Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

lunes, 15 de diciembre de 2014

Curso bíblico: 40. Miqueas


Es contemporáneo de Isaías (s. VIII a. C.). Concentra su mensaje en frases breves, pero muy incisivas. Denuncia a los que «tienen poder» y se han dejado corromper por la ambición.

Miqueas afirma que el rey y los gobernantes tienen que estar al servicio del pueblo, especialmente de los más débiles, y que son responsables de sus decisiones ante Dios. Por desgracia, la codicia les ha llevado a ser corruptos, buscando su provecho por encima del derecho y de la justicia. Así, la autoridad, que fue instituida por Dios para la defensa de los ciudadanos, se ha transformado en instrumento de explotación en manos de unos gobernantes sin escrúpulos:

«¡Ay de los que planean maldades y traman iniquidades en sus camas! Al amanecer las ejecutan, porque tienen poder. Codician campos, y los roban; casas, y las ocupan; oprimen al varón con su casa, al hombre con su heredad» (Miq 2,1-2).

Miqueas anuncia un castigo proporcionado a la culpa: los que han abusado del poder para enriquecerse ilícitamente serán desposeídos por otros más poderosos. Ellos han robado impunemente, pues Dios, que es el Señor de la historia, permitirá que un pueblo extranjero les robe a ellos. Como el primer Isaías, anuncia la invasión del reino de Judea:

«Por eso, así dice el Señor: Mirad, yo planeo una desgracia contra esa gente, de la que no podréis apartar el cuello, ni podréis caminar erguidos, porque es una hora funesta. Aquel día entonarán contra vosotros una sátira y cantarán una elegía: ¡Ay, que me roba y vende la finca familiar! Nos apresa y reparte nuestras tierras. ¡Estamos perdidos!» (Miq 2,3-5).

Miqueas se enfrentó especialmente con los falsos profetas. Personas que no han sido enviadas por Dios y que inventan falsas profecías para contentar al pueblo y a los gobernantes y para ganar dinero y prestigio. 

Otros profetas también los han denunciado, pero Miqueas destapa sus características principales: son interesados y cobardes, por eso ceden a los deseos de sus oyentes y les dicen lo que ellos quieren escuchar:

«Así dice el Señor a los profetas que extravían a mi pueblo: Cuando tienen algo que morder, anuncian paz, y declaran una guerra santa a quien no les llena la boca» (Miq 3,5).

El verdadero profeta, por el contrario, no busca su interés personal y es valiente a la hora de denunciar los pecados.

«Yo, en cambio, estoy lleno de valor para denunciar sus crímenes a Jacob, sus pecados a Israel» (Miq 3,8).

Como vemos, el mensaje de Miqueas es profundamente actual. El Señor abra nuestros corazones para que lo escuchemos con fe.

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