Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Curso bíblico: 24. Josué y la conquista de la Tierra Prometida


Después de 40 años de camino por el desierto, el pueblo hebreo alcanzó la meta de su peregrinar: la Tierra Prometida. Moisés murió en el monte Nebo, desde donde se divisaba la tierra en la que él no pudo entrar (Dt 32,48ss).

Como la mayoría de los números en la Biblia, el 40 es simbólico, porque era la edad a la que podía llegar un adulto de la época, el tiempo de una generación. Todos los que salieron de Egipto, donde habían vivido en la idolatría, se quedaron por el camino. En la tierra de la libertad solo entraron sus descendientes, los que nacieron en el desierto. 

El mismo Moisés vivió 40 años en Egipto, adorando a los ídolos, otros 40 en el desierto, purificándose y preparándose para su misión, y 40 más sirviendo al Señor y guiando a su pueblo hacia la Tierra Prometida (tres vidas distintas).

Josué sucedió a Moisés como guía del pueblo, que se fue estableciendo en las tierras de Canaán, en algunos casos de forma pacífica y en otros de forma violenta.

«Después de la muerte de Moisés, siervo del Señor, el Señor dijo a Josué, hijo de Nun y colaborador de Moisés: “Moisés, mi siervo, ha muerto. Ponte en marcha y cruza el Jordán con todo este pueblo, hacia la tierra que yo doy a los israelitas”» (Jos 1,1ss). 

Precedidos por los sacerdotes, que llevaban a hombros el Arca de la Alianza, con las tablas de la Ley, los hebreos atravesaron el río Jordán (Jos 3,14ss) y conquistaron la ciudad de Jericó, cuyas murallas se desplomaron milagrosamente (Jos 6,1ss).

Josué venció en numerosas batallas contra los reyes enemigos, hizo pactos con pueblos vecinos y repartió la tierra entre las 12 tribus. Después de un precioso discurso de despedida, en el que invitó al pueblo a recordar las grandes obras que el Señor hizo en su favor y a permanecer fiel a la Alianza, murió de edad avanzada (Jos 24,1ss).

De todas formas, la conquista de la Tierra prometida fue un proceso mucho más largo y laborioso que lo que cuenta el libro de Josué. El libro de los Jueces da testimonio de esa compleja realidad.

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