Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

lunes, 9 de febrero de 2015

Curso bíblico: 54. Las lamentaciones de Jeremías


La semana pasada tuvimos ocasión de hablar del profeta Jeremías. La tradición pone en relación directa con el profeta dos libritos: las Lamentaciones y el profeta Baruc, aunque son textos muy posteriores. En realidad, las Lamentaciones son un texto poético y Baruc es una colección de textos sapienciales. Hoy hablaremos de las Lamentaciones de Jeremías.

Este libro consta de cinco elegías (cánticos fúnebres) que lloran la destrucción del reino de Judea y su capital Jerusalén por el ejército de Nabucodonosor el año 586 a. C. 

Se leen en las sinagogas en el aniversario de la toma de Jerusalén por los babilonios. En la antigua liturgia cristiana se cantaban en el oficio de tinieblas del Viernes Santo, por lo que son muchos los músicos que las han musicalizado.

Su contenido es el siguiente: Sufrimiento porque Jerusalén ha sido desolada (primera lamentación); Dios es el verdadero autor de la catástrofe, ya que se ha servido de otros pueblos para castigar las traiciones de los judíos (segunda lamentación); descripción de las tribulaciones y angustias de los justos (tercera lamentación); el profeta describe las desgracias de las distintas clases sociales, culpando principalmente a los dirigentes políticos por la desgracia (cuarta lamentación); el profeta vuelve a describir las humillaciones recibidas y ora al Señor, suplicando misericordia (quinta lamentación).

El autor mezcla los lamentos y las oraciones por el pueblo. También explica que la catástrofe es el castigo que los judíos merecían por sus transgresiones de la alianza. A pesar de todo, sigue confiando en la misericordia divina, y por eso implora la restauración de Jerusalén.

«Cesó la alegría de nuestro corazón, nuestra danza se ha cambiado en luto. Se ha caído la corona de nuestras cabezas: ¡ay de nosotros, porque hemos pecado! Por esto nuestro corazón está dolorido, por esto se nublan nuestros ojos: porque el monte Sión está desolado y los zorros se pasean por él. Pero tú, Señor, reinas para siempre, tu trono permanece eternamente. ¿Nos tendrás siempre olvidados y nos abandonarás toda la vida? ¡Vuélvenos hacia ti, Señor, y volveremos: renueva nuestros días como en los tiempos pasados! ¿O es que nos has desechado completamente y te has irritado con nosotros sin medida?» (Lam 5,15-22).

5 comentarios:

  1. No hemos de dejarnos llevar por otros ídolos, sino siembre alabar y bendecir a nuestro Dios Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Y Él nos llevará por la senda que conduce a la vida, y más tarde a la patricia celestial. José Mª Celdrán.

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  2. Confío en TI Señor....ten siempre misericordia de nosotros y renueva nuestros corazones...Yo te alabo y te bendigo. M. Jose.

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  3. El Padre nos ha liberado mandando a su unico HIJO al mundo lo ha hecho Hombre para hacerse como nosotros y ha querido sufrir como nosotros hasta dar su vida con una muerte orrible Todo para liberarnos y darnos la Paz ' Que hacemos nosotros'

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  4. ...porque el monte Sión está desolado y los zorros se pasean por él ... Interesante.

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    Respuestas
    1. ¡Vuelvenos hacia ti, Señor, y volveremos; renueva nuestros días , como en los tiempos pasados.
      No te irrites SEÑOR , PERDONANOS y ---¡vuelvenos hacia ti.!
      Rosa

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