Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Curso bíblico: 42. Habacuc


Habacuc denunció la idolatría y corrupción de Judea. También anunció que Dios permitiría a los babilonios conquistarla como castigo. El profeta anuncia la justicia divina, que castiga a los pecadores y salva a los que se mantienen fieles a Dios. En la fotografía se recoge una famosa escultura de Donatello que lo representa.


El libro es pequeño, de solo tres capítulos, y tiene dos partes:


En la primera (Hab 1-2) se anuncia del castigo. El profeta se lamenta porque los injustos triunfan y los fuertes se ríen de los débiles, pero Dios le responde que él es señor del tiempo y de la historia y actuará en el momento oportuno: «El que no tiene el alma recta, sucumbirá, pero el justo vivirá por su fidelidad. Ciertamente, la riqueza es traidora, y el hombre presuntuoso no subsistirá» (Hab 2,4-5).

La segunda parte (Hab 3) es una solemne oración de confianza a pesar de las dificultades: «¡Señor, he oído tu fama, me ha impresionado tu obra! En medio de los años, realízala; en medio de los años manifiéstala; en el terremoto acuérdate de la misericordia… Aunque la higuera no echa yemas y las viñas no tienen frutos, aunque el olivo olvida su aceituna y los campos no dan cosechas, aunque se acaban las ovejas del redil y no quedan vacas en el establo, yo exultaré con el Señor, me gloriaré en Dios mi Salvador».

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