Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

viernes, 5 de diciembre de 2014

Curso bíblico: 34. El profeta Elías


El profeta Elías (855-798 a. C.) es el mejor representante del profetismo antiguo en el reino del norte, el gran defensor de la unicidad de Dios. La Sagrada Escritura hace así su alabanza: «Surgió Elías como un fuego, su palabra quemaba como antorcha... ¡Qué glorioso fuiste, Elías, con tus prodigios! ¿Quién puede parecerse a ti? Tú arrancaste un muerto al abismo, cerraste los cielos a la lluvia, llevaste reyes a la ruina, escuchaste secretos en el Sinaí, ungiste reyes y profetas...» (Eclo 48,1ss).


En el Monte Carmelo se enfrentó a los sacerdotes de los falsos dioses e hizo caer fuego del cielo en un acontecimiento que cambió la historia de Israel. Hasta entonces, los israelitas (como los otros pueblos) habían creído en la existencia de muchos dioses. Para ellos YHWH era el Dios familiar, el Dios de los patriarcas Abrahán, Isaac y Jacob, el que se manifestó a Moisés e hizo salir a sus antepasados de la esclavitud de Egipto. Por la Alianza del Sinaí se habían comprometido a dar culto únicamente a YHWH y a no adorar a los otros dioses.

Pero Elías no intenta demostrar que YHWH es más fuerte que los otros dioses, tal como interpretaron los judíos al salir de Egipto. Ahora estamos ante un paso gigante en la historia de la conciencia religiosa de la humanidad. Por primera vez, Elías afirma que YHWH es el único Dios, que los otros dioses no son nada, no tienen ningún poder porque no existen, son invenciones humanas.

Elías es al mismo tiempo un místico y un incansable luchador contra la idolatría. Anuncia la continuidad de la revelación de Dios, junto con su absoluta novedad. En una cueva del Monte Sinaí tiene una experiencia similar a la de Moisés, al mismo tiempo que totalmente distinta: Dios se le manifiesta (como a Moisés), pero ya no en los fenómenos cósmicos, grandiosos, sino en la suavidad de la brisa, en el silencio de la oración contemplativa.

YHWH «pasa» junto a él, actúa, habla, pero permanece escondido, sin rostro ni figura, misterioso, inasible e incomprensible (1 Re 19,8-14). El Dios único y creador se separa de los grandes fenómenos cósmicos, con los que la gente sencilla le confundía. Estos no son dioses ni fuerzas divinas, sino que están a su servicio.

Los judíos esperan su regreso al final de los tiempos, para preparar la llegada del Mesías. Algunos contemporáneos de Jesús lo identificaron con él, aunque Jesús afirmó, refiriéndose a Juan Bautista: «Él es Elías, el que tenía que venir» (Mt 11,14; 17,12).


He dedicado varias entradas del blog a hablar del profeta Elías, que es tan significativo para la tradición carmelita. Se pueden consultar aquí.

1 comentario:

  1. Qué gran reflexión. Un paso importante en la conciencia de la humanidad, en su evolución espiritual: sólo hay un Dios y Dios habla en la naturaleza, pero no es la naturaleza.
    Elías, un místico: el profeta del fuego y la fuerza, pero también el hombre que encuentra a Dios en lo suave, en la brisa, en donde no esperaba encontrarlo.
    Otro relato que me impresionaba de pequeña: cuando Elías, después de haber buscado a Dios en los grandes fenómenos, en la fuerza, se sentaba a descansar y, entonces, Dios pasaba en esa brisa suave, reconfortante e imperceptible para muchos.

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