Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

miércoles, 27 de mayo de 2015

El Dios de los patriarcas


En las etapas más antiguas de la historia de Israel no se puede hablar con propiedad de "monoteísmo" (la creencia en que hay un solo Dios), sino de "monolatría" (solo se adora al Dios del clan, de la tribu, del pueblo, del propio territorio, aceptando la existencia de otros dioses, que favorecen a otros clanes o pueblos y son adorados por ellos).

Los ejemplos son numerosos. Veamos algunos: Micol, la esposa de David, conserva los ídolos familiares en casa (1Sam 18,13-16) y el mismo rey David, cuando tiene que huir de Israel al desierto está convencido de que allí tendrá que servir a otros dioses: los del lugar (1Sam 26,19). 

La predicación de los profetas desde Elías cambiará la mentalidad del pueblo, hasta que se acepte la existencia de un único Dios verdadero y se afirme claramente que los demás son falsos.

La primera etapa de la relación de Dios con Israel comienza con la llamada de Abrahán y su viaje a Canaán desde Ur de los Caldeos, hacia el 1850 a. C., tal como se nos narra a partir de Gen 12. 

Para hablar de Dios se usa la palabra «El», que se usaba para nombrar tanto al rey como al padre de los dioses. Abrahán y los patriarcas nombran al Dios que les sale al encuentro de la misma manera que la gente de su tiempo y de su región. Para expresar a quién se refieren (un dios concreto del que han tenido una experiencia concreta) utilizan tres medios:

Ponen junto a «El» un adjetivo que lo especifique: El Elyôn = Dios Altísimo (Gen 14,19-22); El Sadday = Dios Omnipotente, de la montaña (Gen 17,1); El Olam = Dios Eterno; etc.

Ponen el nombre El al plural: Elohim, para expresar la grandeza y el poder del El de Israel, por encima de los otros dioses. Es la manera ordinaria de llamar a Dios en la Biblia hasta la revelación de su nombre a Moisés (YHWH). Aparece 2.600 veces en el A. T., mientras que El solo 240.

Hablan del «Dios de Abrahán, Isaac y Jacob». Aquel (y no otro) de cuya presencia salvadora hicieron experiencia los antepasados.

Las características de Dios:

- Dios salió al encuentro de Abrahán como Alguien que dialoga, entra en relación con el hombre por una generosa iniciativa de amor. Es un Dios personal.

- Se muestra amigo seguro del hombre, lo guía a la felicidad y lo sostiene en el camino (es su roca y escudo).

- Entra en la historia de Abrahán, en un tiempo y lugar concretos y le invita a salir, a ponerse en camino, a dejar lo suyo, lo conocido, lo viejo y a fiarse de él.

- Establece alianza con el hombre, toma unos compromisos y hace promesas.

- Permanece misterioso y trascendente, incomprensible, oculta su nombre -imagen de su ser-. No puede ser totalmente conocido, ni mucho menos dominado por el hombre.

En resumen: en un contexto politeísta, en el que las fuerzas de la naturaleza, los animales... estaban divinizados, Dios se manifiesta como un ser vivo, personal, amigo del hombre, que entra en contacto con Abrahán (y no con algún personaje indeterminado o la humanidad en general) en un tiempo y lugar concretos (al contrario que los mitos, que hablan siempre de tiempos y lugares inidentificables), haciendo unas promesas concretas.

Los descendientes de Abrahán comienzan dándole un culto privilegiado (y después exclusivo) como el Dios del padre (Abrahán) y de su clan, del que tuvo una experiencia directa de su presencia, de su cercanía, de sus promesas.

1 comentario:

  1. Adentrarse en el misterio de Dios me parece siempre interesante , me engancha.
    La entrada de ayer como la de hoy son para mi providencial. Gracias Padre por ayudarme a comprender....M.Jose.

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