Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

lunes, 24 de noviembre de 2014

Curso bíblico: 28. David (segunda parte)


A pesar de tener numerosas esposas y concubinas, como era costumbre entre los poderosos de su época, David se encaprichó de Betsabé, esposa de Urías, el hitita, un oficial del ejército hebreo. Aprovechando que su marido se encontraba en la guerra, la convirtió en su amante.

Ella quedó embarazada y David, para tapar su falta, emborrachó a Urías, intentando por varios medios que se acostara con su esposa. Al no conseguirlo, terminó ordenando su asesinato (2Sam 11,1ss).

El pecado de adulterio fue creciendo y se convirtió en engaño, manipulación, traición, asesinato... Esto es una enseñanza para nosotros, que hacemos el mal sin ser plenamente conscientes de hasta dónde pueden llegar las consecuencias de nuestras obras. 

El profeta Natán hizo comprender a David su pecado: «¿Por qué has despreciado al Señor, haciendo lo que le desagrada? Mataste a espada a Urías y te quedaste con su mujer. Por eso, la espada no se apartará nunca de tu casa» (2Sam 12,9ss).

Del arrepentimiento sincero de David surgió el salmo penitencial más profundo jamás escrito: «Misericordia, Dios mío, por tu bondad. Por tu inmensa compasión borra mi culpa, lava del todo mi delito, limpia mi pecado...» (Sal 50,1ss). 

Dios perdonó a David, pero la violencia se instauró en su casa: hijos que se ofendieron entre sí, asesinatos, sublevaciones... Finalmente, «David murió y fue sepultado en Jerusalén. Había reinado en Israel 40 años; 7 en Hebrón y 33 en Jerusalén. Salomón sucedió a su padre David en el trono, y su reino se consolidó firmemente» (1Re 2,10-12).

Como los libros de Samuel se escribieron durante el reinado de su hijo Salomón, se insiste en los errores de Saúl y en los aciertos de David, que es presentado como el verdadero padre de Israel. 

Se subraya su fidelidad y generosidad hacia sus amigos, pero se suaviza su crueldad con sus enemigos (hizo desaparecer a todos los parientes de Saúl, diezmó a los moabitas, hizo asesinar a Urías…) y su debilidad hacia sus hijos (entre otras muchas cosas, no hizo nada cuando su hijo Amnón violó a su hija Tamar, lo que llevó a que su otro hijo Absalón a matar a su hermano).

David fue un hábil político y militar, pero también una persona sinceramente religiosa según las categorías de su época. Conjugó las campañas militares con la composición de cánticos y salmos en honor de YHWH. 

Reunió materiales preciosos para la construcción de un Templo en Jerusalén (que llevó a cabo su hijo) y organizó el culto divino: «Con todo su corazón cantó himnos al Altísimo, mostrando que amaba a su Creador. Puso arpas para el servicio del altar, que acompañaran con su música el canto. Dio esplendor a las fiestas y ordenó perfectamente las solemnidades, llenando de cantos el santuario hasta el amanecer» (Eclo 47,8ss). 

Su memoria ha quedado unida para siempre al libro de los Salmos, ya que él compuso algunos y mandó recopilar otros.

2 comentarios:

  1. Me parecía interesante este artículo y os lo comparto: La Biblia nunca intenta encubrir o paliar los pecados o los defectos de carácter de los hijos de Dios. “Las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron” (Romanos 15:4). Una de las funciones de las Escrituras es la de advertir por medio del ejemplo, a la vez que servir de aliento. El pecado de David en el caso de Urías heteo constituye un ejemplo fundamental de lo que se acaba de afirmar. Lo que se busca es que esta mancha se vea tal como es, es decir como una mácula en la vida de un personaje por lo demás hermoso y maravillosamente dedicado a la gloria de Dios. Es verdad que existen elementos en la experiencia de David que al que es hijo del nuevo pacto le resultan inverosímiles y hasta repugnantes. Sin embargo “él… sirvió a su propia generación según la voluntad de Dios” (Hechos 13:36), y en esa generación se destacó como una luz brillante y reluciente para el Dios de Israel.
    Conchita

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  2. Gracias por las píldoras bíblicas que nos da en estas entradas. Son breves e inteligibles, que es lo que yo más aprecio. Paolo.

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