Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Curso bíblico: 19. Jacob


Isaac y Rebeca tuvieron dos hijos gemelos: El primero nació recubierto de vello pelirrojo y por eso les llamaron «Esaú», que significa «peludo», y fue el padre de los Edomitas. El segundo nació agarrado con la mano al talón de su hermano, por lo que le llamaron «Jacob», que significa «el que vence con engaños», «pillo» (Gen 25,19ss).


Desde muy joven, Jacob demostró que su nombre era acertado. En cierta ocasión, que estaba guisando unas lentejas y su hermano regresó a casa hambriento después de una jornada de caza, este le pidió de comer y él respondió: «puedes comerte mi guiso si me das tu primogenitura». Esaú le respondió: «puedes quedártela», sin pensar en las consecuencias de lo que decía, ya que en aquella sociedad, el primogénito era el que heredaba todos los bienes del padre (Gen 25,29ss).

Posteriormente, su padre Isaac se quedó ciego al hacerse anciano. Al sentirse morir, llamó a su hijo Esaú para darle su bendición paterna (que era como hacer testamento y hacerle jefe del clan). Mientras su hermano se fue de caza, Jacob se vistió con su ropa y, engañando a su padre ciego, consiguió para sí la bendición paterna (Gen 27,1ss).

Esaú no perdonó estas trampas a su hermano y, a la muerte de su padre, quiso vengarse, por lo que Jacob huyó de su presencia. Mientras iba de camino, se detuvo a dormir y tuvo un sueño: una escalera que llegaba al cielo, por donde subían y bajaban numerosos ángeles. Por eso llamó al lugar «Betel», que significa «casa de Dios» (Gen 28,10ss).

Llegado a Mesopotamia, su tío Labán, hermano de su madre Rebeca, le contrató como pastor de su rebaño. Labán tenía dos hijas: la mayor se llamaba Lía, de ojos apagados, y la menor Raquel, de singular belleza.

Jacob se enamoró de su prima Raquel y trabajó gratis durante siete años para que Labán le permitiera casarse con ella. La noche de la boda, Labán introdujo en el lecho a Lía. Jacob, cegado por el amor y la oscuridad no se dio cuenta hasta el amanecer. Cuando pidió explicaciones a su tío, este le recordó que no podía casar a su hija menor antes que a la mayor. Así que tendría que servirle otros siete años si quería desposar también a Raquel (Gen 29,1ss). 


Podríamos llamar a esta la historia del burlador burlado. Con estas dos esposas (Lía y Raquel) y las esclavas de ambas (Zilpá y Vilhá) tuvo 12 hijos, que más tarde fueron los padres de las 12 tribus de Israel.

Por medio de nuevas pillerías, Jacob terminó siendo muy rico en rebaños y criados. Finalmente, sintió nostalgia de su tierra, por lo que se dispuso a regresar. Tenía por entonces 11 hijos. Para congraciarse con su hermano Esaú, envió por delante varios criados cargados de regalos. 

Por el camino, en medio de la noche, tuvo una experiencia que le cambió la vida: Alguien luchó con él hasta el amanecer. ¿Un enviado de Esaú?, ¿un ladrón? Con la oscuridad no podía descubrir la identidad de su contrincante, que terminó siendo un enviado del Señor. Jacob se mantuvo fuerte durante la noche, pero solo se convirtió en vencedor cuando se dejó vencer por Dios, que le cambió el nombre. De «Jacob» («el que vence con pillerías») pasó a llamarse «Israel», que significa «Dios vence» (Gen 32,23ss).

Israel salió transformado de su encuentro con Dios y la cojera que le acompañó desde entonces le sirvió de continuo memorial. Él pensaba encontrase con su hermano, pero fue Dios el que le salió a su encuentro, por eso llamó al lugar «Penuel», que significa «cara de Dios». Solo entonces pudo reconciliarse con su hermano. Al recibir su perdón le dirá: «He visto tu rostro benévolo y ha sido como encontrar el rostro de Dios» (Gen 33,10).

Más tarde, Raquel dio a luz al último hijo de Jacob ya en tierra de Canaán, para que se vea que su paternidad sobre las tribus es un don de Dios. Estos son los nombres de los hijos de Jacob: Rubén, Simeón, Leví, Judá, Dam, Neftalí, Gad, Aser, Isacar, Zabulón, José y Benjamín.

2 comentarios:

  1. Solo la fuerza de Dios es el que da la paz Ana Maria

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  2. Muy bruto tenía que ser Esaú - como parece demostrar en el episodio del plato de lentejas - para que Dios prefiriera elegir al que "vence con engaños". Su comportamiento - el de Jacob - me parece repugnante. El Odiseo de turno; el listillo, vamos.

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