Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

viernes, 19 de diciembre de 2014

Curso bíblico: 44. Jonás


El libro de la profecía de Jonás se sitúa idealmente en el mismo tiempo del profeta Nahum, aunque con una mentalidad contraria, y fue escrito mucho más tarde, hacia el s. IV a. C. De hecho, los numerosos giros arameos del texto manifiestan una manera de hablar propia de esa época.


Aunque se encuentra entre los libros proféticos, es un libro sapiencial, que intenta transmitir una enseñanza teológica por medio de una narración ficticia, aunque quizás tenga a la base el recuerdo de algunos acontecimientos reales (la predicación de algún profeta fuera de Israel o el anuncio profético de que también los no judíos pueden salvarse).

El relato bíblico cuenta la historia de Jonás, a quien Dios le ordenó que anunciara la destrucción de Nínive (capital de Asiria, la gran enemiga de Israel). El profeta pensó que si anunciaba a los ninivitas que su ciudad iba a ser destruida por Dios, cabía la posibilidad de que se arrepintiesen de su mala vida, y entonces Dios tendría que perdonarlos. Así que, en lugar de ir a Nínive, que está al noreste, se fue en dirección contraria, hacia Tarsis, que está al noroeste.

Pero Dios suscitó una tempestad, y los marineros terminaron arrojándole al mar después de que Jonás confesara su culpa. Una ballena se tragó a Jonás y lo devolvió a su lugar de partida. Al profeta no le quedó otro remedio que ir a predicar a Nínive.

Tal como imaginaba Jonás, los ninivitas se convirtieron e hicieron penitencia (incluso el rey y los animales domésticos), por lo que Dios tuvo compasión y no destruyó la ciudad.

El profeta se enfadó, pero Dios le hizo comprender que él tiene misericordia de todos, también de los enemigos de Israel, de los animales y de las plantas.

Frente al nacionalismo radical de Nahum, Jonás anuncia la universalidad de la salvación. La mayoría de los hebreos esperaba la victoria militar de Israel sobre los otros pueblos, así como su sometimiento y destrucción. Pero el autor de este libro afirma que Dios quiere la salvación de todos.

Además, manifiesta que no es Dios quien castiga a los pecadores enviándoles desgracias, sino que son los pecadores los que se hacen daño a sí mismos con su actuar. Cuando Dios amenaza con un castigo, lo que en realidad hace es avisar de las consecuencias de nuestro actuar, pero lo que él desea es la conversión del pecador para poder salvarle.

Jesucristo puso a los ninivitas como ejemplo de conversión, a diferencia de sus contemporáneos, que escucharon su predicación pero no le hicieron caso. Los evangelios también presentan los tres días que Jonás paso en el vientre de la ballena como imagen de los tres días que Jesús pasó en el sepulcro antes de la resurrección.

2 comentarios:

  1. Dios tiene misericordia; es su máxima característica. Por eso hemos de volvernos siempre hacia él si nos hemos alejado y nos acoge como la parábola del hijo pródigo. Seremos realmente felices dejándonos llevar, conducir por su gracia. Tengamos nosotros también caridad con el necesitado. José Mª Celdrán.

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  2. Qué interesante. Y tan sapiencial que es; leyendo esta entrada, se ve claro.
    Me cae bien Jonás, y lo entiendo perfectamente. Dios le pone una misión que va contra la propia naturaleza humana: hacer el bien a los enemigos. Desde nuestra casa, "tranquilicos", sentados y sin nada que amenace nuestra integridad física, es muy fácil idealizar el amor al enemigo. Pero, poniéndonos en aquellas circunstancias, donde unos pueblos estaban amenazados por otros, donde unas civilizaciones sobrevivían y otras desaparecían destruidas por el enemigo, entiendo muy bien la reacción de Jonás y que se fuera en dirección contraria.
    Y me cae bien también por su fondo bueno, honesto y compasivo: en la tempestad, confiesa lo que ha ocurrido y se arriesga a que pase lo que pasó: que lo arrojan al agua, donde le esperaba una muerte segura, para que los demás se salvaran. El tema iba entre Dios y él.
    Y me gusta también por lo humano que es: reacciona según su propio sentir, se enfada con Dios, va en la dirección contraria, se vuelve a enfadar... Y me gusta Dios, que se lo permite, que lo deja libre pero, a la vez, lo busca, habla con él y le envía una ballena.
    Y me encanta el papel de los animales: es una ballena la que ayuda a que se cumplan los planes de Dios sobre Jonás y sobre Nínive. El animal que rescata a Jonás de su propio abismo. Por cierto, no sabía que también los animales domésticos hacían penitencia en ese relato. Me gusta que Dios ame toda su creación, también a los animales, las plantas, las montañas...
    Recuerdo cómo me impresionaba este relato cuando nos lo contaban en el colegio. Me lo imaginaba todo vivamente.

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