Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

sábado, 22 de noviembre de 2014

Curso bíblico: 27. David (primera parte)


Saúl, el fuerte y poderoso, sufría de depresiones, y contrató a David, que era un mocito de la tribu de Judá
, para que le entretuviera tocando el arpa y cantando para él (1Sam 14,16ss). Muy pronto, David destacó en la corte por su intrepidez y su valentía.

Usando como armas una honda y unos guijarros, venció en un duelo al representante de los filisteos, el gigante Goliat (1Sam 17,1ss), ganándose el cariño y la admiración del pueblo y de una manera especial de Jonatán, el hijo de Saúl. 

El rey, por su parte, le cogió celos (1Sam 18,1ss). Para quitarlo de en medio, le ofreció ser el esposo de su propia hija Mical, si superaba algunas pruebas. «Saúl se decía: “le ofreceré mi hija como una trampa; a ver si le matan los filisteos”» (1Sam 18,21). 

Pero David salió victorioso en todas sus empresas, por lo que terminó convirtiéndose en yerno del rey, cuya envidia creció hasta tal punto que intentó matarle varias veces, por lo que David tuvo que huir (1Sam 19,1ss).

Lejos de la corte, David se convirtió en el jefe de un grupo de mercedarios al servicio de los filisteos, encargado de defender sus territorios de los ataques de los amalecitas y de otros pueblos nómadas.

Después de muchas peripecias, Saúl y sus hijos murieron en una batalla contra los filisteos (1Sam 31,1ss), lo que allanó a David el camino hacia el trono. 

Al principio, las tribus del sur nombraron rey a David, que estableció su capital en Hebrón (2Sam 2,1ss). Después de varias victorias contra sus enemigos y una política hábil, las tribus del norte también le aceptaron como rey (2Sam 5,1ss).

En el año 1000 a. C., David conquistó a los Jebuseos la ciudad de Jerusalén y estableció en ella la capital política y religiosa del reino, haciendo trasladar allí el Arca de la alianza y construyéndose un palacio (2Sam 6,1ss). 

Jerusalén estaba estratégicamente situada, en el centro del país, en lo alto de una colina. Además, nunca había pertenecido al territorio de ninguna tribu israelita, por lo que era un lugar neutral que todos podían aceptar como la capital del nuevo reino que se estaba consolidando.

David convirtió Jerusalén en propiedad personal suya, por lo que pasó a llamarse «Ciudad de David». Astutamente, hizo llevar el arca de la alianza a la capilla de su palacio para controlar a todos los que peregrinaban hasta donde ella estaba y para justificar religiosamente su poder y su dinastía.

El rey se propuso construir un templo junto a su palacio. Al principio, al profeta Natán le pareció bien, aunque después le dijo que no era del agrado de Dios, porque David había derramado demasiada sangre, por lo que a él solo le tocaba hacer los preparativos para que lo pudiera construir un hijo suyo.

El profeta Natán aseguró a David que Dios cuidaría de sus descendientes y los trataría como un padre a sus hijos, castigándolos si se portaban mal, pero protegiéndolos de sus enemigos y haciendo que siempre se sentara sobre su trono un descendiente suyo (2Sam 7,1-17).

La promesa de Natán fue releída y profundizada por numerosos textos del Antiguo Testamento. Los profetas la aplicaron a un futuro descendiente de David, que será el rey definitivo según el corazón de Dios y que establecerá su reino para siempre (cf. Is 9,1-6; 11,1-9; Miq 5,1-5; Jer 23,5s; Zac 9,9s; etc.)

1 comentario:

  1. CristoJesús <3 El único Hijo de Dios por quien se vive...Y Su reino no tendra fin...Maggy.

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