Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

sábado, 6 de diciembre de 2014

Curso bíblico: 35. El profeta Amós


El profeta Amós (780-760 a. C.). Israel atravesó un período de gran prosperidad económica, provocada por las alianzas con los pueblos vecinos y el comercio. El culto religioso se celebraba con mucha solemnidad, pero el profeta anuncia que eso es incompatible con la miseria en que vivía la mayor parte del pueblo.


El esplendor del culto no puede esconder ni justificar la opresión de los menesterosos. Amós considera que el lujo de los ricos es un insulto para los pobres y afirma que la fe verdadera se manifiesta en las obras de la justicia.

Amós era pastor y recolector de higos (Am 1,1) y habla con la rudeza propia de su condición, denunciando la injusticia social, condenando la corrupción de las clases dirigentes y el ritualismo ajeno al compromiso de vida. Incluso anunció el fin de Israel como castigo a sus pecados. Actúa siempre en el reino del norte, aunque proviene del sur. También predica sus oráculos contra las naciones extranjeras (Damasco, Filistea, Fenicia, Moab, Edom…), todas culpables de los mismos delitos que Israel.

«Así habla el Señor: Por tres crímenes de Israel, y por cuatro, no revocaré mi sentencia. Porque ellos venden al justo por dinero y al pobre por un par de sandalias; pisotean sobre el polvo de la tierra la cabeza de los débiles y desvían el camino de los humildes... Por eso, yo los voy a aplastar, como aplasta un carro cargado de gavillas. El hombre veloz no tendrá escapatoria, el fuerte no podrá valerse de su fuerza ni el valiente salvará su vida; el arquero no resistirá, el de piernas ágiles no escapará, el jinete no salvará su vida, y el más valeroso entre los valientes huirá desnudo aquel día –oráculo del Señor–» (Am 2,6-16).

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