliminar