Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Curso bíblico: 37. Joel


Su nombre en hebreo es «Yo-El», que significa «YHWH es Dios». Probablemente vivió y actuó en Jerusalén, ya que habla con agrado de la ciudad y del templo y cuando habla de «la tierra» o «el país» se refiere siempre a la región de Judea.

Su libro es breve, de solo cuatro capítulos. Con motivo de una plaga de langosta que está devastando el país, el profeta invita al arrepentimiento sincero y a la conversión para implorar el perdón de Dios, de manera que cese la plaga, que él considera un castigo por los pecados del pueblo y de sus dirigentes: 

«Volved a mí de todo corazón, con ayuno, llantos y lamentos. Rasgad los corazones, no las vestiduras, y volved al Señor, vuestro Dios, porque él es bondadoso y compasivo, lento a la ira y rico en fidelidad, y se arrepiente de tus amenazas» (Jl 2,12-13).

Los dos últimos capítulos hablan de «el día de YHWH», cuando Dios juzgará a todos los pueblos y se apiadará del «resto de Israel», el pequeño grupo de los que se mantienen fieles en medio de las dificultades: 

«Después de esto, yo derramaré mi Espíritu sobre todos los hombres: sus hijos y sus hijas profetizarán, sus ancianos tendrán sueños proféticos y sus jóvenes verán visiones. También sobre los esclavos y las esclavas derramaré mi espíritu en aquellos días… Entonces, todo el que invoque el nombre del Señor se salvará» (Jl 3,1-5).

San Pedro citó estas palabras el día de Pentecostés para indicar que se habían cumplido las promesas de los profetas y que Dios quiere salvar a todos (hombres y mujeres, ancianos y jóvenes, libres y esclavos).

1 comentario:

  1. Hoy en día sucede igual que en tiempos de Joel, pues hay muchas personas que viven como si Dios no existiera. Me causa gran perplejidad que no sean capaces de entender las maravillas de Dios y no le den un sentido trascendente a la existencia, en la mirada constante de un Creador que vigila constantemente nuestras entradas y salidas. José Mª Celdrán.

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