Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

lunes, 17 de noviembre de 2014

Curso bíblico: 22. Moisés y la revelación del nombre de Dios


El nombre de Moisés significa «salvado de las aguas». Efectivamente, cuando el faraón ordenó la muerte de los hijos varones de los israelitas, su madre no quiso asesinarle y lo depositó dentro de una cestita de mimbre sobre las aguas del Nilo. La corriente lo arrastró hasta cierto lugar donde se bañaba una familiar del faraón, la cual lo adoptó como hijo, por lo que creció en la corte, ignorando su origen y su identidad.

Cuando Moisés se hizo adulto, tomó conciencia de las duras condiciones de vida de los hebreos y pensó ayudarles asesinando a un capataz que los maltrataba, pero, como la violencia solo engendra violencia, tuvo que huir de Egipto, para evitar las represalias.

Se estableció en tierra de Madián, en la península del Sinaí. Allí se casó con Séfora, hija de Ragüel (Ex 2,18), en otros lugares llamado Jetró (Ex 3,1). Séfora y Moisés tuvieron dos hijos: Guerson y Eliezer.

Mientras Moisés cuidaba los rebaños de su suegro en el Sinaí, tuvo un encuentro con Dios que cambió su vida. Una zarza que ardía sin consumirse llamó su atención y, al acercarse para contemplarla, oyó una voz que le decía: «Quítate las sandalias, porque la tierra que pisas es sagrada... Yo soy el Dios de tus antepasados, el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob... He visto la aflicción de mi pueblo... Yo te envío para que liberes a mi pueblo de la esclavitud» (Ex 3,1ss).

Allí Dios reveló su nombre a Moisés (Ex 3,14). Desde la zarza se oyó la palabra «YHWH», que se lee Yavé, es una derivación del verbo «ser», «existir», que se puede traducir por «yo soy el que soy», aunque también por «yo soy el que era» y «yo soy el que será» o «yo soy el que vive, el que tiene la existencia». Así, el nombre de Dios es una pequeña explicación de su misterio, más que un nombre propiamente dicho. Aunque Dios se ha revelado, permanece siempre más allá de las palabras y es más grande de lo que los hombres podemos conocer o imaginar.

Como los judíos no pronunciaban el nombre de Dios por respeto, cada vez que en la Biblia aparecía el nombre «YHWH» ellos pronunciaban «Adonai», que significa «Mi Señor». Eso lo hacen hasta el presente.

Antiguamente, en hebreo se escribían solo las consonantes, pero no las vocales de las palabras. En cierto momento, empezaron a escribirse también las vocales para facilitar la lectura. Pero cada vez que aparecía el nombre de Dios conservaron las consonantes del nombre de «YHWH» y añadieron las vocales de «Adonai». 

Cuando en el siglo XIX comenzaron los estudios científicos de la Biblia por parte de cristianos, no tuvieron en cuenta esta realidad, por lo que leyeron el nombre de Dios como «Jehová», que es el resultado de unir las consonantes de «YHWH» con las vocales de «Adonai», lo que es una equivocación.

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