Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

lunes, 23 de febrero de 2015

Curso bíblico: 56. El profeta Ezequiel


Por lo enigmático de sus escritos y el gran simbolismo de los mismos, Ezequiel es el profeta más misterioso del Antiguo Testamento. También es el que realiza más gestos simbólicos para acompañar su predicación. Nacido en el seno de una familia sacerdotal, fue deportado a Babilonia después de la primera invasión caldea, el 598 a. C. (Ez 1,1ss).

Como Jeremías, se opuso a los que confiaban en una rebelión contra Nabucodonosor y advirtió que el templo no podía ser una garantía contra la destrucción de Jerusalén. Incluso anunció que la Gloria del Señor había abandonado la Ciudad Santa para acampar entre los deportados (Ez 10,18ss; 11,22ss).

Su nombre en hebreo es «Yejezque'el», que significa «Dios conforta». Un nombre muy adecuado para su misión. Como él mismo cuenta, cinco años después de ser deportado a Babilonia recibió la vocación profética, a la que se consagró por veintidós años. 

Ezequiel fue la persona elegida por Dios para mantener viva la fe yahvista durante el destierro de Babilonia. Según una antigua tradición judía, fue asesinado por un juez israelita al que había reprendido por su mala conducta.

En su predicación hay dos etapas: la que va desde que recibe la llamada hasta la destrucción total de Jerusalén por parte de los babilonios el año 587 a.C. y la que sigue a la destrucción de la ciudad santa.

En su primera etapa tuvo que predicar contra las falsas esperanzas de los judíos, que esperaban que el Exilio sería muy breve y confiaban en que Dios nunca abandonaría su templo, su ciudad y a su pueblo. 

Ezequiel no se cansa de pedir que no pongan su confianza en las promesas antiguas, que habían sido abolidas por las continuas infidelidades del pueblo a las cláusulas de la alianza. 

Las ofrendas cultuales en el templo no sirven de nada si no hay verdadera conversión. Como el pueblo se niega a cambiar de vida, la ciudad y el templo serán destruidos.

1 comentario:

  1. Como en la profecías de Ezequiel, en la vida personal, en la historia hay espacios 
de noche oscura,del silencio de Dios para experimentar el vacío y la necesidad de 
la palabra. Una experiencia purificadora que nos debe llevar a una auténtica conversión. No podemos nunca beber del río del Espíritu a menos que estemos dispuestos a hacerlo pasando por la cruz del Calvario.
    Conchita

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